Más Allá del Inglés: Hemos Encontrado Vida en Español
El 10 de agosto publiqué mi primer artículo en Medium.
Éste es el tercero… No quiero decir con ello que me haya convertido en un viejo morador del lugar, ni mucho menos. Mis recuerdos aquí no alcanzan el mes de antigüedad, pero hay algo que ya estoy en disposición de decir…
Pocos días antes del 10 de agosto, había –¿aterrizado? No; amerizado tampoco, ni alunizado…– “amedizado” mi nave –esto vendría a equivaler a aparcar mi vehículo en el planeta Medium– por primera vez.
¿Has leído ‘El Marciano’, de Andy Weir? También puede que hayas visto la película, ese magnífico “solo” de Matt Damon –más bien un “a capela”– montándose un minifundio de patatas en Marte…

Yo hablo inglés y, por tanto, lo leo, por lo que mi situación en Medium no era como la del desamparado Mark Watney en el planeta rojo. Al llegar, yo encontré vida alrededor, encontré individuos, lugares donde salir, hablar, historias que conocer… Pero…
Lo que encontré en Medium no era lo que había venido a buscar.
Puede que me conozcas como uno de esos pocos fieles y locos portadores de la lengua española –aquí te dejo una pista– y esperaba encontrarme con algún otro por aquí.
No. Para ser sinceros, esperaba a muchos más. Pero al llegar –al amedizar– casi me vi solo, así que decidí plantar mi pequeño huerto de contenido en español. No te creas que ese huerto es ahora un latifundio, para nada. Está tal como estaba, con dos plantitas creciendo poco a poco y otra –ésta– recién plantada.
Pero uno de los trucos de la vida es que el agua la inicia y la propia vida se incita a partir de sí misma.
Y en tres semanas he visto nacer un delgado riachuelo y serpentear entre mi modesta plantación de letras españolas.
Entonces ha sucedido.
Han acudido loables criaturas que sí conozco. No las conozco de trato, sino porque proclaman la misma lengua que yo.
Y no hace falta más, porque a través del español y fuera de casa no solo nos entendemos, también nos conocemos.
En estas tres semanas que llevo en el planeta Medium, he visto a gente como yo abandonar su escondite, sacudirse el polvo y hacerse visible. Nos hemos conocido y eso ha sido fantástico.
Y es que, tras tres semanas de exploración, resulta que aquí sí hay lugares a los que ir: existen historias en lengua española. Y además son magníficas.
Y ahora, pregunto… ¿Por qué no ser más? ¿Por qué no unirnos todos?
Aquéllos que permanecen escondidos, que aparezcan allá por donde fluyen las palabras de nuestro idioma como un joven río cargado de vida. Que vengan a leer, que vengan a contarnos sus historias, que vengan a escribir. Y que lo hagan en español.
No sabía adónde iba a ir a parar mi primer artículo, y así lo dije, pero sí sabía que yo no había sido el primero en amedizar. Claro que no. Entonces pensé en Mark Watney y me sentí afortunado.
Y ahora, puestos de traje de héroe interestelar, haré como que me subo a una enorme duna roja, junto las manos ante mí en forma de “O” y proclamo:
¡Autores y autoras de España y Latinoamérica, no tengáis miedo! ¡Hemos encontrado vida! ¡Solo hay que leerla!
¡Solo hay que escribirla!
