Femicidios y ética periodística

Ante cada femicidio, las tapas de los diarios, los canales de noticias y las radios se colman de opinólogos, analistas y, sobretodo, falta de rigor ético.

La ausencia de un colegio que nuclee a los trabajadores del periodismo y funcione como regulador de cuestiones tan importantes como el rigor ético en el tratamiento de las noticias es uno de los principales factores que permiten la violación de los derechos de las mujeres víctimas de femicidios. Sumado a esto, tampoco existe un documento procedimental -oficial- sobre cómo abordar noticias en caso de violencia de género.

Como una brújula que orienta el accionar correcto y respetuoso de los derechos humanos, la ética trae consigo ciertos dilemas a la hora de cronicar un suceso o problemática social. La precarización laboral y poco tiempo con el que cuentan los periodistas para elaborar informes rigurosos, la presión de los grupos políticos o empresariales en materia de anunciantes, la visión de información como un producto y no como un bien social y “la “dicotomía entre “medios”, como actor económico que prioriza su condición empresarial, y “periodistas”, como agente diferente de los medios, a cuyas condiciones deben acomodarse” son cuestiones que colaboran, reiteradas veces, con un tratamiento poco ético de la noticia.

Es el caso de Melina García, de 17 años, asesinada en José León Suárez (Buenos Aires) en 2014. En las cuatro semanas que estuvo desaparecida, el diario Clarín tituló una nota sobre la joven: “Una fanática de los boliches, que abandonó la secundaria”. En el interior de la noticia, describía que “La vida de Melina Romero, de 17 años, no tiene rumbo. Hija de padres separados, dejó de estudiar hace dos años y desde entonces nunca trabajó”. Mientras ella era incesantemente buscada por la Policía, el medio vulneraba su derecho a la privacidad, destacado en el artículo 33 del Código de Ética de FOPEA. “El periodista debe respetar la privacidad de las personas. Sólo cuando se viera afectado un bien o valor público por un aspecto relacionado con la intimidad de una persona, puede prevalecer el derecho a la información de los ciudadanos por sobre la privacidad de un particular”.
Al respecto, la psicóloga Liliana Hendel comentó en el programa Llevalo Puesto, de FM La Tribu: “Hablar del piercing, hablar de que ella dejó de estudiar para bolichear, más allá de que tal vez sean anécdotas reales, es victimizar a quien acaba de ser asesinada. Es realmente una falta de ética periodística importante y algo que se reitera en la cobertura de femicidios”.

Con el asesinato de Candela Rodriguez tampoco hubo rigor ético. La niña de 11 años fue secuestrada en 2011 y encontrada sin vida nueve días después en su localidad natal, Hurlingham.
En un video publicado por La Nación, procedente de C5N, aparece la madre de Candela luego de recibir la noticia del asesinato de su hija. En las imágenes, la mujer, rompiendo en llanto pregunta “¿Por qué no me mataron a mí?”. En un momento tan crucial como el de una mamá que acaba de perder un hijo ¿Cómo es posible publicar algo así? No sólo atenta contra la dignidad de la persona sino contra el derecho a la privacidad. Sobre esto toma posición el Manual de Principios, Valores y Estilos (2006) de la Voz del Interior. “Se debe tener especial cuidado con las víctimas de tragedias y sus familiares. En caso de que tales personas prefieran no exponerse ante la prensa, no se consignará con imágenes el momento en que rehúsan la inquisitoria periodística”.
En otra nota, el mismo medio describe y toma fotos del perfil de Facebook de la niña, los nombres de sus álbumes fotográficos y hasta las páginas a las que Candela había colocado “Me Gusta”.

Algo similar ocurrió luego del asesinato de Ángeles Rawson. “Los derechos de Ángeles y su familia se violaron una y otra vez: se tomaron sus imágenes privadas de las redes sociales y se las difundió durante horas y horas de vivo en TV”.
La joven de 16 años desapareció luego de una clase escolar en el barrio de Palermo y fue encontrada sin vida horas después en un predio de la Coordinación Ecológica Área Metropolitana Sociedad del Estado (CEAMSE). Por su muerte, fue condenado a prisión perpetua el encargado del edificio donde ella vivía.
El caso de ángeles estuvo 594 horas al aire, según un relevamiento de Ejes de Comunicación, auditor de medios. “Es cinco veces más que el tiempo que se le dedicó a la elección de Bergoglio como nuevo Papa”. En ese lapso, no sólo se tomaron fotografías de redes sociales pertenecientes a la joven. Luego de ser hallada sin vida entre la basura, el diario Muy publicó las fotos de su cuerpo. En un sinfín de opiniones sobre la divulgación de ese material, el respeto por la privacidad de las personas fue vulnerado nuevamente por el periodismo.
El artículo 3 de la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual asegura que es indispensable, a la hora de publicar una noticia, “la defensa de la persona humana y el respeto a los derechos personalísimos”. Muy no sólo no respetó la vida de Ángeles sino tampoco la de su entorno ¿Acaso un padre, tío o amigo desea ver el cuerpo sin vida de una adolescente en la tapa de una de las revistas más vendidas del país? Una vez más, la ética periodística fue profanada.
Sumado a esto, fueron fotografiados y entrevistados menores de edad, compañeros de escuela de la joven, sin el cuidado por no difundir sus rostros, violando el principio de anonimato de menores, mencionado en el manual de estilo de La Nación.

“La información es un derecho. Pero las fotos que publicó el diario del Grupo Clarín no informan, no aportan a la investigación judicial, tampoco contextualizan la violencia contra las mujeres ni dan cuenta de la problemática de femicidio” Florencia Alcatraz, periodista de Infojus Noticias. .

Tras la muerte de Nora Dalmasso (2006), en Río Cuarto, sucedió algo similar. La mujer de 51 años fue encontrada sin vida en su dormitorio, con signos de haber sido asesinada. Sin embargo, aún no hay condenados.
Algunos meses después de la divulgación de la noticia, el canal América difundió fotografías de la escena del crimen en horario de protección al menor. No sólo se le hizo honor al morbo mediático, sino que se faltó el respeto a la familia de Dalmasso (quienes denunciaron al medio) y se mostraron pruebas judiciales como material periodístico sin “rigor y precisión en el manejo de los datos”.

La vida privada de una mujer víctima de femicidio es quebrantada en reiteradas oportunidades en manos de los medios. Sucedió –también- con Paola Acosta, asesinada en septiembre 2014 y arrojada a una alcantarilla de Zipoli e Igualdad junto a su bebé de un año y nueve meses, que logro sobrevivir. Durante los tres días en que era intensamente buscada, La Voz del Interior filmaba videos y publicaba notas interactivas con la imagen de la casa de Paola de fondo, donde vivían sus otros dos hijos, citando la dirección exacta. Mientras tanto, medios televisivos como el noticiero de Canal 12, mostraban a ‘Maru’, su hermana, llorando en el hospital donde fue atendida Martina, la menor. Al respecto, el manual de estilo de Radio Continental dice: “El periodista debe respetar el derecho a la intimidad, el honor y la propia imagen sobre todo en situaciones de aflicción o dolor”.

“La calidad informativa no puede entenderse sólo mirando hacia adentro de la redacción, sino que depende en gran medida de las relaciones que se establecen con el entorno” asegura la periodista Adriana Amado. El tratamiento ético de las noticias, en este caso, sobre femicidios; no puede dejarse librado al azar, a la elección personal de cada periodista o a la influencia de agentes externos, como presiones ideológicas, económicas o políticas. Es necesario incluir en los manuales de estilo, ciertas coordenadas sobre cómo abordar dichas cuestiones.
“La prensa somos todos los que hacemos periodismo. Acá optamos por escribir, hablar, decir, sin careta alguna. Y hacemos, la mayoría, periodismo con salarios horribles, bajo condiciones penosas, seguramente con escaso margen para plantar ideas y conceptos que pretendan contribuir a tener una sociedad más tolerante, y por qué no igualitaria. Pero los resquicios para hacerlo están ahí, aun cuando el negocio pida alinear los mensajes (nuestros mensajes) con esos paradigmas que vienen de siglos” concluye Maximiano Montenegro.

La ética debe atravesar cada información que es publicada, respetando la moral, el derecho a la privacidad, los derechos personalísimos y el honor de la persona en cuestión; sea mujer, niño, niña, hombre. Esté viva o esté muerta.

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