Alberto Arce
Jul 25, 2017 · 2 min read

Derecho a la hospitalidad.

Le hemos dado la vuelta a casi todo.

La hospitalidad se ha convertido en virtud. En algún obrar bien por voluntad propia que se ejercita y perfecciona. Que alude directamente al modo en que uno le abre las puertas de su casa a alguien. Sea al amigo, ahora, o al desconocido que viajaba y encontraba posada en las abadías en tiempos remotos. La hospitalidad es algo que se da. Nadie está obligado a nada. Algunos, dan. Son hospitalarios.

Y la palabra se usa hoy, sobre todo, para definir a la industria que gira en torno al intercambio económico de esa virtud. Hospitalidad es hoy la buena acogida o el recibimiento a los visitantes. A los que se atiende con intención de beneficio económico. Como tantos otros espacios de vida, la hospitalidad, hoy, sólo se entiende privatizada. Virtud, sí. Pero no para los cuidados -hospitalarios- sino para el lucro. En tiempos de AirBnB, recibimos en la propia casa, por supuesto. Como siempre se ha hecho. Sólo que ahora, se hace cobrando. Privatizando por dinero, y a otros, el último espacio de privacidad que nos quedaba: la propia cama, el cuarto propio.

Y no siempre fue así. La hospitalidad no siempre fue un modo, uno más, de buscar lucro. Pasó por todos los estadios.

Si ya desde los romanos, fue imposición, obligación de financiar al estado en sus campañas militares y se refería a la obligación de alojar soldados en propiedades privadas -práctica bien extendida hasta el siglo XX y la ocupación alemana de Francia- Kant la entendió desde el punto de vista del derecho de quien la recibe y no como virtud de quien la otorga, sea interesada o no.

La hospitalidad se entendió, entonces, allá por 1795, como un derecho. El derecho a viajar, a tener donde estar. A ser recibido y cuidado. No sólo eso. Con intención mayor aún. Como paso necesario y definitivo hacia la paz perpetua. Al cosmopolitismo. A lo contrario del particularismo reduccionista, de ombligo.

“El derecho de visita, que les corresponde a todos los seres humanos, de ofrecerse a la sociedad en virtud del derecho de propiedad común de la superficie de la tierra, sobre la que los hombres no se pueden extender infinitamente al tratarse de una superficie esférica, teniendo que soportarse finalmente unos a otros, pero no teniendo nadie más derecho de estar en un lugar de la tierra que cualquier otro”.

El mundo al revés. Demagogia. Populismo. Kant.

Derecho de los refugiados y migrantes a serlo y estar.

Welcome to a place where words matter. On Medium, smart voices and original ideas take center stage - with no ads in sight. Watch
Follow all the topics you care about, and we’ll deliver the best stories for you to your homepage and inbox. Explore
Get unlimited access to the best stories on Medium — and support writers while you’re at it. Just $5/month. Upgrade