La contemplación.

Su prolijidad me deslumbró, se pintaba las uñas de color rojo entre semáforo y semáforo en un colectivo de media distancia. Sus manos eran pequeñas pero delicadas, sus dedos eran flacos pero cortos, cargaban con tres anillos de diferentes tamaños dando actitud y decisión a la joven. Siempre pensé que las tareas y arreglos femeninos llevaban mucho tiempo y entrega. Ella mostraba dedicación pero tardaba milésimos de segundos entre uña y uña. Era bella en su imperfección, hace años que festejo y amo lo que no es perfecto ni intenta serlo. No voy a negarlo su escote de diosa griega también me cautivó, su cuerpo tenía las dimensiones justas y precisas. Elegante, delicada y extremadamente cautivante fueron los adjetivos que se me aparecieron horas más tardes cuando confesé que me había enamorado de una mujer que no conocía ni jamás conocería.