Tormenta

Bum.

Y la tormenta estalló como lo hacen sus ingles cuando él la toca.

Lloraba inconstante en todas direcciones, creando remolinos de espuma que el vidé se tragaba sin piedad.

Ella, no la tormenta.

Salvaje como ella misma, decidió rebelarse para solo ser consciente de respirar en cada latido. Sin dar importancia al anterior, sin esperar el siguiente.

La tormenta, no ella.

Decidió gritar callada desde lo más hondo de su superficie mientras el cielo la cubría con su presencia mágica. Gota por gota. Regando la sonrisa de ilusión e impaciencia que nació de su boca.Tenía miedo de abrirse y a la vez necesitaba alzarse contra todo propósito mundano y monótono.

Ambas.

Estaba claro que ese tipo de asesinos estaban vetados en su destino

casual.

RABIA RABIA RABIA susurró.

Y se hizo el silencio.