Hambre en el Ártico canadiense

Canadá es un país rico, pero la inseguridad alimentaria en el norte está tan mal como en Siberia. El hambre azota a los inuit.

Gjoa Haven, Nunavut | Foto: Sarah Kamimmalik

Por Allie Jaynes

$46 USD por una bolsa de harina. $36 por 1 kilo de carne de res. $45 por una caja de leche de fórmula para lactante. Ese puede ser fácilmente un paseo por el supermercado para muchos habitantes del territorio Nunavut en el norte de Canadá, donde algunos de los productos más básicos pueden costar tanto como un fino filete en un lujoso restaurante en Nueva York.

Nota: Precios reflejados en dólares canadienses— unos 80 centavos por dólar estadounidense a la fecha de publicación. Fotos remitidas por Angela Allurut, Josh Kalluk yJulia Chayuk Illuitok para Feeding My Family.

Los productos en las tiendas de Nunavut usualmente cuestan dos o tres veces más que en el resto de Canadá. Los altos costos de transporte y la pobreza, entre otros, contribuyen a que empeore el problema en toda la región: hambre e inseguridad alimentaria. Y es un problema que impacta de manera desproporcionada en el pueblo indígena inuit, que representan el 84% de la población de Nunavut.

Kirby Tungilik lo experimentó de primera mano.

El territorio de Nunavut. Kirby Tungilik vive en el remoto poblado de Gjoa Haven, lejos del capital, Iqaluit.

Tungilik vive en Gjoa Haven, un pueblo en el que se registran algunos de los precios más altos de la región.

Él, un inuit de 30 años, dice que se siente afortunado: trabaja en una arena de hockey y dice que gana unos USD 2.200 al mes. Aún así, confiesa que hay meses en los que, por cuatro o cinco días, no tiene suficiente para comprar los alimentos para sus hijos pequeños. Un 60% de niños y niñas en Nunavut están en riesgo alimentario, lo que significa que enfrentan un limitado acceso a la nutrición o alimentación adecuada. Eso es cuatro veces más que el promedio canadiense.

“Sé que tengo un trabajo, pero sólo el trabajo no ayuda de mucho, porque todo aquí es muy caro,” dice Tungilik.

Cuando la mayoría piensa en Canadá, como un país rico e industrializado, considerado entre los mejores lugares para vivir en el mundo, normalmente no se les viene a la mente una imagen de hambre espantosa. Pero la seguridad alimentaria en el norte de Canadá “es, de hecho, junto a la lejana región occidental de Rusia, la peor situación, hoy por hoy, en el Ártico,” dice Mikå Mered, un analista político que se enfoca en asuntos de los polos.

¿Por qué rayos es tan cara la comida ahí?

Bueno, hay muchos factores, pero el transporte es el más relevante. Mered dice que hay una infraestructura deficiente, como carreteras y puertos para transportar los productos en el Ártico canadiense, así que la mayoría de alimentos son enviados por aire, lo que los encarece. También hay poca competencia de aerolíneas en la zona, dice Mered, por ello suben los costos. Y si no hay competencia en la variedad de productos, los revendedores pueden elevar los precios y aún así mantener un mercado cautivo.

No, en serio. Fotos: Angela Allurut

¿Por qué se ven tan afectados los inuit por estos precios disparatados?

En el Ártico canadiense, hay una “trampa de pobreza,” dice Mered, y está compuesta de tres partes:

  1. A menor educación, menor acceso a empleos: Mered dice que las oportunidades limitadas para estudios superiores en el Ártico canadiense significan que “el promedio local en Nunavut tiene menor nivel académico que alguien del sur.” Eso quiere decir que los empleos de nivel superior son para los foráneos, quienes podrían recibir un salario casi cuatro veces más alto que el de un local, lo que los atrae al norte. Y estos altos salarios inflan el precio de los alimentos.
  2. La comida en el supermercado es cara: Sin la educación para conseguir un trabajo bien pagado, los precios del supermercado son inalcanzables, sin mencionar que 1 de cada 5 inuit está desempleado.
  3. La gente está cazando menos que antes: Los inuit dependían de la caza y la pesca por milenios, pero la colonización cambió eso. Ahora dependen del sistema de mercado que es sumamente caro. Aquellos que saben cazar no tendrán el tiempo, porque trabajan cinco días a la semana, con frecuencia en trabajos poco remunerados. Ah, y la caza también es cara: balas, gas, repuestos para motonieves, todo suma.

Entonces, ¿qué hacen para combatirlo?

El gobierno de Canadá tiene un programa para combatir el hambre en el Ártico, pero no es necesariamente efectivo. Nutrition North, lanzado en 2011, está diseñado para mantener los precios bajos al proveer de subsidios a los revendedores, quienes deberían transferirlos al consumidor final. El gobierno dice que el programa funciona, pero un reporte del Auditor General de Canadá lo desacredita, señalando que fallaba al identificar cuáles son las comunidades que necesitan más que otras los subsidios, y que no verificaba si los revendedores estaban realmente transfiriendo los subsidios a los consumidores finales.

Así que muchos inuit están tomando sus propias medidas. Una de las más reconocidas activistas es Leesie Papatsie, quien empezó con Feeding my Family, un Grupo de Facebook y una organización que pretende concienciar sobre el hambre en el norte. En respuesta, otros grupos como Helping Our Northern Neighbours, busca que familias del sur manden cajas con alimentos a las familias del norte, y Feeding Nunavut, que aboga por mejores políticas de seguridad alimentaria.

Y también están los grupos pequeños, grupos locales, como el recién creado Anniumapkainiq Food Bank Committee en Gjoa Haven, de lo cual Kirby Tungilik es miembro. Quieren recaudar fondos para iniciativas como un programa de merienda escolar, y ayudar a costear las tarifas de envíos de los paquetes que llegan de Helping Our Northern Neighbours.

Tungilik espera que con un poco de ayuda, él y sus vecinos puedan alimentar a sus hijos, todos los días de la semana.

Traducción por Carlos Mendoza

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