ENTRAR @ en la nostalgia nunca es suficiente. A veces experimentamos ese buque armado de emociones que son las vivencias. Las palabras son suficientes para describir esa nostalgia diferencial, ese devenir incierto que es la vibra de la vida, que engancha al sentir que estamos viviendo de nuevo. Estar en lo estático, recuerdo y es como la acción que todos hemos realizado. Caminar con las primeras miradas, los primeros abrazos, las primeras experiencias. Sobre el asfalto, las piedras, la arena del mar, la humedad del campo, el parquet de la casa, la alfombra del baño, el césped del jardín, el mármol del centro comercial. Caminar descalzo, con zapatillas, sintiendo el frío, la hierba, caminar.

Se envuelven tantas imágenes con la acción. Tan oblicua que del peso todas las experiencias, memorias que envuelve la acción se desvincula del tiempo. Pudo ser aquí o allá, en la mañana o en la tarde. Lo interesante siempre amarrado a la situación, al movimiento, a la potencia de hacer y el olvido de uno mismo escondido por la conciencia. Y entender que esto sucede le devuelve a uno a combinar posibilidades, a respirar el tiempo y convertir en realidades las acciones. Comprender el barco, extender las velas y avalar el horizonte.

Entre susurros, entre despedidas, despistar con la ambigüedad y convertir en cartón los formatos, el medio, las imágenes, el significado de los sitios y los significantes. Convertir asimetrías en experiencias, entender la volatilidad de lo que es y la parsimonia de lo escrito que más que nunca en el medio, en lo local, en lo irrelevante del que escribe y el que lee se convierte en aroma de lo mojado y polvo de la imagen.