Carta Para Nadie VIII

En la vorágine de emociones y sentimientos que me pasan de día a día, entre canción y canción, en ocasiones me descubro escribiendo cosas como la que leerán a continuación. Cansado de escribirlas en el aire he decidido plasmarlas aquí para inspiración o recreación de usted, mi querido lector. A pesar de lo que usted pueda creer, éstas cartas tienen un destinatario en blanco. O no. Lo dejo a su elección.

Querida mía:

Necesito que me devuelvas ciertas cosas, pues después de varias semanas en que no has estado en la casa te debo decir que las echo en falta. Si no te molesta, espero me las puedas regresar tan pronto te sea posible.

Regrésame las noches de sueño que te llevaste cuando saliste por aquella puerta diciéndome tu último “te amo”. Regrésame el cuadro con nuestra foto favorita, aquella que solías poner en la sala hasta que decidiste que la preferías en tu oficina.

Regrésame mi libro favorito, aquel que tomaste de mi librero cuando te enteraste que me encantaba y decidiste que querías leerlo para poder hablar de él cuando yo no pudiera dormir en la madrugada.

Regrésame mis canciones favoritas, aquellas que eran solo mías pero que hiciste nuestras cuando encontraste entre sus letras nuestra historia. Desde que te fuiste no me suenan igual, desde que te fuiste ya no las puedo cantar.

Devuélveme aquella noche que compartimos bajo las estrellas, cuando el parque era solo para nosotros y donde nos quitábamos el frío con extensas dosis de caricias. Devuélveme la sonrisa que te llevaste, la facilidad de reírme de los chistes malos y aquel hermoso placer de recorrerte el cuerpo con mis labios.

Si todo eso no cabe en una sola caja puedes olvidar las cosas más grandes, pero por favor recuerda las siguientes cosas esenciales. Regrésame los sueños de los viajes, los planes de cumpleaños, la costumbre de amarnos de madrugada y el delicioso café que preparabas en las mañanas.

Devuélveme el desayuno sabatino con las risas sobre las travesuras de la semana. Devuélveme las citas en tu restaurante favorito, los bailes en medio de las plazas y caminar tomados de la mano en las tardes más soleadas.

Regrésame las ganas de soñar despierto, la precaución que me inculcabas cuando conducía al trabajo, las tardes de compras y los regalos de aniversario.
Regrésame los besos en la frente que te di, las caricias después de una tarde de trabajo complicada y los domingos de ver películas recostados en el sofá.

Cariño mío, regrésame los sueños que compartimos, los momentos que vivimos y las promesas que nunca cumplimos. Aquí te dejo la llave de la casa cuando las vengas a entregar o si prefieres te la devuelvo por si decides regresar.

Sé qué tal vez es mucho lo que pido de vuelta, pero es que sin todo eso no encuentro bajo las sábanas el mismo calor. Cariño mío, te anexo un “te quiero” más y un hasta pronto. O un hasta nunca. O un hasta siempre. Lo dejo a tu elección.

A.