Bendita grieta entre el represor y el reprimido

Sergio Maldonado, hermano de Santiago.

Represión según la RAE: De reprimir // Contener, detener o castigar, por lo general desde el poder y con el uso de la violencia, actuaciones políticas o sociales.

¿Cuál será el antónimo de represión? ¿Será el conjunto de diferencias que existen entre vos y yo? ¿Entre el represor y el reprimido?

Bendita grieta hay entre nosotros. Cantidad infinita de contradicciones entre los dos.

Vos: El Estado y sus cómplices.

Yo: Un pueblo que no para de sangrar.

Vos siempre ahí, desde las distancias de clases y de género. Con todo tu aparato opresor y fascista. Siempre en contra de toda libertad: homofóbico, xenófobo, misógino, clasista, corrupto y asesino. Y así, podría seguir enumerando tus defectos todo el día.

Qué distintas son mis converse desteñidas de tus borcegos tácticos, llenos de barro y sangre. Menos mal que nos plantamos en veredas contrarias, menos mal que no estoy en tu línea de muerte y represión.

Vos, con tu frialdad y deshumanización, negando el calor y la empatía que debería caracterizarte por tan solo tu condición de ser humano.

Una vez asesinaste a mis hijos y te apropiaste de mis nietos, hoy desaparecés a mi hermano para difamarlo, para que tus amigos amarillistas mojen y manoseen un cuerpo, dejándome entrever que es él. El nivel de lo macabro lo superaste hace rato, ya ni sé por qué me sorprendo.

Y lo peor de todo esto son tus subordinados, que se levantan a las seis de la mañana, van a laburar y aún así no les alcanza el sueldo para comer o para mantener los estudios, pero como buen patrón, les das 20 minutos condicionales al día para masturbar su morbo, hacerle zoom a un cadáver y reenviarlo por whatsapp como un meme o un video porno.

Ellos ahí, avalando y yendo a votar sin ganas el domingo. Siempre descreyéndose de la política, como si fuera algo tangible y finito, como si no fuera todo lo que nos rodea: que son todos chorros, que un voto no cambia en nada y que son siempre los mismos.

Yo me descreo de ellos, pero creo en el pibe que no se quedó en el sillón y salió a caminar el mundo y el peligro de estar vivo. Creo en el que tuvo calor y empatía, y una injusticia ajena le hirvió las venas con la ferviente necesidad de manifestarse. Creo en ese mismo, en el que fue llevado por Gendarmería y las políticas asesinas del gobierno con su Estado de Emergencia.

Gracias a Dios que existe esa grieta moral entre nosotros. No habría destino más terrible que verme parado igual que vos. Hoy en día no tenemos ni lo blanco del ojo parecido y estoy agradecido de no tener ni una pizca de todo lo nefasto que supura por tus poros.

Un día leí en un libro de frases célebres algo que dijo alguna vez un revolucionario rosarino:

“No creo que seamos parientes muy cercanos pero si usted es capaz de temblar de indignación cada vez que se comete una injusticia en el mundo, somos compañeros, que es lo más importante.”

Así que sí, creo también en cada mundano al que se le pare la oreja, al que se le ericen los pelos de los brazos, al que se le entristezcan las cejas o se le incomode la garganta al escuchar ya sabemos qué nombre, porque esa persona también busca desesperadamente a su hermano entre los árboles y el río helado, pero sin perder de vista el paredón que rodea la base de Gendarmería.

Dejame creer en un antónimo para represión.

Aimará Ferro