La cópula no es sexo

El llamado es a subvertir las relaciones sexuales. Sin rodeos, debemos empezar a imaginar una nueva sexualidad emancipadora y alejada de los cánones tradicionales respecto a la vivencia íntima. Nuestra capacidad creativa de novedad no debe agotarse en la mercancía. A esto me refiero, con las cosas presentadas ante los individuos para su consumo o deleite. Sino que nuestra imaginación debe invadir esos espacios pudorosos y recónditos de transpersonalidad.

Podemos usar ciertos tipos de vestimentas, adornar los perfiles de “facebook” con imágenes o, incluso, hablar y actuar de cierta forma con otros. Pero en el terreno de la intimidad sexual eso parece ser la excepción. La hegemonía conservadora respecto al sexo no ha hecho más que trivializarlo y reducirlo a la mera genitalidad. La relación sexual está centralizada en la penetración y, ahora que somos un poco más liberales, en el deleite que comienzan a descubrir parejas en los genitales de ambos. Sin embargo, la relación sexual sigue siendo cópula.

La relación sexual que emancipa y creadora de nuevos placeres es tremendamente imaginativa. Transporta el placer desde las entrepiernas y lo deposita en la cabeza, los brazos, los muslos, las manos, los ojos, la boca, el ano, la ropa, las palabras y en el cuerpo, en su finitud vulnerada por la cópula misma. La creación de nuevos placeres y una nueva sexualidad es una lucha política por acabar con los discursos normalizadores y represores de lo “perverso” que todos tenemos en nuestra infinita diversidad.

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