Poética de los árboles
Puedo describir las copas esqueléticas de ciertos árboles vecinos a nuestro nuevo hogar, pero desconozco cómo llegar a la casa desde ciertos puntos de provincia. Algunos caminos se abrirán a medida que comience a recorrerlos. Confío en la brújula en tiempos de mudanza, aunque me aferro a la poética del paisaje y de sus personajes. Observar las ramas altas, las hojas secas y a los que saludan de lejos es como acariciar a los días en su brazo derecho, esperando que su piel se contraiga y el bello (el aire) se levante por lo grato.
En la avenida donde está ubicado mi viejo (actual) hogar hay árboles también desnudos. La época manda. Obedezco al abrigarme. Al levantar la cabeza, imagino formas con las puntas abiertas de los troncos. Al levantar la cabeza, veo a los ojos de L. y sé que esta estación también pasará y que al final, otra vez, sus ojos abiertos me estarán abrigando. Al levantar la cabeza, me veo mudado, dándole de comer al par de gatos y durmiendo una siesta un día de lluvia.
Mirando hacia arriba los árboles hablan. De todas las voces, algunas quedan en el camino y otras bajan hasta la altura de la boca. Soy hablado por los árboles.
