O.

Es de tierra caliente del norte del país.

Mide cerca de 1.70m. Es moreno y hermoso.

No supe lo bello que es hasta que lo tuve bien cerca.

Me lo encontré durante meses en el elevador. Y después de un montón de “hola´s” súper impersonales, un conocido en común nos puso en una situación incomodísima. A partir de ahí, no tuvimos de otra más que hablarnos.

Los “hola” fueron suplidos por “vamos por un café”, “¿mariscos?”, “¿desayunaste ya?” y después “¿vamos a mi casa?”

Nunca fuimos al cine. Nunca fuimos a un parque. Nunca nos agarramos de la mano mientras caminábamos. Nunca nos dijimos “te quiero”.

En ese tiempo decidí salirme de Ogilvy. El día de mi despedida, pedísima, se quedó al lado de mí hasta que me quedé dormida. Nunca supe qué opinó de eso. ¿O, qué opinaste de eso?

Lo vi un par de veces más en su departamento. Me lo reprochó. Por qué escondernos en su departamento si podíamos jugar a ser novios en la calle, (eso de “jugar” fue cosa mía).

Después se fue a la playa, hablábamos por teléfono. Lo vi en su cumpleaños, me pagó la comida en el restaurante que yo elegí.

No supe cómo es que simplemente dejamos de hablar. Salimos de la vida del otro y fin.