A bordo del Jessica

Sergio es de esas personas que te sacan una sonrisa “tol tiempo” como dice él constantemente con su gracioso acento francés. Es de Montpellier, tiene 65 años y navega desde hace otros tantos. Se hace entender bastante bien en español ya que vive desde hace algunos años en Sant Carlos de la Rápita (Tarragona).

Vino a buscarnos al bar donde estábamos tomando café ya que Fernando, el camarero del Sol&Luna, haciendo gala de la amabilidad canaria, saltó a su barco para comentarle que había dos chicas que querían hablar con él.

Nos presentamos y nos invitó dentro del velero a hablar. El barco era muy amplio y estaba muy cuidado y limpio. Lo había adquirido en 2013. En nuestros interiores había una coro gritando ¡FLI-PA! pero lo disimulamos como si estuviésemos acostumbradísimas a frecuentar buques de ese calibre.

Desde el primer momento hubo mucha complicidad entre los tres, Sergio es una persona que desprende mucha alegría y simpatía, y fue todo muy fluido y espontáneo. Estuvimos charlando y contándonos cosas de nuestras vidas un buen rato, nos enseñó muchas fotos de su familia y amigos/as, su casa en Francia, su hija Jessica, sus nietas y las barbacoas con toda su gente en Montpellier. Buen conversador, disfruta de la vida y sabe saborear los momentos que ésta le brinda.

Navega desde hace muchos años, cuando era joven era patrón y ha tenido más veleros anteriores éste. Llevaba planeando hacer la travesía del cruce desde hacía dos años y en principio la quería hacer solo. Su destino era Martinica, una isla al este del mar Caribe, a la que aproximadamente se tardan tres semanas en llegar desde Canarias, siempre en función de la meteorología. Nos pareció una locura. Navegar exige, entre otras cosas, estar atento/a al rumbo que lleva el barco para poder anticiparse y hacer las maniobras necesarias que eviten cualquier impacto. Navegar en solitario, por tanto, supone un reto apto para gente experimentada y aventurera, ya que el descanso es interrumpido y poco saludable. Para mantenerse despierto y poder vigilar la panorámica, Sergio planeaba conectar varios temporizadores de cocina cada 15 minutos, comprobar que todo estuviera “ok” y volverse a dormir hasta el próximo cuarto de hora. Así durante casi un mes… Utilizando un tono sin grandes sobresaltos, nos contaba que ya lo había hecho anteriormente, como si no fuese nada extraordinario.

Sus familiares y amigos/as estaban deseando que alguien se uniera a su viaje para hacerlo más fácil y seguro. Sin embargo, parece que nadie le había hecho replantearse su hazaña en soledad, hasta que llegamos nosotras y sucumbió a la ilusión que desprendían nuestros ojos (jojo)… -Hoy mismo he descartado unos cuantos mensajes de vogavecmoi.com, ya llevo unos 140 desde que salí de Cataluña- nos dijo cuando le conocimos.

Después de toda una tarde de compartir historias y unas cuantas cervecitas nos fuimos a cenar y acabamos de sellar nuestro pacto con unos ricos chupitos de ron miel típicos de la tierra... ¡La tripulación del Jessica rumbo a Martinica se había triplicado y estaba al completo!

Sergio

Jessica es un velero Dufour 500 de 15 metros de eslora y unos 5 de manga, precioso, con todo tipo de comodidades a bordo y super bien equipado: aire acondicionado, tele, tres camarotes dobles a bordo con baño y ducha, y sobre todo, cuidado con mucho, mucho cariño.

Jessica

Imaginad nuestras caras de felicidad en la “guagua” de vuelta a Las Palmas aquella noche. Bueno, no os las imaginéis, son éstas:

Regreso de Puerto Mogán a las Palmas después de pasar la tarde/noche con Sergio

No nos lo podíamos creer, a veces es tan simple como estar en el momento adecuado en el sitio adecuado.

Al llegar quedamos con nuestros amigos barcostopistas que habíamos hecho esa semana en el puerto de Las Palmas y con Jesús (hola otra vez, ¡Jesús!), y tomamos más cervezas para celebrarlo, ¡Teníamos barco para cruzar el Atlántico!

Aceptando la generosidad de Sergio, después de un par de días, recogimos todas nuestras cosas del hostel donde vivíamos y nos trasladamos a Puerto Mogán, a la que iba a ser nuestra nueva casa móvil las próximas semanas. Teníamos por delante unos 20–25 días de travesía y unas 2700 millas náuticas por delante. La fecha de partida hacia Martinica estaba marcada en el calendario para el jueves 29 de Noviembre, si el tiempo lo permitía, si no, sería el sábado, 1 de diciembre. - En Francia no se embarca nunca los viernes, da mala suerte- dice “el capi”.

Travesía Gran Canaria- Le Marin, Martinica

Es curioso como una serie de coincidencias pueden cambiar las cosas en un momento, hace 7 días compartíamos habitación en un hostel con un señor que tenía en su mesita de noche una botella de whisky para coger el sueño y ahora “vivimos” en un velero con una camarote doble para cada una a punto de zarpar para el Caribe. (Yuhu!)

Una vez instaladas en nuestro nuevo hogar, comenzamos los preparativos para ultimar los detalles en el barco antes de empezar la travesía: Hacer la compra de provisiones de comida y agua, calculando unos dos litros por persona y día, dar unas lecciones generales del funcionamiento del barco (vela, gps, electrónica, bombas de agua), limpiar las tuberías del circuito de la potabilizadora, llevar el barco al varadero para limpiar el casco y pintarlo y arreglar alguna que otra cosa que faltaba.

La verdad es que la suerte nos ha sonreído porque Sergio es muy abierto, con una paciencia infinita y con una capacidad docente que es de agradecer. No solo vamos a cruzar el charco sino que nuestros conocimientos están aumentando por minutos.

Varadero de Pasito Blanco

Cada día salimos a comer o cenar ricos manjares de la zona, que suele ser pescado del día casi siempre (¡Sobredosis de proteína!), a correr por el pueblo aunque sea chiquitito, al menos estirar las piernas y sudar un poco. Una de las cosas que nos preguntamos es cómo nos sentiremos en la travesía sin poder salir a correr, pues forma parte de la rutina de ambas y creemos que es incompatible con navegar durante tantos días... ¡Veremos!

Sergio tiene muchos contactos en el pueblo, se lleva muy bien con todo el mundo y va por la calle saludando a todos los trabajadores locales. El otro día nos llevaron a una salida de avistamiento de delfines y ballenas aquí en Puerto Mogán. Salimos por la mañana navegando mar adentro unas dos horas y, de repente, empezaron a aparecer un montón de delfines saltando alrededor del barco y jugando por la proa, pasando por debajo…¡Vimos hasta una tortuga! Qué bonito es el mar, la naturaleza en general. Son esos momentos de conexión con el entorno natural los que te hacen replantearte el sentido de vivir y la manera que tenemos de estar en el mundo.

Delfines jugando al lado del barco
Delfín en la proa

Por último, os quería enseñar un sitio que hemos descubierto hoy Ainhoa y yo y que nos ha gustado mucho a las dos, las dunas de Maspalomas. Es una reserva dunar al sur de la isla, la cual tiene a un lado el mar y al otro dunas, dunas y más dunas, un bonito sitio para perderse y caminar un ratito.

Aquí os dejo unos fotos del sitio. Y con ésto y un bizcocho, nos vamos a ir despidiendo por un tiempito ya que, si todo va bien, zarparemos en tres días para Martinica y durante la travesía no tendremos internet, así que seguiremos retransmitiendo buenas nuevas cuando estemos en tierra firme ¡Al otro lado del charco!

Ya tenemos casi todo listo, a falta de un par de cosas que arreglar del barco y alguna compra de última hora, pero sobre todo tenemos muchas, muchas ganas de empezar esta aventura y de seguir aprendiendo: A navegar, del mar, de Sergio, de nosotras mismas… porque al final es de lo que se trata, ¿No?

Dunas
Haciendo el canelo
Ainhoa

¡Hasta pronto amiguitxs!