Hermano

Era un camino nostálgico, toda su juventud lo había caminado y siempre acompañado. Ya hacían algunos años que se había vuelto un camino solitario y tranquilo. Pasaba a diario, pero solo ciertas ocasiones recordaba todo lo que había vivido por esos lugares. Solo cuando el aroma del pasto llegaba a su nariz, o cuando escuchaba gritos de jóvenes al jugar, o cuando las nubes cubrían el cielo a punto de llover.

De pronto a lo lejos cree ver la silueta de una persona conocida, algo un tanto imposible, ya que tenia años de no verlo, pero al acercarse supo que si era él. Se quedó parado, mirándolo, era su compañero, un hermano, no de sangre pero al que amaba como tal. Se miraron a los ojos y se reconocieron a pesar de las travesuras del tiempo. Nunca olvidara como el rostro de ambos mostro algo más que felicidad, un alivio de haber coincidido una vez más.

Se abrazaron con la fuerza de los años. Y la primera pregunta al unísono fue un: ¿cómo has estado? Carajo, que pregunta tan simple, pero tan llena de historias. El amigo comenzó por contar su historia y después continúo él. Ambos abrían sus ojos al escuchar la historia del otro, asombrados, diciendo “y no estuve ahí, maldita sea”. Al terminar el recuento de los años, su amigo preguntó “¿Estas apurado? ¿Tienes algo que hacer?” a lo que él contesto “Cabron, como si no fuera este un momento para celebrar. Apurado estoy por saber que más has hecho.”. Rieron y aunque parecía solo una pequeña broma, el sentía como su alma sonreía.

Se sentaron y comenzaron a recordar esos viejos tiempos en los que recorrían el mundo juntos. “Recuerdas cuando…”, enunciado por enunciado empezó con esa frase. Estaban volviendo a vivir sus aventuras, recordaban viejos amigos, increíbles hazañas y alguna que otra tristeza. Lo habían vivido todo, pero en algún punto de la vida se separaron. Cada quien viviendo su vida tratando de no defraudarse, para el día que se volvieran a encontrar sentirse a la altura del otro.

Después de tantas risas su amigo le hizo una pregunta que él no dudó en contestar.

“¿Cómo confiabas tanto en mí? Si me hubiera tirado de un puente…” lo interrumpió él completando la frase “yo habría saltado contigo”.

“¿Aunque muriéramos?” preguntó el amigo.

“¡Aunque muriéramos!” exclamo él.

“Creo que de eso se trata nuestra amistad. Siempre te he visto como un ejemplo a seguir a pesar de todo. Te he seguido por mil caminos y nunca me he arrepentido de haberlo hecho. Conozco tus razones, tus motivos, tus principios, y esos han sido míos desde el momento que camine junto a ti. Yo te juro por Dios, por el Dios que tu creas que iría a sacarte del mismísimo infierno. Quemaría mis manos para salvarte y quemaría mis pies para seguirte. Nunca lo dije pero yo te seguiría a donde sea. Siempre has sido alguien que merece ser seguido. Podrías decirme en este momento que tienes una misión imposible, ahí estaría yo. Y quiero decirte que si tuviera que volver a la guerra una vez mas, sería contigo. Porque de eso se trata todo esto. Siento una admiración, un respeto, una confianza, y una lealtad hacia ti, que sería imposible para mí negarme. Que antes muerto que quebrar mi lealtad.” Sin darse cuenta se había parado y había empezado a caminar en círculos y movía los brazos de un lado a otro tratando de dar un mayor énfasis a sus palabras, lanzaba puños al cielo y maldecía sin cesar. Su voz se quebraba por la emoción de estar con el nuevamente.

Su amigo sonreía pues se había olvidado de lo profundo que él podía llegar a ser. Y no intento detenerlo en lo más mínimo, pues sabía que sería imposible. Quería saber hasta dónde llegaba después de ese pequeño empujón.

A lo que él continuaba.

“Porque siento que así debe de ser, tener la plena confianza el uno del otro. Porque eres mi hermano.

Su amigo pensativo dijo “¿Y qué pasaría si empiezo a caminar por un camino diferente, malo?”. Sé que este mundo es mejor porque tu estas en él y yo quiero hacer lo mismo”, terminó él.

Él sin dudarlo dijo “Tengo dos opciones, voy y te parto tu madre y te regresas conmigo, o voy y te regresas por las buenas. Fuera de juego antes que nada yo quiero tu felicidad, si ese camino diferente que tú dices puedo caminarlo contigo, lo haré. Si ese camino es el que te traerá felicidad, ¿Quién soy yo para negártelo? Pero si veo que ese camino no te traerá más que dolor, me veré forzado a sacarte de ahí”.

Su amigo ya estaba de pie también viendo la infinidad del cielo. Dijo una última frase “Quien iba a pensar que después de tantos años estaríamos en este mismo lugar y me sorprenderías una vez más ”. A lo que él contestó “Es un honor caminar a tu lado”.

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