Jackson Pollock — Número 1 — 1950

Catarsis al primer contacto

“Eres tan feo que podrías estar en un museo de arte moderno.”
Sgto. Hartman, La Chaqueta Metálica

Nunca he tenido interés por el arte contemporáneo. Tampoco en el arte per se. Me gusta escuchar buena música, ver buenas películas y jugar a apasionantes videojuegos. Y, si bien (a menudo) es más sencillo entender, tratar de profundizar y contextualizar obras de estos tres géneros, siempre que me he encontrado ante una obra de arte contemporáneo como el Pollock de la imagen, mis cejas se han arqueado.

No entiendo de qué va este arte. ¿Por qué es esto arte? No veo nada, no sé qué representa ni lo puedo llegar a intuir. Además, ¿por qué no puedo hacer yo lo mismo y ganar tantos millones de dólares como se ganan con estas piezas? ¿Esto es arte o negocio? ¿Cuánto snobismo hay? ¿Quién sabe apreciar esto?

Estas son buena parte de las ideas que surgían como primera reacción ante una pieza contemporánea. Pero un día quise saber más. Algo de esta magnitud tiene que tener algo más.

Damien Hirst — La imposibilidad física de la muerte en la mente de algo vivo–1991

Tengo la fortuna de conocer a personas que se mueven por este mundo, que lo han estudiado y que lo abrazan con pasión. Así que decidí dejar de opinar sin tener una base y pregunté a una amiga licenciada y Master en Historia del Arte.

Algún día me tendrás que explicar cómo funciona lo de comprar y vender arte moderno.

¿Cómo funciona esto? ¿Qué se valora? ¿Vale todo? ¿Cómo se puede pagar tantísimo por un garabato informe? Fueron algunas de mis preguntas. Tan básicas como sólo se pueden preguntar desde mi inexistente base. Ella me explicó qué debía leer, qué debía ver y en un gran ejercicio divulgativo, me invitó a acompañarla a una exposición de arte contemporáneo.

Esta master class sobre el terreno me ayudó a tener otra perspectiva, desde la cual he podido entender mejor de qué va todo esto. O, al menos, a no descartarlo de buenas a primeras porque «eso también lo pueda hacer yo». Pues esto no trata de la obra en sí misma. Está claro que todos somos capaces pintar un garabato en un papel. Pero no. Aunque suene a cliché, lo importante es su simbología, su mensaje y (y creo que esto es lo que menos se predica) lo que la rodea. Su contexto. Su marco social y cultural. Su historia. Su autor… En definitiva, hay que profundizar más allá de lo que uno ve para entender este arte. O por lo menos, para tener una mejor idea. La estética se hace a un lado para dejar paso a algo más trascendente. En cierto modo, la obra por sí sola carece de sentido. Si no intentas investigar sobre ella, o no te facilitan información, lo que se ve es lo que hay.

Aún así, a pesar de que se debe mantener una mente abierta, no hay que perder el espíritu crítico y el afán por investigar qué hay detrás, pues aquí tampoco nos libraremos de los charlatanes y oportunistas con ganas de hacer su agosto dando gato por liebre. Hacer la distinción entre artistas genuinos y aprovechados es complicado. Y a mi entender es una de las razones por las que este arte cuesta más de aceptar. Cuando uno crea una obra, en principio sabe qué quiere transmitir con ella, ya sea un mensaje simbólico o el hecho de generar una una reacción, un impacto en el espectador. Profundizar en ello no es trivial.


Jean-Michel Basquiat — Boy and Dog in a Johnnypump–1982

En una tarde no le da tiempo a nadie a comprender un mundo al que alguien le ha dedicado su vida. Pero sí es verdad que las cosas bien explicadas entran mejor. Y francamente, a nivel intelectual, la satisfacción es mucho mayor. Me sentía como un niño que aprende una palabra nueva o que aprende a ir en bicicleta. Entré algo reticente, curioso, y salí ilusionado y con ganas de más. De conocer más. Fue, en efecto, una catarsis provocada por un subidón que sólo algo como la curiosidad y las ganas de aprender pueden provocar. Y además, inesperado. Vamos, ¿quién me iba a decir a mí, un tío de números, ciencias y bits, que acabaría escribiendo algo sobre arte?

En todas las ramas del conocimiento es muy importante la divulgación. Titulares del tipo Tal artista vende un lienzo pintado de blanco por X cantidad infame de dinero creo que no ayudan. Y más hoy en día que rara vez se entra a leer una noticia. Tal vez en lugar de titular de esa forma convendría contextualizar la obra y enmarcarla en su propia totalidad. Puede que las personas, de esa manera, tuvieran una mejor predisposición y una mente más abierta. Y por supuesto las administraciones deben promoverlo. Invertir en cultura es tan beneficioso como necesario. Y verdaderamente es una pena que no hayan tantas personas con la suerte que yo he tenido. Es por ello que se debe promover globalmente la cultura y todo su entorno para así lograr una mayor aceptación y entendimiento, en este caso, del arte contemporáneo.