SI LA MUCHACHA DEL ZAPATITO DE CRISTAL

Si hubieran existido los medios de comunicación y las redes sociales tal cual las conocemos hoy seguramente la historia, hubiera sido diferente.
Como en el caso de la muchacha del zapatito de cristal que además de contar con estas posibilidades, habría podido consultar incontables libros de autoayuda, autosuperación y liderazgo, para afrontar sus crisis.
¿Recuerdan a la bella muchacha odiada por su madrastra y sus antipáticas hermanastras verdad?
Según la versión que haya arribado a vuestros hogares, algunos recordarán cómo llegaron a la vida de la muchacha dicha madrastra y hermanastras porque la que me contaron mis padres y mis maestras, al padre de la chica no le dedicaron ni una línea.

Tal vez si la trajéramos a nuestros tiempos, la versión del cuento sería algo así:
Había una vez en un país lejano pero no por eso menos globalizado, una hermosa joven que era parte de una familia ensamblada.
Tras la muerte de su madre, su padre se había deprimido tanto que el médico de cabecera creyó necesario recetarle unas pequeñas vacaciones en algún lugar placentero para relajarse, y concretar en paz su duelo.
El acongojado hombre se despidió de su hija, asegurándole que a su regreso todo sería diferente. Promesa que cumplió con creces, ya que volvió a los cuatro meses casado con una mujer divorciada, y sus tres hijas.
Por cierto, sus parientes la odiaban y desde el primer día, le hicieron la vida imposible sometiéndola a duras tareas domésticas y a encierros interminables,
Su padre pasaba la mayor parte del día atendiendo sus negocios, o lo que fuera, para no regresar junto a su nueva esposa y sus insoportables hijas.Un día desapareció y nunca más supieron de él.
Algunos dijeron que había sido asesinado por su nueva familia y enterrado en el viejo cementerio, otros juraron haberlo visto entrar en el viejo monasterio del reino fronterizo pero nada pudo comprobarse al respecto.
La “viuda” se hizo cargo del dinero, de las propiedades y de hacerle más infeliz la vida a su hijastra.
Sin embargo, una oportunidad se presentó el día en que fue anunciado el baile real, cuyo objetivo era hallar a la cónyuge ideal para el próximo rey.
Incluidas las hermanastras de la muchacha en cuestión, ciento de mujeres de las más variadas edades se presentaron en el palacio con sus mejores atuendos, peinados y joyas.
Una especie de reality como Bachelor pero sin ediciones.
Y como en todos los cuentos donde hay jóvenes desvalidas y un príncipe en juego, apareció un hada madrina dispuesta a resolver problemas.
Un solo pase mágico, y la solícita maga transformó la vestimenta raída de la joven en un espectacular vestido de diseño único, su desordenado cabello en un peinado perfecto y como no halló a su alrededor ratones ni calabazas, optó por encantar a un hámster, mascota de la hermanastra menor, y convertir un melón despintado en una lujosa limusina.

Ni rastros quedaron en las manos de la joven, que delataran el maltrato provocado por detergentes y lavandinas baratos; tampoco vestigios de las tempranas arrugas que
surcaban sus ojitos, a causa de la tristeza y la impotencia.
Lista para su gran momento y advertida de que el hechizo solo duraría hasta la medianoche, la muchacha del zapatito de cristal abrazó a su benefactora y subió presurosa a la bella limusina donde el chófer, un hombre de cabellera canosa y cálida sonrisa la esperaba.
Apenas el vehículo encantado se alejó, el hada desapareció sin pronunciar palabra.En el palacio mientras tanto, las solteras de la comarca y las de los reinos vecinos, se
disputaban la atención del príncipe en cuestión. Sus guardaespaldas no daban abasto
para protegerlo de la turba femenina que de tanta histeria y tanto perfume, provocaron terribles mareos en el codiciado soltero.
Fue pues en el preciso momento en que el príncipe iba a desmayarse, cuando las trompetas sonaron para anunciar el ingreso de la muchacha del zapatito de cristal, quien provocó en el público presente una reacción unánime de admiración; incluyendo a la madrastra y a las tres hermanastras, quienes no la reconocieron.
Ante tal aparición, el príncipe se repuso de repente y se abrió paso entre las féminas que no dejaban de contemplar a la dama desconocida.
Y sucedió entonces lo predecible, el príncipe y la muchacha bailaron una y otra pieza musical sin respiro.
El resto de presentes no se animaron siquiera a ensayar algunos pasos en la pista de baile, ya que el anfitrión parecía tener ojos sólo para la recién llegada.
Más tarde, terminada una bachata e iniciado los primeros acordes de una salsa romántica, la joven reparó en la hora que un antiquísimo reloj le mostraba desde el fondo del salón.

No pasó desapercibido para el joven el brusco cambio de ánimo en la joven e intentó, por
sobre el ruido ensordecedor de la música, averiguar algo más sobre ella.
Su nombre, dirección, si sería posible comunicarse con ella por Whatsapp, Facebook,
Instagram, cualquier otra red social o al menos, llamarla por teléfono para hacer una cita
pero la joven temerosa de ser descubierta, besó apenas sus labios y huyó hacia la puerta principal perdiendo uno de sus zapatitos de cristal.
El príncipe sintió como si el tiempo se detuviera aunque la limusina desapareció cual si fuera un rayo, en cuestión de segundos.
Horas después, el sol se desplegaba entre unos nubarrones envolviendo la comarca y sorprendiendo a los dos enamorados, separados, desvelados y desconsolados.La muchacha del zapatito de cristal regresó a sus quehaceres pero esta vez con mayor desgano y tristeza.
La madrastra y las hermanastras no cesaban de parlotear, comentando los eventos de la noche. Por supuesto, criticando a la joven desconocida que encandiló y enamoró al príncipe anfitrión.
El joven heredero del reino por su parte recurrió a su mentor en busca de un consejo, ya que no sabía cómo hallar a la desconocida.
Sin nombre, sin direcciones, sin data en las redes sociales ¡sería imposible encontrarla!.
El consejero sugirió convocar a los fotógrafos presentes en el baile para elegir algunas imágenes de la dama y luego publicarla entre los amigos, y los amigos de los amigos; alguien debía conocerla. Pero luego de horas y horas de ardua búsqueda, sólo hallaron fotos de ella pero revelando apenas parte de su perfil, o bailando de espaldas.
El rey que era más conservador, propuso a su hijo algo más tradicional. Nada más ni nada menos que un aviso en el periódico más leído en el reino, incluyendo la foto del zapatito de cristal dejado por la bella joven.
Su hijo aceptó el consejo y el mentor agregó que también sería oportuno publicar un video en las redes sociales, en el cual el príncipe ofrecería una recompensa a cambio de algún dato certero sobre ella.
Por supuesto que apenas fue subido el video atrajo la atención de todo el mundo, convirtiéndose en viral.
Los amigos y enemigos del príncipe se abocaron a una desenfrenada búsqueda entre las imágenes de la fiesta que aún guardaban en sus celulares, para descubrir que la mayoría

eran fotos de ellos mismos, de ellos mismos con sus amigos, de ellos mismos con los
camareros pero de la hermosa muchacha, nada de nada.
A pedido de su majestad, una edición extra del periódico de mayor circulación en el reino
fue repartido gratuitamente en toda la comarca.La noticia también corrió de boca en boca; de boca del diariero a oídos del dueño del mercado quien lo compartió con el verdulero que justamente, estaba compartiendo la noticia con el plomero diplomado del reino.
Minutos después, el plomero se encontraba en la casa de la madrastra de la muchacha del zapatito de cristal, reparando las cañerías de la cocina.
Entretanto agradecía el vaso de agua fresca y el sándwich que la joven le prodigase, pensó que era oportuno compartir con ella el chisme acerca del príncipe y la búsqueda de la desconocida que perdió el zapato.
Estaba el buen hombre en ello, cuando la voz del periodista del noticiero más visto en el reino se oyó a través de la puerta entreabierta y con voz muy clara, presentó el video del príncipe enamorado.
La joven sintió que su corazón latía con demasiada fuerza. Aquello era real, alguien estaba haciendo todo lo posible por encontrarla pero el arrebato y la placentera sensación duraron apenas unos instantes, ya que la madrastra gruñona dio la orden de apagar aquel aparato infernal y la menor de las hermanastras preguntó muy enojada, qué había sucedido con su hámster.
Mientras tanto el hada madrina enterada de la noticia, le envió un tweet a la reina que a su vez se lo reenvió a su hijo quien en ese momento recorría junto a sus guardaespaldas las calles, en busca de su amada misteriosa.
La muchacha del zapatito de cristal agradeció al plomero por haber compartido con ella el chisme del día, dejando al hombre sin saber qué responder.
Sin meditarlo mucho, salió a la calle tal cual estaba vestida y sin maquillaje, en busca de su hada madrina para pedirle consejo; pero el hada no apareció y ella comenzó a desanimarse ¿ Cómo iba a presentarse ante el príncipe entonces?
Observó sus maltratadas manos y acarició el pequeño surco de arruguitas que rodeaban sus ojitos, y recordó que su madrastra estaría furiosa buscándola.La alegría se esfumó como la niebla una vez más, y decidió regresar a la casa ya que no tenía amigas a quienes recurrir, o con quienes refugiarse en ese momento.
Iba por el sendero rendida, con una mezcla de tristeza y de enojo que no pudo contener.
Las lágrimas se deslizaron por sus ojos y una sombra cercana y gentil le alcanzó un pañuelo.
Era el príncipe que advertido por su desolada apariencia, se había acercado a ella para preguntarle si se encontraba bien.
La joven sonrió, anclando su mirada en la del joven y fue entonces cuando él, la reconoció.
No le importaron ni su ropa raída, ni su peinado desarreglado que dicho sea de paso, la hacía más bonita y graciosa.

Los guardaespaldas se acercaron presurosos, inquietos por aquella actitud del príncipe con una extraña pero al verla sonreír, la identificaron de inmediato.
Los vecinos no tardaron en tomarles fotos y grabar videos con sus celulares y tablets, de manera que en pocos minutos, todo el reino y el resto del mundo se enteró de la buena nueva.
Claro, todo el mundo incluidas su madrastra y sus tres hermanastras que ante la noticia del romance real, optaron por mudarse de la ciudad.
Del hámster de la hermanastra menor no se supo más nada

pero a pedido de la
muchacha del zapatito de cristal, un hombre de cabellera canosa y cálida sonrisa se
convirtió en su chofer personal y el plomero, en su mejor amigo.

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