Porqué emprender es una porquería, que todo mundo debería probar.

Después de haber perseguido durante un año el sueño de “emprender” mi propia empresa hoy estoy aquí para platicarles un poco de mi experiencia. Espero puedan disfrutar de esta historia tanto como yo la disfruté/sufrí.

Corrían los primeros meses del 2016 y yo me encontraba en una de las mejores etapas de la juventud. A un año de haberme graduado tenía una vida profesional exitosa, había cientos de retos a mi alcance, gozaba de una increíble armonía familiar y estaba saliendo con una maravillosa, hermosa y divertida mujer. Vaya, que ni yo me lo creía. Parecía que con 22 años había descifrado el sentido de la vida. Sin embargo, tenía un reto en especial que sabía quería enfrentar pronto: emprender.

El “mosquito” ya me había picado meses atrás, pues me empezaba a reunir con personas que ya estaban por ese camino y a pesar de las dificultades de las que platicaban se les veía extasiadas. Así que pensando en lo joven que me sentía, lo inteligente que me consideraba (¿que ingenuo, verdad?) y que lo peor que me podía pasar era simplemente no lograr la creación de esa deseada empresa decidí redactar la carta de renuncia, entregarla y lanzarme con la frente en alto a la aventura.

Junto a mi, un querido amigo tomó la misma decisión. Incluso presentamos nuestra renuncia el mismo día y a la misma hora. Estuvimos juntos durante toda la travesía y hoy es una de las personas en quien más confío. Evidentemente no estuvimos solos: sin importar la idea en turno, siempre tuvimos grandes personas que nos apoyaron y nos impulsaron por el camino. De los equipos de ayer hoy puedo contar con grandes mentores y amigos, a los que agradezco por todo lo que me han escuchado, dicho y enseñado.

Emprender tiene sus lados buenos y malos, increíbles y espantosos. Reconozco que esta decisión me dio una nueva mentalidad, un invaluable aprendizaje e incluso una nueva forma de verme a mí mismo. Pero también perdí muchas cosas. Perdí estabilidad, salud, personas y dinero. Emprender se ha vuelto una de las mejores y peores decisiones que tomé.

Situaciones en las que nunca imaginé estar. Apuesto que Domingo tampoco. 
The Pitch México. Septiembre 2016

A poco menos de un año de esa carta de renuncia aquí están las razones de porqué pienso que emprender es una porquería, pero una porquería que todo el mundo debería de probar.

Eres invencible, hasta que te derrotan

Todas las victorias, por pequeñas que sean, te saben a gloria. Desde conseguir un cliente, que un mentor te conteste un correo o que el sitio web por fin sirva. Son esos momentos los que te hacen darte cuenta que puedes lograr que las cosas sucedan. Porque no importa que tan fácil sea algo, no se va a hacer sólo. Cuando tu trabajo logra impulsar esos cambios te das cuenta de tu potencial, te das cuenta que todo está en ejecutar. Y saberte capaz es el mejor licor que puedes probar.

Si. Las derrotas duelen. El perder una convocatoria, un usuario o darte cuenta que tu idea no es tan maravillosa como pensabas. Duele. Pero ese dolor te hace darte cuenta que puedes equivocarte. Que no importa que te sientas un titán, porque sigues siendo humano.

Al final comprendes que no hay mejor camino hacia la humildad que el reconocer tu capacidad de lograr pero también de equivocarte.

Te pierdes a ti mismo, hasta que te encuentras

Cuando empiezas con este proceso crees conocerte a ti mismo. Piensas que sabes qué puedes y qué no puedes hacer. De pronto, la realidad te cae encima como una enorme ola y tienes dos opciones: nadas o te hundes.

Nadar es una gran decisión. Nadar te hará tener más confianza y seguridad. Sin importar si la ola te arrastró o lograste atravesarla, serás más fuerte. Porque cuando nadas, llegas a costas donde no pensabas llegar antes. Habrás hecho aquello que no creías poder hacer. Habrás descubierto algo nuevo sobre ti.

Pero no siempre eres capaz de nadar. Porque no siempre estás viendo hacía donde viene la ola. Y cuando te golpea te hundes. Sin avisarte o dejarte tomar aire. Te hundes. Y es cuando eres más vulnerable que nunca. Ahí, bajo esa presión, tienes la oportunidad de llorar, desesperarte y gritar. Pero también tienes la oportunidad de calmarte, conocerte y amarte. Te recomiendo que aproveches todas esas oportunidades pues te liberarán y sentirás como tus pulmones se llenan de un nuevo aire.

Sin importar que pase, habrás conocido un nuevo tú. ¿Duele? Como no te imaginas. Pero el acero no se forja con caricias, sino a altas temperaturas y presión. Y así forjas a un nuevo tú.

Apuestas todo. Pero la casa nunca pierde

Emprender es un riesgo. Es como una apuesta. Un juego donde sólo los que ganan reciben la fama, la gloria y el dinero. ¿Y los que no ganan? Nada. Sí, nada. ¿Cómo cualquier apuesta, no?

Pero lo que nadie te cuenta es que aunque “ganes” no hay forma de que escapes sin pagar un precio. Aquí dejas propina al croupier sí o sí. Y más te vale apostarlo todo, porqué si no estas dispuesto a apostarlo todo, te va a salir peor. True story.

Aquí inviertes. Te inviertes: das tu tiempo, tu dinero y tu energía. Pero también das tu estabilidad (financiera, emocional, psicológica), tu salud y hasta tus miedos. Y es por eso que nada vuelve a ser igual. Nunca más. Tu familia no te verá igual. Tus amigos no te verán igual. Tu pareja no te verá igual.

Tú, tus amigos, tu familia y tu pareja cambiarán. Algunos se irán y otros más llegarán. Algunos estarán ahí para celebrar el triunfo y algunos estarán ahí para ofrecerte ayuda cuando necesites levantarte del suelo. Estarán los que quieran estar y se irán los que quieran irse. Pero no es porque algo esté mal. Piénsalo: si hay ocasiones en que ni tú confías en ti, ¿cómo es que los demás pueden confiar en ti?

No. No es malo. Y no has “echado a perder tu vida”. Solamente es diferente. ¿Diferente malo o diferente bueno? Eso es decisión tuya. ¿Quieres ser el fénix o las cenizas?

Responde correctamente a esa última pregunta y nunca más habrá imposibles para ti.

Todo te sabe distinto

Es en serio. Las comidas, el café y hasta el postre. Pero no sólo eso: los besos, los abrazos y los atardeceres también tienen un nuevo sabor. Y es que emprender es una especia para la vida.

Emprender te hace valorar lo que pierdes hasta que lo ganas de nuevo. Aprendizajes, viajes, conversaciones, miedos y sorpresas. Te das cuenta lo que la palabra pasión significa. Y si eso no te hace vivir distinto, querido lector, no sé que más podrá hacerlo.

Valoras más aquel fin de semana con tu familia después de llevar meses sin comer con ellos. Valoras más los consejos de tus mentores ahora que entiendes que ellos pasaron por las mismas o peores circunstancias que tú y las superaron. Valoras más las tardes con tus amigos cuando ríes hasta que te duele el estómago. Valoras más los besos en la frente después de haber pasado la tarde con dolor de cabeza. Valoras más los abrazos cuándo llevas esperando uno todo el día. Por supuesto, te valoras infinitamente más a ti mismo.

Compartes todas tus nuevas experiencias, aventuras y desventuras con la gente que ya estaba y con la que va llegando. Y eso te abre a un mundo distinto.

¿Deberías intentarlo? Absolutamente

Las personas que están lo suficientemente locas para pensar que pueden cambiar el mundo, son las que lo hacen - Steve Jobs

Pienso y sostengo lo que dije al principio. Emprender es una porquería. Una porquería que todo el mundo debería intentar. No, tampoco crean que le estoy deseando mal a la gente; todo lo contrario.

Como he explicado, emprender te hará perder estabilidad, control, identidad, dinero y personas. Pero emprender te permitirá conocerte, reinventarte, aprender y disfrutar de nuevas maneras. Te permitirá apasionarte sobre lo mejor que tienes en tu vida: tú.

Hoy más que nunca nuestro país y el mundo entero necesitan emprendedores. Porque son aquellas personas de acción que deciden mover la historia hacia nuevos horizontes. Son personas que se mueven.

No. No tienes que renunciar a tu trabajo para emprender (que tarde aprendí eso, ¿verdad?). No tienes que crear una empresa de tecnología para poder ser llamado emprendedor. Tampoco tienes que cambiar todo el mundo. Pero lo que sí tienes que hacer es arriesgarte, ejecutar y tomar la dirección de tu vida para llegar a ese destino. Y por supuesto, disfrutar del viaje.

Así que hoy, mi querido lector, lo invito a que emprenda. Emprenda y empiece ese negocio con ese socio. Emprenda y empiece a hacer esa app. Emprenda y reserve ese vuelo. Emprenda e inscríbase a esa clase. Emprenda y vaya a hablarle a esa chica o a ese chico.

Emprenda. Porque emprender cambia tu vida y tu historia. True story.

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