Me acuerdo tu cara en el auto que alquilamos, con los montes y el verde de Misiones resbalando detrás. Me miraste y sonreíste mientras manejabas. Estabas tan lindo, los ojos te brillaban y tu sonrisa me levantaba la mía.

“Mi novio tiene ojos de niño” escribí luego en algún cuaderno.

Yo me sentía en paz al lado tuyo. Vos frenabas mi huracán mental, lo neutralizabas con tu simpleza.

Pero siento que no te cuidé como te quise. Siento que vos diste un 100 y yo un 70. El 30 restante me lo quedé por si lo nuestro no funcionaba, y de hecho, no funcionó. Fui mi propia profecía autorealizada. El miedo a perder, me hizo perder.

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