Crónica de vino y fútbol

El cuerpo ensangrentado de Marianín lo descubrió nuestro delantero Javi Gómez cuando el autobús estaba a punto de entrar a la ciudad deportiva del Sporting de Gijón, Mareo, aquel miércoles 15 de octubre, un miércoles como otro cualquiera de no ser porque esa noche tocaban sueños de Copa del Rey en Oviedo para el Universidad Católica de Murcia Club de Fútbol.
Alguien sentado en la parte de atrás del autobús pidió a Juan, el conductor, que detuviese el vehículo, pues había un hombre que no se movía en el suelo, en la entrada del aparcamiento de un chalé situado justo enfrente de Mareo.
Las puertas del autobús se abrieron y varios futbolistas, acompañados por Javi, el fisioterapeuta del equipo, corrieron en su ayuda. El resto permanecimos expectantes. “Parece que está muerto”, dijo alguien. “No se mueve y hay sangre”.
Los chavales que habían salido saltaban, en ese preciso instante, la valla que delimitaba la zona residencial con la carretera para socorrer a ese pobre hombre, que yacía en el húmedo asfalto junto a la puerta de un garaje y unos escalones.
El tumulto llamó la atención de varios miembros del personal de Mareo, así como de los vecinos, que salieron de sus casas con mantas. “Es Marianín”, sentenció uno de los trabajadores del Sporting de Gijón, dándonos a entender que no solo era conocido en la zona, sino que además no era la primera vez que aparecía en el suelo.
Marianín (nombre ficticio) es un hombre que vive en las inmediaciones de la ciudad deportiva del club asturiano. Cabe destacar que Mareo está rodeado por un entorno natural precioso, repleto de verde y de casas de campo. En una de ellas vive este anciano vecino, endeble como el tallo de un junco y, al parecer, con un amor inconcebible por el buen beber.
“Desayuna dos vasos de sidra llenos hasta arriba de vino. Luego come y se bebe una botella. Por la tarde, en el bar, otros dos vasos más lo que tome con la cena. Así acaba algunas noches”, nos contó, resignado, un trabajador del Sporting.
Al cabo de unos larguísimos minutos, supimos que Marianín estaba vivo. Efectivamente, llegó borracho la noche anterior, tropezó en un complicado regate a sí mismo y se cayó al suelo, golpeándose en la cabeza. Había dormido toda la noche allí, inconsciente y con una pequeña brecha en la cabeza. Milagrosamente, parecía estar bien.
“No es la primera vez que alguien lo encuentra en un estado parecido”, nos dijo el trabajador mientras encendía un cigarrillo.
A Marianín se lo llevó la ambulancia después de despertarse y de protestar por no dejarle marchar a casa. Los jugadores que le habían atendido volvieron a Mareo y dio comienzo el último entrenamiento antes del partido de Copa del Rey ante el Real Oviedo.
Publicado originalmente en albertoespinosalopez.blogspot.com.es.