Emigrantes venezolanos: «nos llevamos la guerra en la maleta».

Alba Marina
Jul 22, 2017 · 2 min read

«Literalmente el martes fue zona de guerra».

Así comenzó una querida amiga su relato sobre la terrible ola de saqueos que azotó Cumaná durante tres largos días.

Mérida, Caracas, Puerto Ordaz, Ciudad Bolívar, Maracay, San Félix; los saqueos, las protestas, el descontento manifestado a través de actos vandálicos, se extiende a lo largo y ancho de nuestro amado país.

Las bellezas naturales que visten la superficie de Venezuela, se ven empañadas por un desorden social terrible y un profundo desanimo en los corazones de sus habitantes.

Los venezolanos estamos acostumbrados a «hacer lo que sea por sobrevivir», este pensamiento que puede interpretarse de muchas maneras, positivas y negativas, a veces es confundido con oportunismo. Hacer lo que sea por sobrevivir a costa ¿de quién o de qué? Si partimos de la idea de que somos absolutamente responsables de cada una de nuestras experiencias, estaríamos condenados de antemano, pues esto sugiere que el caos en que se encuentra nuestro país no es más que la proyección del caos interior de cada uno de nosotros.

No existe justificación para el abuso ni para el incumplimiento de las normas y los deberes sociales. Esto lapida a los funcionarios de gobierno que juegan a dirigir el país en beneficio de sus cuentas bancarias y sus ansias de poder, pero no exculpa al ciudadano que se aprovecha de la situación para sacar una tajada y sobrevivir.

Para nadie es un secreto que Venezuela ha sido un país de grandes oportunidades; durante muchos años acogió inmigrantes que huían despavoridos de las hecatombes sociales que aquejaban sus tierras, de allí y de la época de la colonia, que nuestra estirpe sea uno de los mestizajes más completos de toda América Latina. Pues si de amor se trata, el venezolano no tiene miramientos en cuanto a descendencia o nacionalidad, así nos hemos ido mezclando una y otra vez con diferentes razas del mundo.

Y es por el mundo que nos vamos extendiendo, llevando ese talento intrínseco del venezolano de «bien», como le llamamos en mi tierra a las personas que se esfuerzan día a día por lograr convertirse en un mejor ser humano; nos vamos con la maleta llena de principios y valores, el corazón lleno de amor a nuestro país y el pensamiento en la grandeza.

Atrás quedan las glorias como antorchas que apagan ráfagas seculares.

Atrás quedan las puertas quejándose en el viento.

Atrás queda la angustia con espejos celestes.

Atrás el tiempo queda como drama en el hombre: engendrador de vida, engendrador de muerte.

Vicente Gerbasi.

Atrás queda el aroma a café recién hecho, queda el saludo amable del vecino, queda el almuerzo de tu madre, el humor clandestino de los amigos y el abrazo de un país que te ve partir.

Atrás la realidad de la que intentamos escapar. Un absurdo que en el pasado difícilmente podríamos haber imaginado.

La esperanza acompaña el despertar de los que se quedan y el sueño de los que se van.

Artista de la palabra escrita: poeta, copywriter y fugaz prisionera de los porqués de la vida. @albamarina.g

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