No quiero ni pensarlo.

Entiendo que no existe punto medio en estas cosas, o se está o no se está, tan simple como eso. ¿Y cuándo no se quiere estar? ¿Qué pasa ahí? Poco genuino sería decir que uno puede tomar la decisión de ‘’no estar’’ pero, siendo sinceros, ¿no sería mentirse? ¿Qué sentido tiene poder pensar que ya no estas cuando en realidad no haces más que estar? Autoconvencerse en estos casos es casi tan idiota como no saber que al hacerlo ‘’esto’’, que estamos ocultando, nos va a sobrepasar y ,casi como un síntoma, nos va a empezar a atravesar en cada aspecto de la vida. Cuando estes con tu vieja tomando mate, ahí va a estar. Cuando estés en el parque con amigos, va a seguir ahí. De a poco hasta el intercambio lingüístico se va a ver afectado, sin querer, vas a estar diciendo palabras que no queres, nombres de personas que poco tienen que ver con la conversación. Un día vas a soñar con eso, otro día vas a imaginar haberlo visto en un cartel, y así hasta que decidas que ya no es una cosa tan simple y benigna sino más bien una señal. Ya no podes seguir así, ocultarlo ya es imposible, y seguir mintiéndote ya no surte efecto.

Una vez que descubris lo que te pasa y decidís que, esta vez, no podes mirar a otro lado, tenes dos opciones: ignorarlo o hacerte cargo. Y todos sabemos que ignorar un deseo es más doloroso que hacernos cargo y que nos salga mal.

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