El verdadero significado de la frase “¿Dónde está Santiago Maldonado?”

¿Dónde está?

Esa pregunta se volvió repetitiva este último tiempo. Está desaparecido, Santiago Maldonado es de quien hablo.

¿Le interesa a alguien dónde está? ¿O paso a ser un juego político?

Santiago Maldonado, es un joven de 28 años, artesano que apoyaba un reclamo de la comunidad mapuche Pu Lof en Resistencia. Hay muchas hipótesis, nada está confirmado y todos quieren saber dónde está.

Es viernes 1 de septiembre y se cumple un mes de su desaparición, la gente se impacienta. Por eso, hoy se hace una marcha en Plaza de Mayo para reclamar su aparición.

Son las 4 de la tarde de ese mismo día, estas llegando a la protesta. Antes de llegar a destino escuchas los bombos, silbatos y gritos desde lejos. Llegando a destino ves un revuelo de gente, escuchas diferentes sonidos y sentís demasiados olores. Te metes en el centro de la plaza, como podes, empujando gente y ves pasar a unas 20 personas vestidas con remeras rojas con el título de “La Chilinga, escuela de percusión” tocan bombos y redoblantes siguiendo un ritmo, te chocan. Este grupo rodea todo el lugar y escuchas como el ruido que te ensordecía se vuelve cada vez más lejano. La gente acumulada genera un ambiente de calor pegajoso.

Hay muchas camionetas de diferentes medios de comunicación y ves a los periodistas con sus micrófonos caminando por la plaza. Cuando levantas la cabeza ves el cielo pintado de carteles con diferentes frases e imágenes en donde se destaca la imagen con la cara de Santiago.

Buscas a alguien con quien hablar, ves a una pareja de aproximadamente 60 años, con un cartel, te trasmiten confianza por lo tanto te acercas a ellos y les hablas amablemente. Él se llama José, es barrendero y tiene 63 años. Notas su enojo al hablar, la frustración que sale de cada palabra que dice.

¿Por qué esta acá?

Sinceramente no vengo solo por Santiago, vengo para luchar por muchas causas, porque uno es casado tiene hijos y tiene diferentes tipos de motivos, pase por muchos gobiernos que nos han ido quitando diferentes derechos, vengo como abuelo, padre y militante. Comparto el sentimiento con muchas personas de las que están acá. Si no luchamos nada de esto va a dejar de pasar. Tengo que ayudar a mi familia, tengo a mi padre vivo con 86 años. Quiero las cosas sean correctamente como tengan que ser. Busco justicia, pero si llega tarde ya deja de serlo.

Su mujer, Cecilia tiene 61, no quiso hablar al principio, asentía a todo lo que decía su marido, pero la observas con ganas de tirar algún comentario.

-“42 años de casados, criamos a nuestros hijos, pasamos los militares y todo. Si ahora nos metemos devuelta ese miedo de esa época no vamos a vivir más. Me quiero sentir representada por el gobierno y no me pasa eso. No me siento segura ni en mi propia casa. No es vida esto. Las cosas se consiguen luchando.” Agrega la señora.

-“Yo pase de todo, a mí no me podes venir a enseñar nada. ¡A mí la calle me enseño mucho! Mi mama nos daba un lápiz para 5 hermanos, lo partía y le ponía miga de pan en la punta, pase por muchas cosas. No me voy a quedar callado, no ahora, ni nunca. Soy barrendero y lo digo con orgullo, ella es empleada doméstica y le dimos estudio a todos nuestros hijos, todos estudiaron en la UBA y se recibieron.” Dice él con el tono elevado, ya que el bullicio de fondo no deja que lo escuches bien.

-“Siempre justifican algo con otra cosa, siempre dicen algo habrá hecho. Marchamos para no demostrar miedo, no podemos tenerlo sino estamos en el horno. Ahora andaban investigando la vida de Santiago ¡Que me importa la vida de Santiago! A mí lo que me interesa es lo que le hicieron, ¡donde esta!” Dice ella, con seguridad e impotencia.

Su furia e indignación para con el gobierno es muy evidente. No los interrumpís en ningún momento, te das cuenta que se están descargando y los dejas. Termina la charla, los saludas de manera muy amigable y les agradeces la sinceridad de todo momento.

Continuas, hasta que paras a ver algo que te llamo la atención al punto de causarte un tanto de decepción. Observas a un vendedor de prendedores, algunos con la cara de Santiago, otros con la frase “Donde está” y otros con “Macri gato”. Te pones a pensar si realmente la gente quiere saber o es solo un negocio y un acto para revolucionar la capital.

Al caminar, tenes que esquivar a mucha gente, no hay espacio, te empujan. La marcha todavía no empezó y la plaza está repleta, la gente se amontona. Caminas cuadras y ves muchos nenes chiquitos con carteles, te preguntas si alguien les explica porque están acá, si les dan a entender o solo los traen para ser más y más gente

Miras a una chica de aproximadamente 17 o 18 años, con un grupo de amigos tratando de taparla. Ella está haciendo un grafiti en una reja de lo que sería un kiosco de diarios. Dudas si sacar la foto, sentís algo de miedo, pensas en lo que te puede llegar a pasar si te descubren, pero lo haces de manera muy disimulada, intentando que se vea lo menos posible y te vas rápido.

Cuando seguís caminando por las calles notas como los locales van cerrando uno por uno, las puertas con llave le agregan miedo a la atmosfera. Intentas entrar a una librería, ves como destraba la puerta con la llave, asoma la cabeza una señora de alrededor de 50 años, te aclara que está cerrado y sin dejarte hablar un segundo cierra la puerta y traba con llave. Te vas disgustado y un poco amargado.

Te llama la atención un Café, lejos de Plaza de Mayo, llamado Origen Café. Divisas la pizarra en donde habitualmente se escriben las sugerencias de la cocina, la famosa y repetitiva pregunta de ¿Dónde está Santiago?


Ya son las 7, escuchas los zumbidos y disturbios a lo lejos, casi como una nube de gritos. Te acercas cada vez más. Dudas de seguir, hace frio, es de noche y eso te provoca miedo. No por lo que esté pasando en ese momento, sino por todas las especulaciones que se hicieron sobre ese día. Van pasando los minutos y eso se va haciendo realidad, gente encapuchada, los grafitis se hicieron cada vez más, el ruido aumentó tanto que no escuchas nada específico, solo un zumbido escandaloso.

La situación cada vez se pone más tensa, por eso preferís irte, la gente está corriendo. No miran para ningún lado y se chocan todos contra todos. El ambiente se terminó de convertir en caótico

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