La tristeza

Será un bicho que se irá gestando de a poco, así como un monstruito al que crecerán los dientitos hasta ser un monstruazo con colmillos y garras.

El coso en cuestión nacerá en tu garganta, y cuando ya sus bracitos cobren la vitalidad suficiente, los usará para aferrarse con mucha fuerza a tu cuello, atándolo y dejándolo casi sin aire. Entonces, cuando te tenga inmovilizado, el bicho se quedará sin espacio (porque seguramente crezca de forma gradual y desproporcional) y estirará sus patitas hasta la boca de tu estómago pisoteando todos los órganos necesarios. Al mismo tiempo, erguirá su cuello, acomodando la cabeza dentro de tu cráneo, pero no sin antes rasgar con sus cuernos todo al paso y lastimando tus ojos, dejándolos rojos de sangre salada.

La bestia, de golpe, rellenará de vacío tu estómago quitándote el hambre, y desplegará sus alas negras dentro de tus omóplatos hasta dejar asomar un par de plumitas oscuras por la piel de tu espalda.

Tendrás que empezar a convivir con él y hasta acabarás acostumbrándote a su presencia constante ¡Incluso he oído de gente que se encariñó! ¡Adultos que le venden algo así como vitaminas a otros adultos para que el animalito coma y siga ahí! ¿Podés creer?

Todo será agonía. Pero no te preocupes porque un día, así como si nada (o como si todo), despertarás transpirado y lagrimeando, sin noción de espacio y tiempo.

Felicidades, las pesadillas confusas de la noche anterior habrán sido solo sus últimos grititos agónicos antes de hacerse agua y desaparecer dejando un par de heridas.

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