Yacanto, a tres años del incendio más grande de la Provincia de Córdoba

En septiembre de 2013, un incendio arrasó con el pueblo de Yacanto, en el interior de Córdoba. Durante más de dos días, la localidad ardió casi completamente: se quemaron 9.000 hectáreas, murieron cientos de animales y se perdieron más de 60 viviendas.

Fuente: lavoz.com.ar

Los bomberos voluntarios de Yacanto festejaban. La calle principal se colmaba de uniformes rojizos. El equipo había controlado los incendios. Las horas en vela se convertían poco a poco en sonrisas y aplausos mezclados con dolor y desazón. El calor de sus rostros se absorbía en paños húmedos, anaranjados. El mismo naranja que la noche anterior cubría el horizonte. Los bosques de pinos desaparecieron y el paisaje abandonó su color verde, para convertirse en negro.

Yacanto de Calamuchita, a 120 kilómetros de la capital cordobesa, había quedado reducido a cenizas. Josefina observaba la metamorfosis del paisaje. Las lágrimas recorrieron cada una de sus facciones. Los ojos de su hijo no sabían hacia dónde mirar.

El calendario colgado en la cocina marcaba el 17 septiembre de 2013. La radio anunciaba, una vez más, un “riesgo de incendio extremo”. Las Sierras de Córdoba estaban inquietas, algo sucedía.

Aún recuerdo ver desde mi trabajo, en pleno centro de la capital cordobesa, el cielo tornándose oscuro, mis pulmones respirando el humo, reconociendo ese olor tan particular. La ventana vislumbraba una capa gris que se dibujaba sobre el contorno de cada una de las montañas. Al costado, el televisor mostraba crudamente el dolor. La naturaleza estaba muriendo, Córdoba estaba de luto.

Yacanto ardía. Las lenguas de fuego se alzaban en el aire como demostrando su poder. Ese septiembre, 110.000 hectáreas se perdieron en toda la provincia, de las cuales 9.000 pertenecían al bosque de pinos de la localidad.

La casa a la que Josefina le dedicó gran parte de su vida, quedó devastada. “Lo que más me duele es haber perdido mi biblioteca”. Durante los meses siguientes, vivió en una cabaña vecina, pero decidió irse en 2014, cuando su único hijo se mudó a estudiar a Villa del Rosario.

Desde el segundo piso de esa vivienda provisoria se puede apreciar casi la totalidad del terreno de dos hectáreas donde vivía. A la derecha, el predio ya limpio. Más de diez árboles quemados, cortados a un metro de altura. Hacia la izquierda, ramas caídas y enredadas, secas. Distintos grupos de troncos cortados y apilados van apareciendo.

En frente mío, la casa. Del lugar donde la mujer vivió sólo queda la estructura de hierro y algunas vigas caídas. Alrededor, cientos de ladrillos desparramados por todos lados. Lo único que permanece intacto es la chimenea. Escombros y pedazos de pinos quemados, todo se reduce a eso. En el medio de esa imagen, una bicicleta herrumbrada. La heladera, pedazos de alguna taza de té, una máquina para hacer fideos, el farol de la entrada, vidrios rotos. Marcos de ventanas, un matafuegos, la cocina. Todo quemado, todo reducido a cenizas.

“Vivo en el Camino al Cerro los Linderos, desde hace más de una hora está cayendo ceniza. El viento ha cambiado. Parece que vuelve. Habrá que empezar a rezar”.

El fuego destrozó sus sueños. Los escombros cubrieron el suelo. Los vidrios rotos cubren los espacios vacíos. La heladera ahora es marrón. El óxido cubrió los electrodomésticos. Santiago ve su bicicleta quemada. Los troncos incinerados la rodean. Los cimientos aún perduran. El centro de la cabaña todavía conserva algo: la chimenea permanece intacta.

El día del incendio Josefina se autoevacuó, sin embargo, no quería irse. Un pino plantado junto al lado de su casa hizo que la vivienda no se salvara.

No hace falta ahondar mucho para ver la fortaleza de esta mujer, que sigue viniendo al que fue su hogar y sigue pudiéndolo mirar a los ojos, como quien recuerda con cariño y entiende, finalmente, que el universo no hace nada en vano y que de nada sirve bajar los brazos. Simplemente, hay que seguir ¿Cómo? Sólo ella lo sabe.

“Hace 41 años, un 11 de septiembre me bautizaron con agua. Hoy, en estos días… el bautismo fue de fuego”. (Josefina en su Facebook personal, 11 de septiembre de 2013).

*Los nombres de los protagonistas han sido resguardados por pedido de la fuente.


Reforestación ¿Mito o Realidad?

La RAE define reforestar como repoblar un terreno con bosques. Existe una gran importancia en volver a plantar los árboles perdidos en un incendio forestal. Un bosque nativo colabora en la creación de materia orgánica para el suelo, disminuye la erosión eólica frenando la velocidad del viento en las copas de los árboles y aminora la posibilidad de crecientes e inundaciones por su rápida absorción de agua.

Contradictoriamente, por un lado la legislación provincial asegura que las actividades de reforestación le competen a la Dirección de Gestión de Riesgo del Ministerio de Gobierno, a cargo del Plan Provincial de Manejo del fuego. Sin embargo, existen leyes que afirman que, a quien le corresponde reforestar, es al Ministerio de Agricultura, Ganadería y Alimentos. Otras, aseguran que debe estar en manos de la Agencia Córdoba Ambiente, perteneciente al Ministerio de Agua, Ambiente y Energía, mediante la Ley Forestal Nº 8066.

El problema está en la aplicación y ejecución de estas políticas ambientales. Entre los ministerios se pasan responsabilidades, y adjudican la reforestación a terceros.

El incendio de Yacanto conmocionó no sólo a la Provincia de Córdoba sino también a todo el país. Posterior a los incendios, las Sierras demorarán décadas en recuperarse. Pero levantar una casa, una construcción, un taller, un aserradero, no tiene comparación con el tiempo que la naturaleza requiere para recuperarse y, menos que menos, con los tiempos del Estado para ponerse de acuerdo.

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