Eduardo de la Puente y su único yo

-Nombre: Eduardo de la Puente
-Nacimiento: 7 de diciembre de 1963, Buenos Aires
-Principales medios: Canal 13, Rock & Pop -revista y radio-, National Geographic, Much Music, Volver, Canal 7, revistas Playboy y Satiricón, entre otras.
-Twitter: realdelapuente
Apenas llegó al estudio de la radio Rock & Pop -con sus Converse viejas, remera ancha y pantalones achupinados-, Eduardo de la Puente empezó a bromear con sus colegas: Entrando al mundo de los despiertos, dijo entre risas. Tras 21 años de trayectoria periodística, actualmente se dedica a su programa No Vuelvas y a su banda de rock Tristemente Célebres, aunque él lo considere más un hobbie que un trabajo: La condición para laburar es divertirme, si no me divierto no puedo hacer nada.
Aprendió a leer a los tres años y a escribir a los cuatro, el talento lo llevaba en las venas. En la secundaria, en vez de redactar una nota hacía tres, una para él y otras dos para intercambiar con algún compañero por sanguches y Coca-Cola. En ese momento se dio cuenta que tenía su propio estilo de escritura.
Cuando tenía 17 años su mamá falleció por alcoholismo y De la Puente tuvo que hacer frente a la vida solo porque su padre llevaba otra vida con su segundo matrimonio. Trabajó en un kiosco, una panadería y en una casa de servicios de lunch, entre otros trabajos, para pagarse las expensas y algunas otras cosas.
Sin embargo, nunca dejó de dedicarse a lo que le gustaba: escribir, gracias a la ayuda de sus abuelos que, además de ser un apoyo financiero, eran su gran pilar. Nunca me presionaron a pesar de que preferían un nieto médico, lo único que importaba era el amor y el respeto que tenían hacia mí. Hoy, ya tiene ocho libros publicados.

El primer trabajo de su profesión fue en 1983, junto con Sergio Marchi crearon la revista de rock Tren de carga. En ese entonces conoció varios músicos que luego serían muy populares, como Andrés Calamaro, Divididos, Soda Stereo y Los Fabulosos Cadillacs.
Según él, su trayectoria se armó de una manera fortuita porque nunca proyecta nada: Un día me dijeron que íbamos a volar y aparecí en un globo, pero no era una meta sino algo que apareció. Le gustan los desafíos y siempre elige ir más allá en las propuestas laborales para ver de qué es capaz.
Una de las épocas que más disfrutó fueron los primeros cinco años de Caiga quien caiga porque no tenían límite, podía experimentar y romper fronteras: Era muy políticamente incorrecto y me encantaba. Hasta que el programa se fue inclinando a lo comercial y eso lo hizo sentir incómodo, faltaba pasión.
Si bien participó en varios programas televisivos -Videoscopio, La TV Ataca, Audacia, El sótano, Quieren Rock, entre otros-, nunca se sintió parte de ese ámbito. La gente de la tele actúa como si estuviera 30 centímetros por sobre el resto de la humanidad y son unos perejiles que comen, hacen pis, caca y espero que paguen impuestos. No obstante, destacó que no todos son iguales y que también hay personas muy buena onda, como por ejemplo el actor Pablo Eccharri.
Tiene una sola prioridad en la vida: Martín, su hijo de 15 años. Cada vez que lo nombra, sus ojos marrones se iluminan. Por otra parte, su mano derecha está repleta de anillos rockeros plateados, pero ninguno de matrimonio: a principios de este año se divorció con Ana María, con quien estuvo casado varios años, debido a unas fotos comprometedoras del periodista con la vedette Mariana Diarco que se filtraron en la red. Aunque estén separados, mantienen una buena relación.

La banda Tristemente Célebres arrancó como un pasatiempos, sin suponer que luego terminarían en grandes escenarios. Un día, en 2001, un excompañero del colegio Mariano Acosta que tocaba el bajo, Germán Wintter, lo llamó para proponerle si lo acompañaba con la guitarra en un par de temas. Con el pasar del tiempo, y la incorporación de otros tres integrantes en voz, batería y guitarra, se conformó el grupo rockero que luego grabó tres discos.

El periodista dejó de beber alcohol hace cuatro años por decisión propia. Tomé la decisión porque mi vieja murió alcohólica y noté que estaba yendo por el mismo camino. Por suerte me fue fácil. Debido a esto, redujo sus salidas y su grupo social disminuyó.
Un aficionado de la fiaca y de tirarse panza arriba para mirar un película de terror. Es su secreto para anular todo tipo de pensamiento, le gustan desde las más sublimes hasta las porquerías que filman dos polacos con Ketchup.
A donde fuera que vaya, siempre lo acompaña su ideología positiva: Es lo que te tocó, pasala lo mejor que puedas. Angustiate lo menos posible y disfruta lo más posible. Hay que ocuparse y no preocuparse, e intentar no cagar a nadie en el intento.
Fotos: archivo personal de Eduardo de la Puente