Conversaciones que nunca tuve y lugares que nunca visite. Parte 1.

Me gusta ver como tu expresión cambia cuando te empezas a dar cuenta que la situación ya no esta bajo tu control. Al principio tenes una seguridad de vos mismo que asusta. En ese instante, no puedo evitar mirarte con una mezcla de completa admiración y muchísima envidia. ¡Ojala pudiera ser así!. Me siento diminuta al lado tuyo, pero me atraes con tanta fuerza que lo único que puedo hacer es quedarme estúpida ante tu presencia.
Te terminas tu cerveza y pedís una mas. Seguimos hablando y, por fin, te relajas un poco. Ya no te siento tan lejos de mi. Vas de a poco poniéndote mas vulnerable. Pero no demasiado, por supuesto. No importa lo mucho que me esfuerce para que confíes en mi, siempre noto ese miedo que tanto tratas de ocultar y que te impide abrirte con cualquier persona que quiera conocer que hay atrás de tus paredes internas. ¿Que te pudo haber pasado para que seas así?
Le das otro sorbo a tu pinta (a esta altura no te acordas si es la cuarta o la tercera). Nos miramos, y noto como lames tus labios de forma compulsiva e insoportable, ¿te estas poniendo nervioso?. “Anoche tuve un sueño rarisimo con vos”, me decís mientras te haces el lindo y tratas de ponerme nerviosa a mi. “¿Tanto te cuesta dejar de pensar en mi que hasta lo haces mientras dormís?”. Tu cara se torna roja. Me muerdo el labio, y sonrio. 
No te das una idea de la satisfacción que me producen todas esas veces en las que te quedas sin palabras.

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