Mártires del público

Esta mañana amanecía con un comunicado de prensa de DeAPlaneta que se desvinculaba de las declaraciones de Miren Gaztañaga en un programa de ETB en el que se tildaba a los españoles (entiéndase los “no vascos”) de catetos culturales. La intención de la distribuidora cinematográfica era la de paliar en lo posible los efectos del boicot anunciado a la película ‘El guardián invisible’, en la que la actriz interviene. Lo mejor es que el comunicado básicamente decía “no sabemos nada de esta loca”.

Quitemos lo absurdo que es rasgarnos las vestiduras porque alguien insulte nuestra inquietud cultural a la vez que nosotros hacemos lo propio con andaluces, murcianos… o incluso con catalanes y vascos. España es un país eminentemente clasista, en lo que tildamos de “catetada” todo lo que no esté en nuestros estándares culturales propios y en los que olvidamos que, fuera de las grandes ciudades, el acceso a gran parte de la oferta cultural que existe en el país es limitada, cuando no nula.

Esa lapidación pública se une (aunque queda como una nimiedad comparándola con las que expongo a continuación) a las dos que vivimos la semana pasada con los casos del espectáculo drag con la Virgen y Jesucristo y el autobús de Hazte Oír. La verdadera víctima no es el colectivo supuestamente ofendido y atacado, sino la falta de empatía que tenemos.

Con lo de la Virgen no es que sea un espectáculo, digamos, objetivamente obsceno… no se discute su valor artístico ni nada (como alguno ha comentado) si no que el problema reside en que puede herir la sensibilidad de los creyentes al ser una profanación. Sé que es un asunto que, si eres ateo/agnóstico o similar no se entiende, pero como católico no es plato nada agradable ver algo en lo que crees ultrajado.

Lo del autobús, por otro lado, es la representación con ruedas de lo fácil que es levantar ampollas cuando se cuestionan ideologías y realidades presentes y más o menos aceptadas en la sociedad que vivimos. Esta vez tocaba la perspectiva/estudio/ideología de género y, en concreto, la transexualidad.

La semana pasada vimos claramente cómo un mensaje/espectáculo/declaración es dañino dependiendo del colectivo afectado. Tan “anti-españolas” son las declaraciones de la actriz, como transfóbico el autobús y profano el espectáculo drag.