Y se sintió solo, notó la sangre en su cabeza, impulsada por su lento y débil latido. Se quedó en silencio, alcanzó a escuchar fue la voz de su vecino gritándole a su equipo de fútbol que veía en la televisión, también logró oír al agua hervir e incluso escuchaba su propia respiración, un poco ahogada por haber llorado casi una hora.