Las manos

Siempre fui una gran observadora de manos. Las manos dicen mucho de las personas, se las puede conocer a partir de ellas. Las hay gorditas, redonditas y cortas; finas, estilizadas y largas. Las hay roñosas y pulcras, mujeres fanáticas de los esmaltes, fanáticas de los anillos. Hay expresión y estética en las manos, transmiten, proyectan, anuncian. Muchas veces se adelantan a la palabra, a la mirada y a los gestos. No voy a negarlo sé perfectamente que tipo de manos me gustan y sé también que soy una obsesiva de la limpieza extrema de las mías. Tengo un super poder, enumerado por mis amigas que anhelan lo que puedo hacer: pintarme las uñas en un colectivo en movimiento. De chica pensaba que las cuestiones que hacían a la belleza femenina llevaban tiempo y dedicación; de grande, de más adulta pude desmitificarlo, además mi super poder de heroína de caricatura lo confirma. Hay manos que saben dar placer y lograr que uno pueda fundirse con el cielo, las estrellas y todo el sistema planetario interestelar. Hay manos vestidas y cargadas de personalidad, rebalsadas de anillos de diferentes tamaños y colores, algunos pueden llegar a atesorar recuerdos. Anillos de antaño heredados de bisabuelas y abuelas, anillos que cruzaron océanos para convertirse en el único bien material de una familia. No olvidemos que las manos delatan el estado civil de una persona, notifican que tiene dueño/a, dan cuenta del sentido de pertenencia. Pertenecer, ser de alguien, estas manos son propiedad privada, se miran pero no se tocan. También evidencian la edad de una persona. Son más traicioneras de lo que uno suele pensar. Son un mapa afectivo y expresivo, de lo bueno y de lo malo. Siempre me parecieron bellas y elegantes las manos de Barbra Streisand, y sé que mi abuela materna coincide, mirábamos sus recitales en canales extranjeros sólo para verla cantar en camisón de satén, bata en composé y sus manos afrancesadas sosteniendo el micrófono con la delicadeza del algodón. De ahí viene mi atracción, en realidad yo coincido con mi abuela, yo soy una parte de ella y también de mi mamá y yo algún día seré parte de alguien más, el ciclo de la vida, la historia circular: algo se mantiene y se queda, pero siempre se agrega algo nuevo. Asimismo, la palma de la mano puede predecir tu porvenir, si éste va a ser breve o extenso, y si estará enfocado más al amor, al dinero o a la salud, o a ninguno, pues también existe la mala suerte. Esos extraños tres pliegues que se ubican en la contracara de las manos ¿será cierto que pueden anunciar nuestra vida y sus vaivenes? Creer o reventar dice la famosa frase hecha. Me cuestan los refranes, nunca recuerdo la segunda parte, el remate, entonces los invento. “Cuentas claras, corazón contento”. En realidad hago mix de refranes, combino a mi antojo, y muchas veces pasa desapercibido, nadie reconoce el cambio y la mezcla. El poder de las manos continúa y se expande de manera inminente, poseen el valor del trabajo, con ellas se hace, se deshace, se crea, se inventa, se dibuja. Es acción en estado puro, tienen mucho menos descanso que una mente, ya que están allí al pie del cañon para lo importante y lo trivial. Por eso, son de suma importancia, mucho más de lo que uno puede registrar en su propio mundo cotidiano. Existe el lenguaje de señas para aquellos que carecen de la voz, cuestión que posiciona al sentido del tacto en un lugar primordial. Reina Reich cantaba “cinco son nuestros sentidos: vista, tacto, gusto y oído, repasemos sólo un rato no olvidemos el olfato”. Ella lo ubica en segundo lugar por fonética, por musicalidad, no por grado de importancia. Aunque debería haber respetado el principio de relevancia, para dar un mensaje claro a los ñiñitos, para que desde pequeños puedan a empezar a comprender el mundo. Puedo seguir invocando el para qué de las manos… la mano como vínculo expresivo, transformando lo interno en externo en cualquier arte, todo debe pasar por ella, quien toca un instrumento musical, quien pinta un cuadro, quien contornea una escultura, quien escribe. El alma, el aura es liberada a través de ella. Es el medio que habilita al mundo conocer aquello que esconde y guarda el ser humano. Siempre fui una gran observadora de manos, las mías son chiquitas, pero compensan con mis dedos flacos, la estilizan, hoy están bronceadas, eso me gusta mucho. Odio las uñas largas, por lo que las uso cortadas al ras, no me agrada esa parte blanca de la uña que crece apresuradamente y junta mugre por doquier. El cortacutícula es un elemento de tortura placentera que alguien muy elocuentemente ha inventado; pero tengo un secreto de coquetería, antes de usarlo pongo en remojo mis manos en agua hirviendo con una pizca de crema de cuerpo. Deja un excelente aroma y a su vez debilita esa especie de costra que se denomina graciosamente cutícula. Quisiera que mis uñas crezcan en forma cuadrada nunca fui muy prolija con las formas y la lima, siempre me costo matemática, pero me obsesiona el creciemiento desigual. Ojalá pudiera medirlas con una mini regla para mantener una prolijidad. Me he enamorado de un hombre por sus manos, hasta ese peso tienen en mí, pueden llegar a ser decisivas para saber a quién amar y porqué. Cumplen un rol fundamental en mi vida, al igual que en este momento en que estoy tipeando con ellas, mientras las observo intentando repasarlas, espero no haber dejado de lado ningún detalle particular que sea digno de enumerar y contar.