Cuando el miedo es tu zona de confort

Cuando uno pasa por procesos largos de terapia e introspección, se encuentra con que las cosas que le pasan no son tan complejas como uno cree. Muchas veces, incluso, son más fáciles de solucionar de lo que percibimos. O no.

Los miedos e inseguridades son generados por dos factores: internos y externos. Son los factores externos, aquellos que no dependen de nosotros, a los cuales le tememos por factores exclusivamente racionales. Por ejemplo, si chocás en un auto, probablemente la próxima vez que te subas podés llegar a tener miedo. Fue un hecho, algo que pasó, por lo que tiene una explicación racional.

Pero, ¿qué pasa con los factores internos, aquellos que percibimos como peligrosos, que quizás en algún momento fueron factores externos y que ya no nos pueden afectar, nos afectan?

Después de 7 años de terapia, en el que pasé por todos los estados que te pueden pasar en un proceso psicoterapéutico, puedo decir que lo más complicado es lidiar con la sensación de sentirse libres. La libertad.

La era post-moderna y digital le ha traído muchos más problemas al hombre que únicamente horas frente a una computadora, hijos que no salen a la calle por jugar al play station o no tener otra cosa que hacer durante las comidas que mirar el celular. El hombre no se siente libre. Son estas cosas, las que llevaron a un estado del hombre en los que muchos llaman “la segunda vida”, “realidad paralela” o “realidad ficticia”. Esta realidad que nosotros nos creamos, y somos capaces de reconocerla como una extensión de lo que somos. El ser humano comenzó a ver a las personas a través de las redes sociales. Y los percibe como algo que está, que vive, que nunca va a morir. El miedo a no ser, a no existir, es el que no nos deja ser libres, porque muchas veces la hiperconexión nos conecta con todo el mundo menos con quien más necesitás estar conectado: con vos mismo.

Sin dudas que es mucho más fácil vivir en una realidad donde lo único que hacemos es scrollear hacia abajo o hacia el costado y ver “felicidad” por doquier. Nadie va a generar una historia de Instagram llorando porque se peleó con su pareja o en el funeral de alguien. Porque nos cuesta tanto conectarnos con el dolor que necesitamos de esa hiperconexión como la cura inmediata, el ver que nada pasa a nuestro alrededor, cuando todo está pasando. El rivotril 2.0.

Empecemos quizás a sentir que no le debemos nada a nadie más que a nosotros mismos. Empezar a tener un poco de miedo y conectarnos con él es la única forma de superarlo. Y la única forma, es desconectándonos.

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