La mirada del adiós

Agustina Deux
Nov 5 · 2 min read

Me gusta pensar que todo siempre empieza con una mirada, de ese tipo de miradas que se cruzan y explosionan, que dejan rastros, sensaciones, que parece que transforman.
Hay algunas miradas que transmiten hasta lo más inmenso, de esas que por momentos te enloquecen y que penetran como si un rayo muy fuerte de sol estuviese entrando dentro tuyo, y que, cuando te devuelven a la realidad, lo que más impacta es que solo actuaron sobre ti unos pocos segundos.
Reconozco que, casi todos los días de mi vida, salgo con la intención de buscar esas miradas, en cada persona que visito, que conozco, o que simplemente veo. Cada tanto, encuentro algunas; otras veces, sólo son sensaciones que se le parecen.
Adoro disfrutar esos instantes, y las sensaciones posteriores que dejan esas miradas. Hace poco tiempo me cruce con una, y juro que solo pude retenerla un mínimo instante. No se si fue por todo lo que me generó, por lo poco que duró, o simplemente porque hacía mucho no me encontraba con una de tal porte, pero tuve que emprender en la búsqueda intensa de ella, en todos los lugares, en todas las personas, en todas las cosas.
Lo raro, pero a la vez, lo que más me motivaba en esta búsqueda era que a pesar de que los días pasaban y la espera me agotaba, las sensaciones que había sentido en el instante en que la vi seguían presentes en mi mente, también en mi cuerpo, me enloquecían, como si nunca me hubiesen devuelto del todo a la realidad, y eso me encantaba.
Todavía no puedo descifrar si es que realmente pude encontrarla o es que sigo atrapada en aquel momento, es más, por momentos dudo sobre la posibilidad de seguir dentro de una realidad creada por ella misma. Sin embargo, no voy a negar que sea donde sea que me encuentre, siento que cada día me transforma más, que me sigue enloqueciendo y que me hace sentir inmensa, como si me encontrara inundada por muchos rayos de sol.