CONTINUANDO CON ROBERTO (gente como uno)

Han pasado varios años y las hermanas Gutierrez, se han desarrollado en cuerpo y mente. Especialmente en cuerpo, para qué mentir.

Inesita la mayor tiene 30 kilos de más y Dorita, ha adquirido unas curvas perfectas e infartantes.

Roberto y sus amigos no pueden evitar los comentarios cada vez que se reúnen en el café del barrio, y las ven pasar. No pueden evitar los comentarios y deciden ir más allá.

-Roberto, hace rato que Dorita te busca. ¿Qué esperas, que te mande un email?-increpa Claudio, comiendo su sexta medialuna de manteca.

-La mina esta casada, gordo. Y a Filomena yo la respeto. Cuando mi vieja me abandonó, ella estuvo con nosotros. Esa mercadería no se toca, no señor -responde Roberto, molesto.

Y entonces a Claudio se le suma el resto del grupo que copiando el estilo de las comadres chismosas del barrio, taladran la cabeza del pobre Roberto que incapaz de soportar las burlas de sus pares, acepta la apuesta que será el inicio de su desgracia.

Llevar a Dorita a la cama sorteando al marido y a Filomena, la madre de la susodicha, es en resumen la meta.

Le dieron un mes, que terminó convirtiéndose en un año completo.

Y hasta aquí mi labor, ya que por si sola esta carta de Roberto dirigida a su abuela, resume lo que luego sucedió.

Yo sé que a caballo regalado no se le miran los dientes pero usted nona, me enseñó que cuando la limosna es grande, hasta el santo desconfía.

Eso es lo que me pasó cuando Filomena, la madre de mi novia Inesita, empezó con el tema del casamiento.

-’Nene, ustedes ya están grandes — decía la tana — ¿Para qué esperar? Podemos amueblarles la piecita del fondo y así vos, no gastarías ni un centavo’.

Ni un peso nonita; se iban a encargar también de la fiesta, y hasta me tentó con unos días de Luna de Miel en las playas de Mar de Ajó.

Y mientras mi futura suegra me prometía el oro y el moro, mi cuñadita exhibía sus bondades al mejor estilo de Madonna y Harley Quinn juntas.

¡Ah! Dorita, un monumento a la lujuria.

Pensar viejita que yo entré a esta casa persiguiendo al bombón de Dorita, y terminé enganchado con su hermana, el bizcochito de grasa.

Mejor le sigo contando.

No recuerdo la fecha exacta pero a comienzos de este año, mientras Filomena me taladraba la cabeza con la propuesta y Dorita con sus gestos, entró Inesita cargando un par de bolsas de pan casero como para alimentar a un batallón.

Saludó con esa cara de ángel…o de estúpida que ponen algunas mujeres y no convencen a nadie ¿vio? y se dedicó a untar con manteca varias rebanadas, sin molestarse en convidarnos.

Me di cuenta entonces que debía correr para salvar mi pellejo, pero la tentación pudo más…

Y la madre que no paraba de hablar. El colmo fue cuando se le ocurrió que la madrina podría arreglarle el vestido de la fiesta de los quince, así ahorrarían unos pesos.

Fue cuando caí en la cuenta de que el vestido ya tenía más de una década sin usar, que Inesita pesaba treinta kilos más y que aunque la mona se vista de seda…

Ya sé, usted me va a decir que soy cruel pero imagínese que para hacer el amor y no pasar por ojito, lo tenemos que hacer con la luz apagada, algún tema de Luis Miguel o Marc Anthony y en mi mente…Dorita.

Sino no puedo nona, le juro que no puedo.

Pero volvamos al día fatal.

Esperé a que mi novia terminase sus bocadillos y la atraje hacia mí para darle celos a mi cuñadita, pero la histérica se hizo la desentendida.

Y la tana que no le daba descanso a la lengua, que de blanco y con tul y me perdí en las palabras cuando Dorita que vestía minifalda, cruzó sus piernas y me espiaba bajo su abultado flequillo rojo…Supe en ese momento que esa mujer, iba a ser mía.

Usted hubiera dicho: ‘Robertito, todo bicho que camina va a parar al asador’; ‘O cuidado que todo lo que reluce no es oro pero…’

Filomena entonces levantó la voz y le dijo a Inesita algo sobre la harina en la ropa, que pareces una pobrecita…no entendí muy bien. Madre e hija salieron discutiendo de la cocina.

Dorita entonces se levantó para prepararse un café y como la ocasión hace al ladrón, me quedé quietito cerca de la cafetera, que estaba tan humeante como yo.

Ella me miró como esperando una respuesta y yo decidí tomarla entre mis brazos justo en el instante, en el que entró el marido.

¿Le conté nonita que el tipo fue boxeador amateur?

Le aseguro que intenté escapar, pero fue más rápido que yo y me partió la cara en dos, así, lisa y llanamente.

Ha pasado el tiempo. Estoy aquí, en la piecita del fondo, amueblada con una cama doble, una cuna y un par de mesitas de luz diseñadas en ordinaria madera de pino.

Por únicos adornos tenemos dos veladores sin pantallas, fotos de toda la parentela y un cuadrito con el lema “Hogar dulce hogar”, colgado en falsa escuadra.

Llueve a cántaros; el agua se cuela por la claraboya, que es nuestro contacto con el exterior. Por ahí también entran el sol y las cucarachas.

De este lado de la puerta hay un almanaque del año pasado que Inesita dejó porque le gusta el dibujo y la frase, le resulta graciosa ‘Lo tuyo es mío y lo mío también’

Y del dibujo ridículo y la frase que más que una paradoja parece una parajoda, paso a prestarle atención a mi mujer a la que no he vuelto a tocar desde que me enteré de que iba a tener un hijo; si nona, en singular porque yo estaba seguro de haber “cuidado las formas”…disculpe la sinceridad.

Inesita intenta dormir al bebé que curiosamente, tiene ojitos rasgados y pelo negro igualitos al panadero de enfrente.

De usted viejita querida, sólo me queda una foto desteñida y atrapada en un marco barato.

También atesoro sus refranes que martillean mi cabeza hasta causarme jaqueca.

Escucho su voz diciéndome: ‘Robertito siempre que llovió, paró’ , ‘No desesperes que no hay mal que por bien no venga’, y toda esa sarta de pavadas que no me hicieron ni más feliz, ni más sabio.

Como buen zorro perdí algo de pelo pero no las mañas, así que de vez en cuando, me tiró una canita al aire.

Es cuestión de apagar la luz, poner algún tema de Luis Miguel o Marc Anthony y en mi cabeza… Dorita.

Porque al final, ojos que no ven…

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