La historia del pájaro que dejó de cantar.

Esta es la historia del pájaro que murió de desamor.

Feo. Muy feito la verdad. Pequeñito, de plumas parduzcas.Pero con una voz tan poderosa como sublime. Un fenómeno extraño y más allá del humano entendimiento. Cuando este pájaro cantaba, cada quien escuchaba el canto más agradable posible a sus oídos. Había quien escuchaba citaras acompañadas de lluvia, otros escuchaban halagos, pero muy pocos habían tenido la suerte de verlo, en parte, porque jamás imaginarían que tales sonidos procediesen de un ave, y menos de una que a simple vista pareciera tan común.Este pájaro vivía en lo más profundo de un bosque donde los árboles eran mitad bestia y existían las cosas eternas.

Se cuenta que este pájaro había aprendido sus habilidades tras siglos de existencia. Era tan antiguo como los dinosaurios. Vio especies aparecer y extinguirse. Pocas cosas en este planeta son tan grandes para ser recordadas, o duran tanto. El pájaro conocía todos los sonidos ancestrales, podía distinguir los susurros de los pasos de todas las bestias, todas las voces habidas y los sentimientos que ellas expresaban.

Entonces este pájaro milenario, un buen día, que se encuentra con una niña. Pero no hablamos de cualquier niña, era la hija del rey Ricardo IIIIIIVXXXXMMM (Perdonarán la poca precisión histórica, es para dar a entender que es de la realeza, en un mundo paralelo, donde jamás existió la democracia o el comunismo).

Esta niña era hermosa. Era la conjunción misma de toda idea de perfección- lo invitamos a colocar usted mismo aquí su propia concepción de perfección- Y se asomaba todos los días por uno de los balcones del castillo, que tenía vista a su árbol mascota predilecto.

El pájaro, que tenía un catálogo enorme de referencia de criaturas hermosas, que había visto más de un trillón de flores marchitarse, jamás se había topado con algo igual. Hacía tiempo que no se cruzaba en su camino con alguna novedad, su existencia se había limitado sólo a alimentarse de la admiración de los hombres. Pero en esta ocasión se había enamorado. Entonces por primera vez cantó algo con amor, a los oídos de la joven llegó la melodía. Pero ¡vaya desfortunio!

Para la suerte del pájaro, la chica era sorda.

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