Consultorio 17, I.

MaríaJosé Gutiérrez
Nov 1 · 2 min read

Ayer fue la segunda vez que llegué por decisión propia a urgencias.

Una plancha en el piso del gimnasio inauguró seis días de mareos intermitentes y prolongados.

El mareo más fuerte que he tenido inició antier y no paró, así que me largué del trabajo y corrí a urgencias. Después de cinco horas de espera, llegué al consultorio 17, turno vespertino.

Un gordo sin bata, despeinado y casi gritando un “sí, mi amor” me recibió. (Dijo “sí mi amor”, porque pregunté toda mareada: ¿Dijiste MaríaJosé Gutiérrez?).

“Cuéntame mi amor, ¿qué tienes?”, fue lo segundo que me dijo con un tono entre maternal y cochino. Para una versión de Bukowski mexicano, lo maternal nunca se lee bien.

Después de preguntas personalízimas como: “¿qué te estresa de tu trabajo?”, “¿por qué no te fuiste a la playa?”, “¿por qué lo cortaste?”

(En menos de cinco minutos supo mi estatus laboral, sentimental, emocional y según él de salud).

Bueno, después de esas preguntas y de un categórico “¿bueno, qué quieres?, yo te ayudo” me pidió que esperara a su próxima consulta, o sea, que lo esperara dentro del consultorio. Yo: ¡¿Cómo?!, Él: “Sí, sí, escúchalo, es paciente de confianza, quiero que lo escuches y lo observes”.

Bueno.

El tipo entró, Javier pa fines de la historia, Javier entró con risa nerviosa y un morral lleno de papeles.

La “consulta” duró 10 min. La primera cosa que dijo el Bukowski fue: “¿cuántas pastillas diferentes estás tomando?”, “10”, “o sea, te tomas como 40 pastillas, ¿no?” Risa brava, “sí”. “¿Pero sí sabes que no estás enfermo de nada?” “Sí”.

Después de respuestas incómodas y preguntas aún más, salió.

Bukowski: ¿Quieres estar como él?

Yo con ojos chiquitos: ¿Cómo?

B: Así. Enferma de nervios.

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    Camino rápido.