Derechos de Autor en la Era Eléctrica

Artículo 17 de la Constitución Nacional

Art. 17.- La propiedad es inviolable, y ningún habitante de la Nación puede ser privado de ella, sino en virtud de sentencia fundada en ley. La expropiación por causa de utilidad pública, debe ser calificada por ley y previamente indemnizada. Sólo el Congreso impone las contribuciones que se expresan en el artículo 4º. Ningún servicio personal es exigible, sino en virtud de ley o de sentencia fundada en ley. Todo autor o inventor es propietario exclusivo de su obra, invento o descubrimiento, por el término que le acuerde la ley. La confiscación de bienes queda borrada para siempre del Código Penal argentino. Ningún cuerpo armado puede hacer requisiciones, ni exigir auxilios de ninguna especie.

Autor: Alejandro María Correa (alexcorrea@toctumi.com)

1 — INTRODUCCIÓN

Las obras e inventos que provienen de la mente humana fueron a lo largo de nuestra civilización el motor del progreso tecnológico, cultural, científico e incluso espiritual. Ayudaron siempre, en sintonía con uno de los objetivos del Preámbulo de la Constitución Nacional, a “promover el bienestar general”. A la luz de éste fin se analiza este tema.

Durante mucho tiempo las obras e inventos creados por personas pertenecían naturalmente a la comunidad, y fue desde la creación de la imprenta que comenzaron a delinearse los llamados “derechos de autor” y sus creadores a percibir regalías por sus obras.

En nuestro país las leyes que protegen actualmente a los autores e inventores son del siglo XX y fueron creadas de acuerdo a la situación que exigía ese momento. La Constitución de 1853 se redacta y aprueba en medio de grandes debates en el que participaron numerosas figuras destacadas del ámbito político, intelectual y económico. En lo que respecta al artículo de la Constitución Nacional que nos ocupa, se tuvo en cuenta para su redacción a la rápida proliferación de la llamada “Revolución Industrial”. Se estaba viviendo un cambio económico-social sin precedentes y era vital crear una norma que promoviera el desarrollo de nuestro país. Por eso era clave crear seguridad jurídica a las potenciales inversiones extranjeras y a la vez promover el desarrollo de la creación.

Hoy la propiedad exclusiva de una obra es de su autor. La Constitución es muy clara cuando le otorga a los autores e inventores el derecho de propiedad sobre sus obras, pero sin embargo reserva para el Estado, a través del Congreso, el atributo de otorgar privilegios exclusivos temporales. Con este atributo diferencia la propiedad de una obra, descubrimiento o invento de la propiedad como dominio.

Pero ¿qué lleva a un autor a desarrollar su obra o perseguir concienzudamente la cristalización de un invento? ¿Lo impulsa únicamente un deseo comercial? No hay, por supuesto, una respuesta general a estas preguntas, pero los hechos nos muestran que las obras de los individuos logran su objetivo cuando empiezan a ser parte del saber popular y se aplican o utilizan para aquello para lo que fueron gestadas, más allá del beneficio material.

En nuestros días se están produciendo grandes cambios tanto en la producción como en el consumo de las obras surgidas de la creación humana de la mano de la explosión tecnológica que vivimos. Pues, cuando se modifican los entornos y los medios, también se modifican las costumbres. Entonces se hace necesario repensar también las reglas con las que se deben acompañar a esos cambios.

Los derechos de autor se encuentran hoy en una inédita situación como consecuencia de estos cambios, sobre los que no podemos ni imaginar sus alcances, y que se suceden a una velocidad vertiginosa, impactando a todos los órdenes de la vida. El acceso casi irrestricto a la información, a través de la difusión de los medios electrónicos, no sólo está produciendo una inédita situación de “conocimiento democrático”, sino que además está iniciando un cambio en el paradigma de lo que la industria del conocimiento y el entretenimiento estableció como reglas o pautas a lo largo del siglo XX.

Estos cambios van acompañados de la participación de grupos de interés independientes que van adquiriendo cada vez mayor protagonismo y poder como para modificar o impulsar leyes. Una poderosa opinión pública que logra una voz cada vez más presente y hace que la aplicación de las leyes algunas veces deban ser reinterpretadas, se permitan excepciones o se impulsen nuevas legislaciones. Sin dudas podríamos establecer un paralelo en la situación de la propiedad intelectual entre la época de la redacción de la Constitución de 1853, inmediata a la “Revolución Industrial”; y nuestros días, en los albores de una revolución tecnológica. En ambas épocas se plantean desafíos muy complejos por los cambios radicales que se producen.

Actualmente los medios y soportes adquieren un rol protagónico y surge una creciente y nunca imaginada producción de obras a las que se accede de diferentes formas. A los sistemas tradicionales de distribución y venta de estas obras, se han agregado diferentes medios de intercambio, muchos de ellos informales, en los que no existe transacción comercial. Esta modalidad está produciendo un creciente debate alrededor de los derechos de autor, el cual no podemos soslayar al referirnos a este tema. Autores independientes, asociaciones y empresas están haciendo oír sus voces, implementando estrategias y aplicando la acción directa de sus posiciones.

2 — CAMBIO DE PARADIGMA

Es oportuno comenzar con el análisis del tema que nos ocupa haciendo primero una sintética descripción del escenario social y tecnológico en el cual nos encontramos. Desde hace años se viene hablando sobre el advenimiento de una nueva era. Bajo este concepto se han creado diferentes frases como La tercera ola, La era de la información, La revolución digital, La aldea global, etc. A lo que refieren estas frases es algo que muchos filósofos anticiparon y que hoy estamos viviendo. Tiene que ver con el acceso irrestricto a la información; a la interconexión entre las personas mediante sistemas telemáticos; a la conformación de redes de individuos y organizaciones de intereses comunes sin ningún tipo de frontera; y al cambio en el paradigma de los soportes sobre los que se distribuyen y publican las obras de carácter intelectual, entre otras cosas. Esto nunca antes había sucedido. Este cambio, en el que los medios de comunicación y transmisión de datos son protagonistas, han hecho que el mundo cambie de tal manera que no solo se modifican los soportes de comunicación; también cambian los sistemas de percepción de las personas y sus costumbres.

Podríamos citar miles de ejemplos que tienen relación con el tema y que impactan profundamente tanto a las personas como a las empresas. Marshall McLuhan, uno de los más destacados filósofos del siglo XX, llegó a predecir que los cambios que se avecinaban no solo afectaban las costumbres sino que también producirían cambios fisiológicos en las personas. “…la tecnología forma parte de nuestro cuerpo.[1]” Aunque muchas veces sus textos fueron vistos como mensajes crípticos que profetizaban un futuro lejano, en su libro “La comprensión de los medios como las extensiones del hombre” se explaya en sus teorías, las que fueron aceptadas y puestas en práctica por muchas universidades y empresas en el mundo. En la visión de McLuhan las personas vivirían en mundo utópico de total interconexión. En el que los medios tomarían un papel central en la vida de las personas al punto que modificarían sus costumbres y sus relaciones interpersonales. Para él, el anterior cambio de paradigma había sido la escritura y luego la invención de la imprenta. Este invento, que permitió la duplicación de la información y que de alguna manera logró ampliar el conocimiento en forma exponencial, iba a poner fin a la transmisión “boca a boca”, lo que modificaba la cultura del hombre, hasta ese momento “auditiva” a una cultura visual, lineal. “Nadie quiere un vehículo de motor sino hasta que hay un vehículo de motor, y nadie se interesa por la televisión sino hasta que hay programas de televisión. Este poder de la tecnología para crear su mundo propio de demanda no es independiente de que la tecnología es, ante todo, una prolongación de nuestro cuerpo y nuestros sentidos. Cuando quedamos privados de nuestro sentidos de la vista, los demás sentidos toman a su cargo, hasta cierto grado, el papel del primero. Pero la necesidad de que se empleen todos los sentidos que haya disponibles es tan insistente como lo es la de respirar, hecho que nos hace comprensible el impulso de tener prendida la televisión y la radio más o menos incesantemente. El impulso de uso continuo es totalmente independiente del “contenido” de los programas públicos o de la vida sensorial privada, y nos da testimonio de hecho de que la tecnología forma parte de nuestro cuerpo. La tecnología eléctrica está directamente relacionada con nuestro sistema nervioso central…”[2] Un dato muy importante para el tema que nos ocupa es que con la aparición de la imprenta es cuando surge el reconocimiento de la propiedad intelectual y las regalías. Con ese cambio, se modifica radicalmente la visión que existía hasta entonces sobre el conocimiento y el papel del autor (aunque muchas veces el editor) como propietario exclusivo de su obra.

McLuhan murió sin haber visto la explosión de los medios electrónicos como la televisión por cable e Internet, pero de todas formas los anticipó y profetizó que estos medios traerían nuevamente a la humanidad la cultura tribal en la que las personas pasan de una cultura visual a redescubrir todas sus capacidades sensoriales. Sin dudas, sólo el tiempo terminará validando, o no, a sus predicciones. Son cambios que exceden a cuestiones del orden material para adentrarse casi en lo metafísico. Pero sin querer entrar en disquisiciones filosóficas, hay hechos concretos que se están viendo y que modifican el status quo de la comunicación y el consumo de las obras de carácter intelectual.

a) — ¿Bienes tangibles o bienes intangibles?

Es muy difícil valorar a una obra surgida del intelecto humano pues no necesariamente se pueden aplicar a ella las reglas del mercado de la oferta y de la demanda. Un descubrimiento puede llevar una vida de investigación o producirse por casualidad en un instante.

En el artículo “El plagio” publicado por Gisela Gaffoglio, la autora dice “También es menester indicar que la obra es independiente del soporte físico en el cual ella se encuentra materializada, la obra es el contenido, no el continente. Es un bien intangible que no se encuentra limitado por su materialidad.” [3]

Este es un punto muy interesante. Un libro que contiene una obra maestra o uno que publica un bodrio cuestan lo mismo, según el tipo de edición. Esto sucede pues a la hora de otorgar un precio al libro no se aplican criterios estéticos sino industriales. Lo mismo sucede con un disco de música o con una película en DVD. El precio lo da el soporte y no el contenido. Por otra parte, la gente no paga por la calidad sino por el tipo de información y el medio que lo contiene. Una llamada telefónica importante cuesta lo mismo que una trivial.

Un ejemplo que es muy claro respecto de lo que le da valor a un contenido es el soporte, se puede aplicar a las leyes y a la jurisprudencia. Si bien los fallos y sentencias son de dominio público, hay editoriales cuyos ingresos provienen de la venta de la publicación de las mismas o del acceso a sus archivos electrónicos. Aquí, además del soporte, adquiere valor su clasificación y archivo.

La emisión de un programa de televisión abierta nos llega en forma gratuita. Unas veces nos muestra producciones de altísimo costo y otras, una película de dominio público que no le genera costos de producción al canal. En ambos casos el costo lo asume el emisor pues lo solventa con publicidad. Le cuesta lo mismo al canal que a sus programas lo vean una persona o varios millones. Aquí el esquema de valorización es diferente. El profesor de Harvard, Benjamin Compaine lo dice con las palabras de un economista “En los medios impresos, el contenido de información es en realidad el bien público, mientras que el producto físico –papel y tinta- es un bien privado… Por lo tanto para las emisoras y editores el incentivo consiste en incrementar la circulación o la audiencia de un producto, ya que esto añade poco o nada a los costos marginales, mientras que justifica la obtención de un ingreso marginal más alto proveniente de los anunciantes, bajo la forma de tarifas de publicidad más elevadas.” [4]

Estos ejemplos nos muestran que si bien el “contenido” es la obra, en realidad no es éste el que fija el valor, sino el soporte.

Entonces comienzan a aparecer situaciones que ponen en un nuevo escenario al autor y a sus derechos. Unos buscan su resguardo y otros deciden renunciar a ellos como forma de posición ante este nuevo paradigma.

b) — La información quiere ser gratuita

He tomado deliberadamente el título de este ítem de un capítulo del libro « El laboratorio de medios — Inventando el futuro en el M.I.T.», de Stewart Brand. En dicho capítulo el autor hace un detallado análisis sobre los desafíos que enfrentan autores y empresas ante la proliferación de dispositivos electrónicos que permiten la duplicación de información. “La información quiere ser gratuita porque distribuirla, copiarla, recombinarla se ha convertido en algo muy barato, demasiado barato para ser medido. Quiere ser cara porque puede tener un valor inconmensurable para el destinatario. Esta tensión no desaparecerá.”[5]

Cuando apareció la fotocopiadora los editores de libros se enfrentaron a una situación que los puso en pie de guerra, se sintieron indignados, amenazados y atemorizados. Al punto que incluso quisieron prohibir la fabricación de las fotocopiadoras. Lo mismo sucedió en la industria musical con la aparición de los sistemas de grabación casera de los llamados “casetes” y luego con las distribuidoras y productoras de cine con las grabadoras de VHS.

Por su parte, Nicholas Negroponte, director del Laboratorio de medios del Massachussets Institute of Technology (MIT) y conocido gurú de “lo que vendrá” es bastante apocalíptico respecto de la propiedad de los derechos de autor, ya que dice “La legislación referida a los derechos de autor (copyright) está pasada de moda… Pero como es un proceso reactivo es probable que deba fracasar rotundamente antes de que sea corregida”[6]. Negroponte basa estos comentarios en que con la aparición de Internet, todo lo que está allí contenido puede ser utilizado casi sin restricciones. “Nadie tiene una idea muy clara sobre a quien y qué se paga en la Internet, pero, aparentemente, casi todo es gratuito para la mayoría de los usuarios”[7]

Acaso estemos hoy en los albores de aquella biblioteca que imagino Jorge Luís Borges en su cuento “La biblioteca de Babel”. Una de sus frases resulta análoga a la fascinación que despierta hoy internet: “Cuando se proclamó que la Biblioteca abarcaba todos los libros, la primera impresión fue de extravagante felicidad. Todos los hombres se sintieron señores de un tesoro intacto y secreto.”[8]

c) — Los defensores de los derechos de autor libres

En sintonía con los cambios que se están produciendo en los medios electrónicos y el acceso a la información es que desde hace tiempo están surgiendo diferentes grupos de interés que promueven la distribución de obras libres de derechos de autor. Pero no son los que hacen uso del material “pirata” los que promueven estas acciones sino que, curiosamente, son los que desarrollan las propias obras. Los casos a citar son innumerables y alcanzan a casi todas las disciplinas de creación intelectual. Músicos famosos que no sólo defienden la libertad de los derechos mediante declamaciones sino que publican sus obras para que puedan ser “bajadas” de Internet en forma gratuita. Escritores que ponen a disposición del público todas las obras de su fondo editorial. Desarrolladores de software que compiten codo a codo con las grandes corporaciones mediante la distribución de programas y sistemas operativos gratuitos y de “código abierto”, como para que cualquiera pueda modificarlos de acuerdo a sus necesidades.

El caso de la enciclopedia Wikipedia (www.wikipedia.org) es muy interesante pues además de ser de acceso gratuito, su creación y continua evolución es producto de una tarea colectiva en la que puede participar cualquiera que lo desee y sus contenidos pueden ser utilizados libremente.

Para ejemplificar este punto, citaremos algunos casos que quizás muestren el alcance de este nuevo movimiento, que crece día a día y que hace vislumbrar un futuro en el que los derechos de autor quedarán, sin dudas, frente a una reinvención de las reglas que hasta ahora las han regido.

Software: Sistema operativo Linux, creado por Linus Torvalds. Es un sistema operativo que se distribuye bajo la Licencia Pública General (GPL) de GNU, es decir es software libre. De alguna manera compite con la corporación Microsoft. De hecho muchos estados europeos han decidido usar ese sistema operativo en todas sus oficinas públicas en detrimento del hasta entonces casi universal sistema Windows. Este software es de “código abierto”. Esto significa que miles de programadores de todo el mundo han colaborado en mejorarlo y adaptarlo a diferentes usos y necesidades. De hecho cualquiera que tenga conocimientos de programación puede modificarlo para sus necesidades sin tener que pagar regalías.

Música: Dos grupos muy populares de música popular (por citar apenas algún ejemplo) publicaron recientemente sus últimos discos en internet con la posibilidad de ser bajados en forma gratuita. Radiohead y Nine Inch Nails pusieron a disposición del público sus últimos discos y dejaron a criterio de cada uno de los usuarios si querían donar algo a cambio de sus obras. Aunque millones de usuarios dejaron donaciones, éstas acciones sientan un precedente de la manera en que están comenzando a actuar diferentes músicos. Moby, otro músico en la cima de su popularidad, creo un sitio en internet con cientos de obras de música incidental para que los directores de cine independiente puedan hacer uso de música original sin costo (www.mobygratis.com)

Literatura: Cada vez son más los escritores que ponen a disposición de sus lectores la posibilidad de que puedan acceder en forma gratuita a sus libros. Por caso, uno de los mayores best seller del mundo Paulo Coelho, ofrece en su sitio de Internet (www.paulocoelho.com) alguna de sus obras completas para ser bajadas en forma gratuita.

Medicamento genérico: se trata de una especialidad farmacéutica que tiene el mismo principio activo, la misma dosis, la misma forma farmacéutica y las mismas características cinéticas, dinámicas y técnicas que un medicamento que no está protegido por patente alguna y que es utilizado como referencia legal técnica.

Se comercializan los medicamentos genéricos una vez que expiró la patente del medicamento original o de referencia y, por lo tanto, finalizó el tiempo de exclusividad del laboratorio investigador. Si bien esta es una variante del llamado “dominio público”, la implementación de los medicamentos genéricos surge como una necesidad planteada por los Estados y asociaciones de consumidores para el bienestar general.

Copyleft es el término que se utiliza en el ámbito informático (y se aplica de manera análoga a la creación literaria y artística) para designar el tipo de protección jurídica que confieren determinadas licencias que garantizan el derecho de cualquier usuario a utilizar, modificar y redistribuir un programa o sus derivados, siempre que se mantengan estas mismas condiciones de utilización y difusión. Esta palabra comenzó a utilizarse en los años setenta por oposición a copyright para señalar la libertad de difusión de determinados programas informáticos que les otorgaban sus creadores.

Abundan los casos de personas y de grupos que están proponiendo una nueva forma de encarar el tema de la propiedad intelectual y los derechos de autor. Pero mientras algunos levantan las banderas de la distribución libre de obras de carácter intelectual, en forma paralela se están llevando adelante acciones de aplicación de la ley de Propiedad Intelectual por parte de empresas y asociaciones que agrupan a los principales afectados.

3 — LA PROPIEDAD INTELECTUAL

La propiedad, en cualquiera de sus formas, es uno de los asuntos a los que mayor atención le prestan las leyes. Es que sin el resguardo de la propiedad no existe sociedad posible. El artículo 17 de la Constitución comienza con la frase “La propiedad es inviolable…” Y continúa con que “todo autor o inventor es propietario exclusivo de su obra, invento o descubrimiento, por el término que le acuerde la ley”

En su exhaustivo trabajo sobre la Propiedad Intelectual, Guillermo E. Vidaurreta al referirse al término “propiedad exclusiva” dice: “Por lo tanto ha de llegarse a la conclusión de que en Chile como en la Argentina, “propiedad exclusiva” es lo que la ley especial diga que es. Si hace falta una ley especial para que diga qué es la propiedad exclusiva, entonces estos términos no pueden condicionar al intérprete porque, como señala Di Guglielmo, “la calificación legislativa ata al intérprete únicamente cuando se acompaña con la aplicación de las normas que rigen la institución de la denominación adoptada”. Es importante recalcar que, a los efectos de la interpretación de la Constitución Argentina, los términos a traducir son <propiedad exclusiva>”.[9]

La proliferación de violaciones a la propiedad intelectual y a los derechos de autor han puesto a este tema en la agenda diaria de los medios de comunicación, de los debates parlamentarios y las discusiones académicas. Si bien enumeraremos algunos casos en los que se considera que la ley de Propiedad Intelectual debería ser más laxa, en otros casos hay un criterio unánime por parte de todos los actores de la sociedad y es que en ellos se está incurriendo efectivamente en un delito. Podemos mencionar como ejemplo la utilización por terceros de marcas registradas que tienen un prestigio ganado en el mercado, de productos textiles o electrónicos entre tantos otros, a los que se falsifican en calidades muy inferiores y se distribuyen mediante redes organizadas en casi todo el mundo, a través de la venta callejera o en negocios de dudosa seriedad. Queda claro que son organizaciones delictivas que se dedican a una suerte de piratería en la que se perjudica a todos los actores involucrados (dueños de la marca, Estado, comercios, etc.). La Ley y las Cámaras que representan a cada uno de los actores involucrados son categóricos y en todo el mundo, incluido nuestro país por supuesto, se realizan campañas contra este tipo de actividad que incluyen redadas, intervención de la justicia, destrucción de los materiales secuestrados y campañas de difusión contra el consumo de este tipo de productos. Es que además del daño que se produce a los actores que mencionamos anteriormente, en los casos de productos como medicamentos, bebidas, etc. pueden éstos también producir un daño serio en los que los consumen.

El ser humano se destaca por su capacidad en la creación de obras que provienen de su mente. Algunas de ellas surgen a través de la razón y otras de la inspiración y la creatividad. Ambas formas de creación provienen del intelecto y es por eso que se las resguarda bajo una ley denominada de Propiedad Intelectual. Esta ley, junto con otros mecanismos, como la ley de marcas y patentes, son los elementos con los cuales tienen las personas un resguardo ante los casos de apropiación por parte de terceros de su obra, invento o descubrimiento. Pero si bien personas y empresas deberían ser iguales ante la ley, muchas veces esto no sucede, pues existen casos que es importante señalar.

Por un lado, los individuos: Son creadores o autores directos de sus obras y éstas suelen ser producto de un esfuerzo independiente e individual. En el caso de las corporaciones, o empresas, sean éstas médicas, industriales, químicas, etc. es muy común que exista un objetivo predeterminado para el cual se arman equipos idóneos, se definan los pasos y se destine un presupuesto para la concreción del objetivo. Esta aclaración es importante pues los derechos de autor son, de una persona en un caso, o de una organización en el otro. Luego las personas podrán optar por realizar convenios de asociación mediante contratos para la explotación de su obra, descubrimiento o invento. Es a partir de ese momento en que dicho autor cede los derechos de comercialización de su obra a un tercero.

a)— Los derechos de autor de los individuos

Un individuo, sea éste creador de alguna disciplina vinculada con el arte, inventor o científico, suele tener menos recursos ya sean legales o materiales que los que tiene una corporación o empresa a la hora de defender sus derechos o difundir su obra. Por esa razón es que se suelen realizar contratos entre empresas e individuos en los que se potencian ambas partes. Por un lado la comunicación, distribución, producción, etc. y por el otro el contenido o invento, que es la genuina creación. Pese a que es un acuerdo entre partes, en muchos casos el autor se enfrenta a una posición de debilidad ante a la empresa, lo que hace que en ocasiones deban firmar contratos leoninos, en los cuales el autor pierde gran parte de sus derechos. Otro caso se da con las personas en relación de dependencia, pues también ésta puede perder los derechos de autor cuando así lo exigieran sus empleadores por contrato o de hecho.

Estos casos, que no conforman una generalidad, son una de las causas que de alguna manera están ampliando el debate sobre los derechos de autor. En el caso de la música, hay muchos artistas que con el argumento de que lo que perciben de regalías por la venta de sus discos es tan bajo, que prefieren que sus discos circulen en forma gratuita, aún en perjuicio de las compañías con las que tienen contrato. Dicen los músicos que su fuente de ingresos proviene de los conciertos en vivo y no de la venta de los discos. Con lo cual, la difusión informal es incluso más efectiva que la venta y promoción que les brindan las compañías discográficas.

Otro ejemplo en que los individuos son más débiles ante la legislación se puede apreciar en el caso de los pintores. Así como hay miles de páginas de legislación y jurisprudencia en casos de derechos de autor sobre obras artísticas como la música, la literatura y el cine, en donde es categórica la defensa al autor. En cambio, cuando una pintura se vende, su autor pierde todo el derecho sobre ella. Esa pintura, aún con su creador vivo, podrá ser vendida muchas veces aumentando cada vez su valor y el artista no percibirá ninguna regalía por esas ventas. No le pertenecen tampoco los derechos de reproducción de las imágenes de su obra, ya que cualquiera puede hacer uso de ella. Pierden en este caso los pintores, por ser individuos, el poder que tienen las empresas o corporaciones para ejercer presión sobre los legisladores que redactan las leyes. Algo similar ocurre con los directores cinematográficos. Quien es considerado el dueño de un film es la productora. Y en caso de difusión o reposición quien obtiene las regalías es la productora, en tanto el director no percibe ningún beneficio. Hubo durante 2007, en Hollywood, (L.A. — EE UU), una huelga de guionistas que duró meses, en la que éstos reclamaban tener regalías cuando sus obras pasaban del formato original (serie de TV, película, etc.) a otros formatos como DVD.

Como consecuencia de su reciente aparición, también hay poca legislación sobre el material publicado en Internet. Textos, fotografías e incluso investigaciones muchas veces están desamparadas por la ley. Mientras que por ejemplo una fotografía publicada en un medio gráfico automáticamente queda resguardada ante la ley, no sucede lo mismo en Internet. Es que es muy difícil llevar las mismas reglas que se utilizan en el “mundo real” al “mundo virtual”. La complejidad del asunto es un dato no menor de las circunstancias a las que nos enfrentamos actualmente.

b) Los derechos de autor de las empresas

Decíamos que las empresas suelen tener mayor poder de presión a la hora de defender los derechos que están bajo su órbita. Sin dudas los recursos materiales, de relaciones públicas y legales con que cuentan, facilitan la genuina defensa de sus intereses. Por ello, tantos autores eligen establecer relaciones contractuales con empresas que los defiendan y los difundan.

En alguna ocasión, las empresas han demostrado tal poder que han logrado incluso modificar la ley para su beneficio. Uno de los casos más contundentes es el de la corporación Disney en el difundido fallo que tuvo lugar en los EE UU, y que bajo el nombre oficial de Ley de ampliación de la vigencia del derecho de autor se promulgó en 1998, pero que en la jerga popular se llama la Ley Mickey Mouse. Con esa ley se extendió en 20 años adicionales la protección de la empresa Walt Disney sobre los derechos de su icono, el ratón Mickey.

4 — ACCIONES EN DEFENSA DE LOS DERECHOS DE AUTOR

Ante la creciente distribución no autorizada de material protegido por los derechos de autor, tanto por organizaciones con fines de lucro como a través del intercambio entre personas sin que medie el comercio, son innumerables las acciones que se ensayan y que se utilizan casi como prueba y error para combatir las diferentes violaciones e infracciones a la Ley de propiedad intelectual. Podemos sintetizar que existen dos grandes grupos. Por un lado los que hacen uso personal, y por el otro los que hacen un uso comercial. Si bien ambos están incurriendo en una apropiación de una obra sobre las que existen normas legales, la gran diferencia es que el que busca un rédito económico sí está causando un perjuicio económico concreto y comprobable, ya que está realizando una venta que el titular de los derechos deja de hacer; produce un desfasaje entre el precio de referencia aplicado por el titular de los derechos y los seguramente menores del “pirata”; etc.

En nuestro país, en el caso de los que infringen la ley de Propiedad Intelectual con un fin comercial, se llevan adelante algunas acciones emprendidas por las Cámaras y Asociaciones de las industrias involucradas, por ejemplo, CAPIF, la Cámara Argentina de Comercio y Software Legal entre otras. Desde hace años, la Cámara Argentina de Productores de Fonogramas y Videogramas (CAPIF) ha emprendido una cruzada contra las diferentes formas de piratería y utilización de materiales protegidos por la ley. El foco principal en este caso tiene que ver con las industrias que violan la propiedad intelectual con fines comerciales, fundamentalmente sobre aquellos que copian música para venderla en forma de CD piratas. CAPIF suele publicar periódicamente las acciones en su sitio institucional en internet. Allí se ve por un lado como florecen las industrias ilegales y por el otro cierta persistencia a la hora de accionar contra ellos. En seis meses, entre abril y octubre de 2007, CAPIF realizó 395 acciones de anti piratería en la calle, almacenes y depósitos, laboratorios, disquerías, comercios, “home delivery” y locutorios de todo el país. Se secuestraron y luego destruyeron más de 500.000 CD y DVD que contenían música y películas, así como computadoras, grabadoras de CD, etc. (fuente capif.org)

Sin embargo, las acciones contra particulares se encuentran aún en un terreno complejo. Si bien cuando se copia o bajan películas, música, libros electrónicos, etc. se está haciendo un uso no autorizado de una obra o producto con derechos de autor, no queda claro si se le está dando un uso comercial. Es infractor, no hay dudas, pero convertir en criminal al usuario a nuestro entender es un error. No solo no ayuda al resguardo de la propiedad intelectual (el usuario es la consecuencia y no la causa), sino que abre un frente de batalla con un horizonte de éxito improbable y que además es probable que no producirá los efectos buscados. Seguramente se ha implementado este método como forma de disuasión pero queda en claro que no puede ser ésta la forma con la que proteger a los autores de sus derechos.

La revista de publicación nacional Rolling Stone[10] , publicó un artículo firmado por Juan Ortalli en el que escribe sobre las acciones que supuestamente estaba llevando adelante CAPIF contra usuarios particulares. Según esta publicación, CAPIF habría enviado cerca de 1000 cartas documento a particulares que bajaban música a través de internet. Pero la Ley es clara al respecto: dice que “no podrán ser utilizados con fines comerciales”. Entonces se tendrá que probar, caso por caso, si el uso que se le da a esa música bajada de internet es para uso particular o comercial.

Estas acciones han despertado encendidos debates, incluso se han creado diversas asociaciones que defienden a los usuarios para que puedan hacer uso de materiales protegidos por derechos de autor, algo quizás impensado en otras épocas y circunstancias.

Hay dos posiciones opuestas en el mundo en relación a las acciones legales en contra de los usuarios particulares. Por un lado, la de algunos países de Europa que defienden al usuario, y por el otro la de EE UU que ha condenado a particulares con importantes multas por bajar música y películas de internet y luego ponerlas a disposición de otros en forma gratuita.

5 — CONSIDERACIONES FINALES

El bienestar general y el por qué se crean las obras.

Hemos dicho que muchas veces el fin de la creación de una obra o invento, persigue como foco principal el aporte sin condicionamientos de una contribución a la sociedad. Esto responde a la naturaleza misma de la creación y al rol de los individuos en una sociedad. Por eso muchas veces debe asumirse que en algunos casos particulares no se puede impedir el acceso a una obra, descubrimiento o invento a otras personas si es que no pueden pagar por ellos. El Estado en estos casos debe ser un facilitador y en muchos casos lo es a través de sus organismos. La obra de cualquier autor conlleva también una responsabilidad. Esto es algo en lo que muchos autores creen y que hoy podemos ver con mayor claridad. En este punto es esclarecedora la opinión del especialista en temas de propiedad intelectual, Carlos M. Correa, “…La propiedad intelectual, como otras instituciones creadas para satisfacer los intereses sociales, debe diseñarse y aplicarse como parte integrante de las políticas más amplias de desarrollo económico y social, y no independientemente o en contradicción con éstas. La pérdida de vista de esta relación esencial puede llevar a consecuencias nefastas para la sociedad, como las que se advierten hoy como resultado de las tendencias a la sobreprotección del conocimiento y la división del mundo entre los que pueden acceder a las creaciones e innovaciones y los que se ven privados de ellas, aun en campos esenciales para la vida”.[11]

Una nueva legislación que contemple los nuevos cambios

La existencia de una Ley de Propiedad Intelectual y la Ley de Patentes son las únicas herramientas de defensa que tienen los autores e inventores ante casos de violación de los derechos sobre sus obras o inventos. Su existencia, es sin dudas necesaria. Pero la dinámica de nuestra época nos alerta y a la vez obliga a tomar recaudo respecto de las actuales circunstancias. Los debates que se están generando de forma planificada y también espontáneamente son la simiente de los antecedentes sobre la que deberíamos sentar las bases de una nueva legislación que amplíe sus alcances y contemple los nuevos escenarios que se van delineando. La velocidad de los cambios hace que muchas veces se llegue a situaciones “de hecho”, promovidas por particulares, sobre los que no hay legislación. Tal es el caso del llamado “software de código abierto”, en donde hay una suerte de transferencia tecnológica entre personas en la que a medida que se avanza en el desarrollo se pierde la noción de sus verdaderos autores. Este no sería un problema, pero al no haber legislación sobre el tema se pueden dar casos en los que a través de una pequeña modificación en la programación, cualquier individuo pueda “apropiarse” de un desarrollo hecho por cientos de personas. En el caso de las semillas transgénicas, se ha registrado la propiedad de una semilla a la que solo se le modifican unos pocos de los miles de genes que posee. En muchos países se debate si le corresponden regalías o no a la empresa que creo esas semillas transgénicas.

Estos casos, los de liberación de derechos por un lado y los de apropiación por el otro, requieren un profundo estudio. La propiedad intelectual fue creada para proteger las industrias nacionales, estimular la investigación y el desarrollo de inventos útiles para la sociedad.

Un entorno legal amable para los creadores independientes y los usuarios.

El autor independiente tendrá siempre menores recursos para la difusión y la defensa de su obra. Por ello es que sería deseable que su posición frente a la ley esté contemplada de una manera más amable respecto de las grandes corporaciones. Lo mismo sucede con los usuarios particulares. La penalización por el uso particular sin fines de lucro debería ser analizada en mayor profundidad.

Uno de nuestros próceres que más se preocupó por la educación del pueblo, Domingo F. Sarmiento, si bien reconoce la necesidad de la propiedad intelectual, muestra con su pluma lo complejo del asunto de la propiedad del conocimiento, a propósito de la impresión de libros de autores europeos por parte de imprentas también europeas que evadían las regalías de los derechos de autor:

“Esta reproducción de los libros de una nación a otra, si bien despoja a un autor de su derecho, limitándolo al solo país de su nacimiento, trae por otra parte, ventajas inmensas a la civilización del mundo, que hace desde luego propiedad suya cada progreso que la inteligencia humana hace en los pueblos más adelantados por el ministerio de las cabezas más bien organizadas. Cuando todos los cristianos marchan bajo una misma bandera y se dirigen a un mismo fin; cuando cada pueblo avanza con los progresos de todos los demás y la inteligencia humana por medio de la inteligencia de los grandes hombres de todas las naciones se instruye, por decirlo así, con la colección de todos los pensamientos, de todas las observaciones que han ligado todos los hombres y todos los siglos pasados ¿no deben volver los que elaboran nuevas ideas al depósito común, las verdades que han añadido a las que de toda partes se les transmiten? Cada escritor tiene un poco de plagiario, se ha dicho, y con razón; y son muy pocos los pensamientos nuevos que no sean hijos legítimos de pensamientos anteriores”. [12]

[1] McLuhan, Marshall, “La comprensión de los medios como las extensiones del hombre”, Editorial DIANA — México 1993, p. 43

[2] McLuhan, Marshall, “La comprensión de los medios como las extensiones del hombre”, Editorial DIANA — México 1993, p. 98 / 99

[3] Gaffoglio, Gisela, “El plagio”, Revista Doctrina Judicial — Editorial La Ley.

[4] Brand, Stewart, “El laboratorio de medios. Inventando el futuro en el M.I.T”, Ediciones Galápago, Argentina 1988, p. 197

[5] Brand, Stewart, “El laboratorio de medios. Inventando el futuro en el M.I.T”, Ediciones Galápago, Argentina 1988, p. 192

[6] Negroponte, Nicholas, “Ser Digital”, Editorial Atlántida, Argentina, 1995 — p. 66

[7] Negroponte, Nicholas, “Ser Digital”, Editorial Atlántida, Argentina, 1995 — p. 67

[8] Borges, Jorge Luis, “La Biblioteca de Babel”, Ficciones, Emecé 1944.

[9] Vidaurreta, Guillermo E. “Historia del Sistema Argentino de Patentes de Invención (1580–1863), — Editorial La Ley, 2007 — p. 239

[10] Ortalli, Juan, revista Rolling Stone, nº 122, febrero 2008, Argentina.

[11] Correa, Carlos M., “Historia del Sistema Argentino de Patentes de Invención (1580–1863), de Guillermo E. Vidaurreta — Editorial La Ley, 2007 — p. XVI

[12] Sarmiento, Domingo F., Legislación sobre imprenta como industria, El Progreso, Chile. En Obras Completas, citado por Vidaurreta, Guillermo E. “Historia del Sistema Argentino de Patentes de Invención (1580–1863), — Editorial La Ley, 2007 — p. 144

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