La libre expresión es un espejo que hacemos para ver nuestras almas. Si no podemos expresarnos, perdemos de vista lo que somos. El miedo tartamudea nuestra libre expresión. El miedo de fracasar, de estar equivocados, el miedo de no ser suficiente. El aguijón de la autocrítica, agudizado con la comparación, se aloja en la parte de nuestra creatividad, y la poesía única, dejamos de cantar. Pero no hay una manera incorrecta de ser vos. Practicar la no violencia mediante el abandono de la comparación. Cultivar la bondad donde quiera que conozcas dudas y temores. Aceptación saca espina: la aceptación de nuestra perfección única, de todos los hilos -la luz y oscuridad, colores incomparables y deshilachado- que tejen juntos para hacernos. Con la aceptación viene el amor, y el amor besa a la herida.

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