Sensaciones II: la luz azul de la cerradura sobre el pardo azulejo.

Ella nunca lo llegó a admitir, pero la daba miedo tatuarse la piel. Era por las heridas, por que quedasen abiertas cicatrices prohibidas de tinta que más que aliviar su dolor en eternidad pronunciasen al unísono de cada amanecer el significado de los errores.

¿Y qué más da, Azul? Tu respiración me excita y me atormenta a partes desiguales. No necesito que me cuentes historias a través de dibujos ni que anules tus chakras por un buen Big Mac. Que los lunares de tu cuerpo ya crean por sí mismos imágenes invisibles al sentido de la vista pero tan suaves al tacto que si cierras los ojos no puedes escapar del aroma que emanan sus latidos. Déjame sentir el calor pardo de ese alma tristetardededomingo y llenar de luz púrpura todos los rincones que vacías de muebles pero aun así acumulan polvo.

Indolente. Eres mi propia connotación.

Entiendo tu reflejo. Lo amo. Amo tus pies caminando en plano detalle sobre los azulejos negros, blancos, negros, blancos, luz.

De nuevo, no te necesito, te siento. Tu iris salvaje colándose por el hueco de las cerraduras. Nada abrirá mejor las puertas.

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