Mujer, identidad y redes.

Alba Villarmea Sancho

Desde una visión superficial, Internet parece una herramienta benévola y filantrópica que, por su carácter abierto, democrático y horizontal, favorece la difusión de contenidos. Por ejemplo, permite que las cuestiones sociales consideradas “en boga” en el contexto occidental y desarrollado puedan debatirse a través de internet en otros territorios independientemente de sus idiosincrasias. De esta manera, aunque ciertas corrientes del feminismo tengan su origen primigenio en occidente nada impedirá que en oriente medio se juzguen sus principios.

En internet el ritmo es tan trepidante que tienes que desaprender lo que ni siquiera has entendido” afirma Manuel Castells, esta afirmación es la clave en torno a la cual pivotará el próximo artículo. Internet parece un producto redondo, pulido y perfecto, sin embargo en su perfección hay resquicios y grietas que impiden que el discurso en la vida real sea totalmente trasladable al entorno digital.

Este artículo no puede caer, desde un comienzo, en la crítica absoluta del entorno web sino que busca ser defensor de internet como la herramienta necesaria que es. Sin embargo, para aprovechar al máximo todos los prismas a través de los cuales nos permite mirar internet, es necesario conocer las deficiencias de las que hemos hablado.

La protesta social concretamente, es un terreno voluble y de gran sensibilidad en el mundo virtual. En tanto que horizontales, los movimientos colectivos deberían ver en Internet su utopía realizada ya que este instrumento permite la creación de comunidades sin barreras a las que cualquier persona interesada tiene un acceso abierto. Internet, contra todo pronóstico, pervierte el discurso de numerosas corrientes de ideas, falseándolo y provocando su ambigüedad.

El feminismo es el paradigma más concreto y actualizado en aras a explicar el concepto de la corrupción de pensamiento en las nuevas tecnologías. La doctrina feminista tiene una historia longeva, de hecho, los valores por los cuales lucha el feminismo han sido revalidados y concretados en numerosas ocasiones. Sin embargo, parece que hoy más que nunca se cuestionan estos principios convertidos, en el ámbito de internet, en un asunto de dominio público que cualquier usuario puede juzgar. La potestad pública es un concepto que también se ha actualizado para adaptarse a lo digital, es sabido que, hoy en día todo lo público es también de obligada opinión.

Para defender estos argumentos y fundamentándome en la teoría de las grietas o resquicios mencionada anteriormente caminaremos a través de una serie de temáticas que evidencian lo endeble que puede resultar internet tal y como lo conocemos.

Redes sociales, construcción identitaria y mujeres.

Recordar como era la vida sin internet resulta hoy en día un ejercicio de gran interés social, especialmente si focalizamos nuestra atención en la fluctuación de las formas de relación personal entre dos individuos motivadas por la aparición de esta herramienta.

No hace tantos años que nuestra generación solo contaba con las cartas en papel como forma de comunicación íntima. Sin embargo, a lo largo del siglo XXI, en un periodo que apenas se prolonga durante 15 años, hemos quemado varias etapas del proceso evolutivo web:

El e-mail, como herramienta espejo del correo físico en el mundo digital; Messenger, así como otras herramientas de mensajería instantánea, como aquellos útiles que nos permitieron adaptarnos a una comunicación constante desde nuestro ordenador de escritorio; Whatsapp, que llevó la comunicación instantánea a los smartphones lo cual permitió una conexión constante y permanente; las redes sociales, que incluyeron la parte visual –la imagen por primera vez entra en juego- y lo que es más importante, se convirtieron por primera vez en una herramienta que posibilitaba la gestación de relaciones amorosas –puedes agregar a alguien que no conoces… En conclusión, hoy en día vivimos lo que se podría entender como Intimidad digital.

Como decía Manuel Castells al comienzo de nuestro artículo, la tecnología configura un mundo vertiginoso y público en el que, a pesar de esta intimidad digital es necesario reaccionar de forma inmediata y certera tanto a las evoluciones a nivel personal –es decir, aquellas que se gestan en el círculo cercano de nuestros amigos y familia- así como a las crisis globales –por ejemplo, un ataque terrorista- Esto entraña el riesgo de equivocarse pero sobre todo de pasar de puntillas o superficialmente frente a problemas que requieren una mirada más profunda. En primera instancia, por lo tanto, las redes sociales y la mensajería instantánea tergiversan el discurso de base debido a la necesidad de inmediatez: los adolescentes no se forman una opinión propia sino que imitan aquello que ven en sus referentes sociales para adaptarse a esta instantaneidad web.

Entendemos que las dos primeras fases de evolución — e-mail, Messenger/Whatsapp- son esfuerzos por adaptar al ordenador de escritorio y a los smartphones el modelo del correo físico y los SMS. Es necesario interiorizar el papel que juegan las siguientes fases de la intimidad digital y sobre todo juzgar si estas nuevas herramientas de comunicación se han adaptado a un contexto global en el que las mujeres luchan por defender sus derechos en la sociedad.

Las redes sociales clasificadas como “redes basadas en perfiles” — Facebook, Instagram etc.- son el tipo más representativo de redes. Los usuarios son los creadores y editores de los espacios de manera que la comunidad resultante podría ser el claro reflejo de la sociedad real en el sentido de que posee una estructura y una morfología propia. Entendiendo las redes sociales como un entorno mundial simplificado podemos observar los mecanismos de construcción de una identidad de género.

En las redes sociales, a nivel usuario, perdura una permanencia de rasgos similares al mundo en lo que se refiere a los procesos de socialización y construcción de las identidades de género. Antes las mujeres jóvenes se emancipaban principalmente a través del trabajo, las relaciones sociales o el estudio. Ahora las redes han suplido esa necesidad de independencia de los adultos, y lo que es más interesante, permite que esta emancipación se lleve a cabo en una edad más temprana. Podríamos pensar, por tanto, que mientras que el trabajo y el estudio se eliminan de la ecuación “independencia”, las relaciones sociales continúan existiendo y ganando fuerza. La pregunta es la siguiente ¿bajo qué términos?¿En qué medida el nuevo paradigma en el que Internet se encuentra en el centro de la emancipación puede corromper la gestación de una identidad propia y, sobre todo, una identidad de género? Buscaremos las respuestas a estas preguntas mediante la descomposición y la fragmentación de varias cuestiones relativas a internet.

A nivel morfológico/orgánico: el principal peligro de las redes sociales pivota en torno a su construcción orgánica. Una red social es un mundo generado por y para ti, diseñado a tu medida: a nivel de relaciones sociales la falta de burocracia permite que aceptes o rechaces a un amigo con facilidad- no hace falta dar explicaciones, no hace falta debatir, no te interesan sus opiniones y lo eliminas de la ecuación- a nivel de construcción de la newsfeed el proceso es bastante similar. El debate, aunque no es exclusivo, tiene bastante que ver con lo que entendemos como el filtro de burbuja: un algoritmo en el que se basan las redes sociales así como los principales motores de búsqueda y según el cual solo consumes información que pueda interesarte en función a lo que has consumido con anterioridad. Los usuarios, a diferencia de los ciudadanos reales, no se exponen a la complejidad de ciertos temas. Como afirma el ciberactivista que acuñó este término, Eli Pariser, el resultado es el aislamiento en una burbuja intelectual propia.

“Cuando era pequeño pensaba que Internet era una invención maravillosa y democrática que nos conecta a todos. A medida que fui creciendo me di cuenta, de que no era así. Esta iluminación ocurrió cuando miraba mi newsfeed de Facebook: yo soy una persona progresista pero me gusta estar informado y comprender también el punto de vista conservador. Un día me di cuenta de que los conservadores habían desaparecido de mi perfil de Facebook. La red social había incluido un algoritmo que controla los enlaces en los clicamos. Esto no solo ocurre en Facebook sino también en google y otros motores de búsqueda”

¿Qué quiere decir esto a efectos prácticos? Básicamente que dos personas diferentes, ante la búsqueda en su ordenador de conceptos iguales, obtienen resultados diferentes. Hay un ente superior que toma las decisiones por ti –y este ente ya no es humano y por tanto moral como en el caso de los Gatekeepers sino que se trata de un algoritmo- y que elimina para ti la parte del mundo que pueda causarte desagrado.

¿Cómo puede esta morfología afectar a la construcción de las identidades de género?: pongamos que una mujer que ha consumido anteriormente artículos inclinados a una opinión negativa acerca del feminismo decide buscar en Google o en Facebook información acerca de una manifestación proaborto –un tema sobre el que previamente carece de opinión formada-. Todo lo que se va a encontrar son artículos sesgados que, probablemente influyan negativamente en su opinión.

Realicemos una comparativa: en el pasado una mujer en formación educativa estaba sometida a un continuo conflicto de opiniones que le permitían, en último término, informarse responsablemente en aras de crear una identidad propia. En la actualidad, el debate es inexistente y los individuos se retroalimentan con opiniones similares a las suyas.

El ámbito de las redes sociales es el primero de una larga lista: la tecnología de los algoritmos se están incorporando progresivamente a otras industrias como la de los medios de comunicación. El día que los propios medios defensores de la democracia nos ofrezcan una información a medida será el día que la opinión propia muera. Como contestó Mark Zuckerberg ante una pregunta sobre la configuración del newsfeed:

“puede que a una persona le interese más que una ardilla ha muerto en su porche que la muerte de niños en África”

¿Por qué parece que el caso del filtro de burbuja es más grave si cabe cuando nos referimos al feminismo? La identidad de género es un tema de inmensa complejidad, que fluctúa continuamente y está en constante evolución. El algoritmo que emplean Facebook, Google y tantos otros motores de búsqueda lo simplifica a una dicotomía de lo positivo o lo negativo.

A nivel visual/icónico: en el año 2014 un grupo de mujeres alentadas por la directora de cine Lina Esco iniciaron un movimiento conocido con el nombre de Free the nipple.

La polémica, que llegó este año a la calle, había nacido tiempo antes en las redes sociales: Facebook e Instagram, bajo la excusa de una nueva política de privacidad, calificaron de “contenido gráfico” los pezones de las mujeres. A partir de este momento las fotos de mujeres desnudas que mostrasen parte o la totalidad de la areola eran censuradas. Ante esto cabe preguntarse: entendiendo, como hemos afirmado anteriormente, las redes sociales como un reflejo del mundo real ¿Cómo es posible la formación de una identidad de género si se censura el cuerpo de la mitad de la población? A continuación hablaremos de la del propio cuerpo a través de recursos de nueva creación en el contexto de las nuevas tecnologías.

En las redes sociales por perfiles, las chicas jóvenes y niñas de reciente ingreso tienen la necesidad de representarse a si mismas, crear una identidad o un perfil paralelo al que tienen en la vida real. A través de las imágenes, las adolescentes se exponen de forma distinta a cómo lo harían en la sociedad, inventan una identidad más atractiva tanto intelectual como física y para esto último, toman como molde las imágenes de ciertos referentes públicos que veneran generándose así «identidades a la carta» . Estas nuevas formas de identificación, Tal y como afirma la socióloga Amparo Lasén en “transformaciones de la intimidad” reconfiguran el espacio de la intimidad claramente marcada en el mundo real.

Las redes sociales, evidencian la cuestión de la renegociación identitaria[1]. En primer lugar, porque las fotografías te permiten entrar en una intimidad manipulada del adolescente o joven: el baño o la habitación son algunos ejemplos de los espacios empleados para realizar estas fotos, pero también destacan actividades como el desayuno o el gimnasio (Amparo Lasén, 2010). Todos estos entornos aparecen manipulados para adaptarse a las modas o trends que destaquen en esos momentos en la red. El cuerpo, en soledad así como en relación al espacio también es renegociado: primero, la ropa; después, la silueta y finalmente las poses.

La dimensión más interesante de estas imágenes es la presentación de las fotografías ante una audiencia (dimensión que, antes, solo correspondía a aquellos referentes famosos de los que hemos hablado anteriormente) ahora, todo el mundo tiene su público — sus contactos en las redes-. Esta presentación en sociedad comprende tres aspectos la presentación (del cuerpo y el yo), la representación (para una/uno misma/mismo y las otras personas), y la corporealización o encarnación (embodiment) de los cuerpos, representan el cuerpo tal y como lo referenciamos para nosotros mismos y en relación con los demás.

En conclusión, la pertenencia y participación en las redes sociales supone una performance constante que te convierte en la persona que deseas ser, tanto para ti mismo como para los demás. Las mujeres, por norma general, se hacen fotografías que ensalzan sus singularidades femeninas mientras que los hombres, prefieren destacar sus valores viriles.

Lo irónico de las redes sociales es el doble filo con el que gestionan el tratamiento del cuerpo femenino. Si observamos la lista de las diez personas con más seguidores en Instagram encontramos ocho mujeres –una representación femenina sin precedentes- entre las cuales destacan Beyoncé, Kim Kardashian, Ariana Grande, Taylor Swift…

Una mirada más profunda nos lleva a identificar a estas mujeres como representantes de un estereotipo (jóvenes, heterosexuales, belleza normativa, generalmente occidentales etc.). Como un resumen de las características nocivas que representan estas mujeres-modelo destacamos:

Las imágenes suelen sugerir que la característica definitoria de la persona representada es su disponibilidad sexual: es decir, la belleza normativa según las redes, es la de una mujer joven y activa sexualmente. Un ejemplo en el que se apoya esta hipótesis es el concepto “Last fuckable day” desarrollado por varias actrices norteamericanas (Tina Fey, Patricia Arquette, Julia Louis-Dreyfus y Amy Schumer) . Estas mujeres se dieron cuenta que a medida que iban envejeciendo recibían consejos para modificar su representación en los medios y las redes. Estos consejos iban desde cambios de vestuario –“Antes mis representantes me sugerían los vestidos escotados, ahora los jerseys de cuello alto” afirma Tina Fey- hasta papeles distintos en las películas — Maggie Gyllenhaal , de 39 años, fue rechazada para el papel de pareja de James Bond por “ser demasiado mayor”.

Las imágenes a menudo no muestran la totalidad sino únicamente partes del cuerpo de la mujer: si observamos las fotografías de las mujeres que encabezan la lista de más seguidas en internet nos damos cuenta de que en muchas de ellas se muestra una parte del cuerpo concreta –los pechos, las piernas etc.- muchas veces las fotografías ni si quiera muestran la cabeza del individuo lo que permite borrar cualquier atisbo de individualidad.

Como podemos observar, las chicas jóvenes, inconscientemente, toman a las mujeres famosas como referentes de lo que será “aceptado” por su particular público.

“los referentes femeninos deben tener un especial cuidado de cómo se representan a si mismas y que valores están dispuestas a transmitir a las jóvenes”

Otro aspecto en el que se evidencia esta renegociación de las relaciones sociales y el yo íntimo es el campo de las relaciones de pareja. Son numerosas las ocasiones en las que las nuevas tecnologías encorsetan los lazos afectivos de los adolescentes convirtiéndose en útiles para vigilar y controlar a la pareja. Las redes sociales generan nuevas obligaciones en las relaciones sociales así como un nuevo protocolo o etiqueta en las de pareja que evidencia los estereotipos y las relaciones de poder y desigualdad existentes entre hombres y mujeres.

El móvil, incluido como un actor más dentro de la relación, desdibuja los límites entre el espacio público y el privado del individuo. Así, la pareja, tiene total accesibilidad al dispositivo de uno mismo, una transparencia que podríamos incluso tildar de obligada pues al entender el móvil una prolongación del cuerpo del sujeto se comprende que pertenece a ambos. Es una propiedad común. Este fenómeno también se trasluce en el empleo de la personalización del móvil que desdiferencia a los miembros de la pareja: el individuo ya no solo tiene acceso total a la intimidad de la otra persona sino que la modifica cambiando los fondos de pantalla, contestando a los whatsapps o llamadas etc.

“El móvil es una propiedad común dentro de la pareja, el hombre tiene total accesibilidad al dispositivo de la mujer”

La mujer es siempre la más perjudicada por esta reactualización de los roles sociales. Víctimas de continuos espionajes de lo que se conoce como novios controladores, muchas mujeres no pueden expresar sus opiniones con independencia a través de su dispositivo. En un estudio realizado por la ciberactivista bilbaína Ianire Estébanez un 25% de las chicas encuestadas percibía claramente violencia psicológica en sus relaciones de pareja o se sentía excesivamente controlada por la misma. Las demás dudaban o justificaban lo injustificable: ¼ chicas españolas se sentía “espiada a través del teléfono móvil”.

Con el avance tecnológico cobra importancia el crecimiento de aplicaciones del tipo “Cell Tracker” destinadas a robar información de terceros. Este tipo de aplicaciones tienen una tara, es necesario tener acceso al dispositivo móvil de la persona a la que esperas espiar y desbloquear la instalación de la aplicación. El móvil entendido como una posesión común de ambos miembros de la pareja convierte esta traba en un punto a favor del espía.

La lucha contra el ciberespionaje[2] se ha convertido en el orden del día del Instituto Nacional de Ciberseguridad en España (INC) que ha desarrollado una aplicación, Conan Mobile que facilita el acceso al 80–90% de la dimensión oculta del teléfono móvil, es decir, aquellas aplicaciones que pueden consultar tu ubicación, mensajes o lista de contactos sin informarte sobre ello. A nivel penal, España también ha mostrado un interés regulatorio en los últimos años. Numerosos hombres han sido condenados desde 2007 bajo penas de entre 1 y cuatro años tipificadas en el código penal como “delitos contra la intimidad”. Dentro de estos delitos se encuentra recogido el acceso a correos electrónicos, escuchas telefónicas, información del puesto de trabajo o secretos profesionales.

Esta regularización, básica a nuestro juicio, olvida los más recientes aspectos del ciberespionaje como la suplantación de la personalidad en mensajería instantánea y redes sociales o la transpersonalización.

El peligro de la brecha digital

La brecha digital de género es un concepto muy estudiado en los últimos años, regula la capacidad de acceso a internet de los hombres y las mujeres. Si bien es cierto que, en el entorno occidental, hablar de brecha digital de género en términos de acceso ha perdido prácticamente la vigencia: son numerosos los estudios que afirman que el acceso a internet entre los 16 y los 24 años es idéntico entre hombres y mujeres, la primera brecha digital de género está prácticamente superada, y esto es un evidente avance. Cabe mencionar, aún así, que la brecha es más acusada a medida que aumenta la edad de los usuarios siendo la diferencia más extrema en la brecha entre los 65 y los 74 años. Numerosos estudios afirman que en la mayoría de parejas de más de 60 años las mujeres tienen más probabilidades de pasar de una condición de relativa igualdad -a su congénere- a adoptar fácilmente el rol de cuidadora-enfermera una vez que al otro le empieza a fallar la salud. En la situación contraria, el hombre se desliga de las tareas de cuidado entendiendo que no está cualificado para ejercerlas. Es en este momento en que Internet se convierte en una herramienta de empoderamiento para los ancianos hombres. Esta diferenciación entre ambos géneros a nivel digital constituye una potencial exclusión social para las mujeres.

Citemos como ejemplo el proyecto de incorporación de las TICS en la tercera edad iniciado por Nielsen Norman Group en un centro de jubilados. El objetivo era crear una red social, una suerte de sede digital de dicho geriátrico. Esta red contendría las herramientas básicas que se ajustan a los saberes mínimos que debe tener un usuario internáutico. Los resultados del estudio fueron cuanto menos interesantes. Consta en las conclusiones que la mayoría de las mujeres rechazaban el uso de las tecnologías al considerar que, al carecer de estudios más allá de la educación primaria, no contaban con conocimientos suficientes para manejar la red. Esto es lo que se conoce como la segunda brecha digital de género, es decir, aquella ligada a las habilidades necesarias para manejar el contenido red, la reacción de las mujeres está relacionada a lo que entendemos como las habilidades percibidas, es decir, cómo nos juzgamos a nosotros mismos con respecto al manejo de una determinada herramienta (Cecilia Castaño Collado, 2007). Los hombres, salvo excepciones y al no contar con el impedimento de los estudios se mostraron abiertos y activos a la experiencia. Internet fue creado por un género y para un género. A día de hoy la mayor parte de las diferencias de acceso han sido salvadas gracias a la generalización de la educación, sin embargo, no debemos olvidar que las en muchas ocasiones complejas interfaces de la red suponen un bache insalvable para las ancianas de nuestra sociedad.

La brecha digital sigue siendo pertinente en otros aspectos como las descargas de Software y aplicaciones para el escritorio. Las mujeres mantienen unos porcentajes de participación muy reducidos en estos ámbitos. Por otro lado, las diferencias relacionadas con la participación en profesiones informáticas son cada vez más acusadas ¿Por qué? El mundo tecnológico, que por su característica democrática podría haber sido inclusivo desde un principio con las mujeres decidió tomar un camino distinto configurándose de una manera similar al mundo real, esto tiene una serie de implicaciones, una de ellas es que ciertas características morfológicas han hecho que las aplicaciones o los software sean más atractivos para los hombres que para las mujeres. El mercado de las aplicaciones cuenta con un 66% de clientela masculina frente a un 44% femenino. Las aplicaciones más consumidas por los hombres son aquellas de noticias y actualidad mientras que las más consumidas por las mujeres están relacionadas con el ocio y la salud.

De nuevo surgimiento es el concepto de “tercera brecha digital de género” que incluye, además del punto de vista cuantitativo, una nueva visión cualitativa del acceso a las redes sociales: ¿Qué consumimos?¿Qué compartimos?¿Qué uso hacemos de las aplicaciones descargadas?. Más allá de la capacidad de acceso lo importante es qué hacemos cuando usamos el ordenador. Son numerosos los estudios que afirman que ellas se decantan por el consumo de actividades relevantes para el crecimiento económico y el bienestar social (salud, educación) así como por los contenidos culturales mientras que ellos prefieren el ocio, consumo lúdico, prensa y el deporte. La división sexual presente en el mundo físico parece transferirse a la realidad virtual (Cecilia Castaño,2007)

Si atendemos al gráfico anterior (Observatorio e-igualdad, 2007) de productos y servicios comprados por internet, podemos observar que las mujeres solo superan a sus congéneres masculinos en cuatro categorías: los productos para el hogar, la ropa, los alojamientos de vacaciones y las entradas de espectáculos. Es decir, las compras básicas femeninas tienen que ver con ámbitos como el cuidado del hogar, el ocio y la organización. El caso masculino destaca en el resto de categorías que podríamos dividir en: cuestiones técnicas (software ordenador, material informático, equipamiento electrónico, manuales de aprendizaje electrónico, compra de acciones o valores etc.) cuestiones culturales (videos o música) y ocio (loterías o apuestas)

En lo que respecta al uso de los servicios y la formación son las mujeres las que llevan la voz cantante en cualquiera de las tres categorías. Esto demuestra un claro interés del público femenino por su propia formación e independencia laboral. Los hombres, con su formación ya conquistada en el terreno público, no parecen prestar atención a este campo en el entorno web.

En cuanto al uso de servicios en el interior de internet los hombres vuelven a superar con creces a las mujeres haciendo un mayor uso que estas en las categorías de compra-venta de bienes y servicios así como banca electrónica.

Como podemos observar, si bien cada día resulta menos pertinente hablar de la brecha digital de acceso sí es oportuno y necesario continuar luchando contra las brechas de género más ocultas como es el caso de la tercera brecha de género.

El peligro de la lucha por los likes: las nuevas it girls

La batalla social que hace veinte años se libraba en la calle se ha trasladado al ámbito digital en el contexto de una generación nativa digital, esto significa en primera instancia la confusión de opinión por activismo: Twitter, Facebook y otras redes sociales consiguen generar una sensación de “actividad o activismo social”, es decir, la gente activa en las redes cree estar siendo activa también socialmente.

La segunda consecuencia de esta democratización de la opinión, y quizás la mas interesante de cara a este articulo, es la necesidad que conlleva internet de “tener una opinión” , es decir, carecer de una opinión sobre temas candentes o de moda te resta poder social. Por ejemplo, una mujer que trabaje en el sector del entretenimiento y de cara a un público se siente obligada a tener una opinión acerca, en este caso, del feminismo pues esto es lo que valorarán sus fans actualmente. Sin embargo, su opinión probablemente será cuestionada ya sea favorable o desfavorable al movimiento en cuestión. En estos términos se libra hoy en día la batalla por los likes.

Si analizamos como paradigma el caso de Beyoncé nos encontraremos con ciertos elementos curiosos que reafirman nuestra teoría. Beyoncé es una mujer de mediana edad, latina y con éxito según los cánones clásicos del concepto. Si analizamos sus redes sociales las comunicaciones feministas no comienzan hasta hace un año, de hecho, si estudiamos sus creaciones musicales podemos establecer una evolución : de temas radiofónicos y bailables centrados en el amor y en los hombres (2002, Crazy in love, Baby boy, Beautiful liar) a temas durante el último año de obvias intenciones activistas y feministas

(2015, Who run the world [Girls] o Flawless, escrita a partir del manifiesto feminista de una mujer nigeriana) . Este cambio nos indica que lo que antes era considerado sexy ahora ya no lo es, el feminismo “está de moda”.

Beyoncé, a partir de esta estrategia publicitaria redonda, se ha convertido en una de las artistas más cotizadas de la era actual situándose en la cuenta número cuatro con más seguidores en instagram. En este ejemplo convergen los tres factores mencionados anteriormente, es decir, el falso activismo, la necesidad de opinión y la atracción por los likes.

En un principio podría parecernos que el feminismo de likes es inofensivo, es más, podríamos llegar a pensar que embajadoras del feminismo como Beyoncé pueden ayudar rápidamente a extender el concepto y la concienciación. Sin embargo, es necesario continuar estudiando su ejemplo para ser conscientes de sus peligros. En su carrera por los likes, la artista americana creó hace escasos meses una línea de ropa tildada de “feminista”, Ivy Park . Rápidamente las redes se hicieron eco de la marca y en pocos días, toda famosa que se preciase hacía gala de su feminismo mediante una prenda de ropa de Beyoncé vía twitter, instagram etc. A los pocos días los medios publicaron la noticia de que Ivy Park tenía altos beneficios gracias a fábricas situadas en Sri Lanka donde las mujeres eran contratadas por menos de un dólar la hora. Esta noticia sufrió lo que en teoría de comunicación se denomina como La espiral del silencio (Elisabeth Noelle-Neumann, 1977)

La teoría del silencio define el mecanismo que permite captar los cambios en la opinión pública. Sus supuestos, brevemente resumidos, son los siguientes: las personas temen permanecer aisladas del entorno social y, por este motivo, prestan una atención continua a las opiniones y comportamiento, supuestos por la mayoría, que se producen a su alrededor. Dado que las personas gustan también de ser populares y aceptadas, se expresan de acuerdo con las opiniones y comportamientos mayoritarios.

Traduciendo la información anterior a este artículo, lo que pretende explicar Elisabeth Noelle-Neumann es que una vez generada la opinión predominante por parte de los círculos y las esferas de poder es muy difícil modificar esta opinión. En el contexto de la moda estos actores generadores de opinión son los diseñadores y los famosos, de manera que, si ellos deciden silenciar una información, como fue el caso de la anterior, prevalecerá la idea generalizada de que la línea de ropa, en este caso de Beyoncé, es una muestra de feminismo que no quedará manchada por la posterior información acerca de sus trabajadoras. Cuando personas y organizaciones que representan privilegio se reapropian del feminismo, este deja de ser el movimiento contestatario que en realidad es, y se convierte en una marca comercial.

El peligro de las revistas online y la rápida propagación por internet

“A los chicos no les gustan las chicas que montan escenitas. Les molan las chicas más bien tímidas, que sepan defender sus objetivos pero no aquellas que siempre se están quejando por todo y que les van las discusiones” Súper pop [3]

Las revistas aleccionadoras sobre lo que es ser mujer y cómo una de nosotras debería actuar no son un fenómeno de actualidad. Durante todo el siglo XX las mujeres hemos recibido pautas de comportamiento de revistas que, en un principio, únicamente trataban el tema de la moda. Hoy en día este tipo de magazines han comprendido el cambio de paradigma: no hace falta definir el término mujer, lo que es necesario es reconducir a aquellas mujeres que han decidido redirigir su camino hacia el feminismo.

Las revistas de moda de hoy tienen además una ventaja extra: la rápida propagación y el mayor alcance en términos de público. Tomemos como ejemplo a la revista de moda online Elle (UK), ésta lanzó una campaña para redefinir el concepto de feminismo convirtiéndolo en marca comercial bajo el presuntuoso título “Elle reinventa la marca del feminismo”. [4]En un principio publicaron un artículo en la edición online de noviembre de 2013, en él declaraban su interés por mantener una conversación con sus lectoras sobre lo que significaba para ellas el feminismo.

Inmediatamente después llevaron a cabo unas jornadas retransmitidas a través de su página web, a este evento fueron invitados varios grupos “feministas” que junto con empresas publicitarias decidieron “positivizar” una palabra con una gran carga negativa. Elle convirtió el feminismo en su temática de diciembre del 2013. Más de 130 millones de seguidoras alabaron el trabajo de la revista en internet. Muchas de estas fans incluso asistieron como invitadas a la gran manifestación organizada por Elle y Karl Lagerfeld (Chanel) en la que las modelos de esta marca desfilaban con pancartas feministas sin salirse de su habitual papel hierático.

En la revista online podemos ver una serie de videos que muestran las conclusiones finales de Elle, entre ellas el argumento principal de la campaña “la palabra feminismo es un término “heavy” cargado de demasiadas complicaciones históricas, las feministas se han empeñado en ser feas, no depilarse etc. Tenemos que convertir el concepto en algo más atractivo o femenino”. Lo que resulta más peligroso del modelo de Elle no son únicamente las ofensivas declaraciones que realizan sino el alcance y calado que tienen en adolescentes y mujeres de la sociedad actual. La versión inglesa de la revista tiene casi 6 millones de seguidores en Facebook. Elle, con sus proyectos, realiza un verdadero llamamiento a la acción a estas mujeres que desde una posición de privilegio económico y falta de conocimiento de campo son tentadas a rechazar el feminismo tradicional que nace y se desarrolla en la calle.

A nivel nacional los ejemplos de revistas de moda que se reapropian del término feminismo proliferan cada vez más. Magazines como Telva se pronuncian a favor de un feminismo reconvertido en moda. En con artículos como el publicado en junio del 2015, “Cómo ser feminista más allá de Femen o Pussy Riot” podemos leer reflexiones como esta:

“¿Son las cortísimas faldas y los pronunciados escotes de Beyoncé consecuencia del patriarcado o una forma más (e igualmente lícita) de reivindicarse como mujer? Soy una feminista de nuestro tiempo, respondía desde una publicación internacional. Y vaya que si lo es. Sin los aspavientos ni las estridencias (de los viejos feminismos, se entiende) , desde el escenario Beyoncé se ha llevado una porción del pastel mediático mayor que los topless de FEMEN y los conciertos improvisados de Pussy Riot juntos… y lo ha utilizado para reivindicarse. Pero, ¿por qué Beyoncé no ha sido reconocida aún, por el colectivo feminista, como un icono? ¿Su activismo exento de polémica y chirridos es, acaso, menos activismo? “

Esta revista, aunque con un alcance mucho menor que el de su congénere británica tiene también una versión online así como página en las principales redes sociales lo cual permite un feedback continuo por parte de sus seguidoras. En conclusión, la estrategia que están llevando las revistas online con respecto al feminismo tiene un carácter que podríamos incluso tildar de Transmedia: una táctica que hace buen uso de todas las herramientas para cambiar el concepto del feminismo y anular a aquellas mujeres que hacen su lucha en la calle.

Internet, una herramienta ambigua

Hablar de feminismo y no hablar de redes sociales es hoy en día un sinsentido: múltiples proyectos afines con esta corriente son impensables sin el papel de internet, desde revistas hasta aplicaciones que promueven el conocimiento abierto o colectivo. Sin embargo, hablar de Internet y obviar la tergiversación del discurso que esta herramienta produce es totalmente ilógico: las redes sociales amplían el público del feminismo, es cierto, pero a costa -en muchas ocasiones- de simplificar el discurso.

Como expone la introducción, este artículo no pretende criticar Internet sino que, entendiendo esta herramienta como útil e indispensable , busca identificar sus errores o fallos para poder atajarlos y seguir avanzando en la dirección de un entorno democrático, horizontal y plural.

WEBGRAFÍA

[1] (Gloria Bonder, desafíos del mundo real para la igualdad de mujeres y hombres)

[2] Guillén, Beatriz. ¿Llevas un espía en el bolsillo?. http://tecnologia.elpais.com/tecnologia/2016/02/08/actualidad/1454956468_133312.html

[3] http://www.pikaramagazine.com/2014/11/de-franco-a-superpop-ensenando-a-ser-mujer-por-los-siglos-de-los-siglos/

[4] http://www.elleuk.com/fashion/celebrity-style/articles/a2322/elle-rebrands-feminism/

[5] “Nuevas tecnologías de la comunicación y rearticulación de las relaciones de género: emergencia, expresión y gestión de los conflictos en la pareja” Ministerio Ciencia e Innovación, 2009‐2011, con Elena Casado, Rubén Blanco y Agustín Garcí

[6] Azzopardi, Chris. Annie Lenox on her legacy: Why Beyonce is Feminist Lite http://www.pridesource.com/article.html?article=68228

[7] Weidhase, Natalie. Beyonce feminism and the contestation of the black feminist body. http://www.tandfonline.com/doi/full/10.1080/19392397.2015.1005389

[8] Hammad, Hannah. Feminism and the contemporary celebrity culture. http://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/19392397.2015.1005382?journalCode=rcel20

[9] Read, Barbara. Britney, Beyoncé and me. http://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/09540251003674089

[10] Where the girls are: growing up female with the mass media. New York: Three Rivers Press.

[11] Cob, Shelley. Is this what a feminist look like? Male celebrity feminists and the postfeminist politics of equality http://www.tandfonline.com/doi/abs/10.1080/19392397.2015.1005405

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