Fidelidad

Era una fuerza viceral, era una angustia ancestral, era un exorcismo. Me cambió la voz, la eleve hasta niveles inconmesurables. Era la niña de 11 años reclamando la verdad. No más secretos, no más reunión de mujeres, quiero ponerle nombre a lo que te sucede por las noches. Jamás nos dejaste decirle pupo al ombligo, pochola a la vagina. Bueno, entonces que mierda te pasa mamá!!!

De golpe la empuje y descubrí que era una pluma, que iba a ser super fácil lastimarla físicamente, yo ganaba en fuerza y en consistencia. Empecé a temblar y a escupir dolor, lágrimas, ira, odio. Eso sentí, la odiaba de siempre pero nunca se lo había dicho.

Tengo miedo de volverme ella. Tengo miedo de no desprenderme jamás de esta madre que me parasita.

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