De paso.

Es paralizante. El paso al otro mundo o como quieran llamarlo. A veces desconcierta, te congela. Te puede agarrar tan desprevenido que te nublas, te bloqueas. Tratamos de buscarle algún tipo de explicación que sea lógica, pero no hay. Es un signo de pregunta enorme que se abre en nuestras vidas y no se vuelve a cerrar nunca. Queda ahí.

En esos momentos la vida nos recuerda que estamos de paso y además que estamos en lista de espera. Una lista de espera aleatoria. No sabemos cuando, ni dónde, ni cómo, ni la hora, nada. Es completamente al azar. Sabemos que tenemos turno y de paso nos distraemos en esta gran sala de espera de la vida, y en el mundo. Nos mantenemos distraídos eso pasa, hacemos cosas para matar la espera y que nos sea menos aburrida. Menos pesada.

Y digo sala de espera porque creo que no todo termina ahí. Creo que cuando nos llega el turno y al fin entramos al consultorio, hay algo. Algo nos espera, no puede ser tanta espera para nada. No tendría ningún tipo de sentido.

En ese cachetazo la vida nos recuerda que estamos dentro de esa sala de espera, nos recuerda que somos humanos, que tenemos dolencias y que sufrimos. Sufrimos mucho. Se lleva seres queridos, amigos, conocidos, compañeros, se lleva a todos. Es como un viento fuerte, arrasa con todo. No discrimina.

Cuando eso ocurre, no nos queda otra que pasar el mal trago. Porque es inevitable. Pasa. No somos libres de elegir en ese aspecto. Estamos destinados a sufrir el paso a la otra vida, el paso a la descomposición física, o como ustedes o su religión o creencia lo denomine.

Pero quiero dejar en claro que todas las cosas malas PASAN. Y cuando pasan podemos empezar a recordar sin dolor, y felices. Riéndonos de lo bueno que fue, de lo bien que la pasamos con esos seres queridos en esta vida.