Libre de pensamientos

La cautela en los actos. La búsqueda de la palabra precisa, de ser justos, de obrar con exactitud. La cautela conduce a la incapacidad. De tanto meditar los movimientos se paraliza el cuerpo. La falta de gracia es consecuencia del exceso de auto-observación. Sin pensar, sin mirarse al espejo, así es como salen las obras más perfectas.

La prudencia es una vieja fea solterona que nos invita a quedarnos en la seguridad. Aun cuando esta seguridad sea un estado más pobre del que sabemos obtendríamos si tomásemos riesgos. El riesgo es el precio que pagamos por progresar.

La moderación es cobardía. La vida es exceso. La prudencia, esa búsqueda de no equivocarse. De obrar de forma tal de evitar aquello que pudiera dañar lo valorado. Es caminar con miedo, con pasos inseguros.

¿Por qué la afirmación de lo que es habría de romper el vínculo? Si lo rompe, será porque era débil para aceptar la verdad. ¿Por qué ser uno mismo habría de arruinar algo? ¿Acaso tiene sentido vivir mostrándose diferente a lo que se es? ¿Y qué si hay que romper muchas cosas si el fin es ser uno mismo? Ningún precio es elevado si el resultado es convertirse en persona.

La templanza de los sentidos agría, envejece. El agua que fluye se oxigena, la que se estanca se contamina. La templanza se alcanza exacerbando las pasiones, surge como resultado de haberlas vivido. Mientras que la reacción obsesiva de poner diques a lo que quiere vivir conlleva a engendrar supersticiones, neurosis. Si a lo que quiere nacer se lo obstaculiza, se enferma.

Quien se gobierna se tiene de esclavo. La autodisciplina es una poda de árboles. Y la vida no necesita de podas. La vida, en todas sus formas, tiene miles de millones de años en el universo y ya sabe lo que tiene que hacer. Los jardines más bellos son los que dan en abundancia. El recorte, la podadora, la línea recta es fealdad.

Llevar una vida sana esconde una vida enferma. Los sanos no requieren de cuidados. Porque están sanos son capaces de ciertos desequilibrios. El enfermo necesita estar a raya. Lo frágil no puede moverse porque se rompe. Para entender esto debe invertirse la causalidad. Se volvió frágil por no moverse. Fue la quietud, la cautela, lo que impidió el desarrollo de la fuerza. La cualidad emerge del modo de vida; no es un atributo inicial.

En la irreflexión se esconde una cuota de voluntad. Podríamos afirmar que no hay actos inconscientes. El no quise decir eso, el no quise hacer eso, esa especie de cobardía de la afirmación. Todo es más fuerte cuando se trastoca y se convierte en sí, eso fue lo que quise decir, eso fue lo que quise hacer. Toda afirmación, por desprolija, inconsciente, y equivocada que estuviera, posibilita. Aunque esté mal, tocar con ganas, con actitud. Sin disculparse por ser. Hay desarrollos demasiado importantes como para mantener las formas.