La hora de las navajas


Marzo es el mes en el que el invierno comienza a meterse en la cueva para hibernar hasta el próximo diciembre. Marzo es el mes en el que paso más tiempo con el pañuelo en la mano y con el polen en la nariz que el resto del año. Marzo es el mes en el que llega la primavera, el sol y las flores. Marzo es muchas cosas, pero no es un mes futbolero. No se deciden ligas (salvo casos contados, como el del Supebayerndemunich de Supeguardiola), ni copas, ni lo que es más importante: ascensos o descensos. Marzo no es, ni mucho menos, un mes que recordemos por aquellas finales que repartieron lágrimas y sonrisas salomónicamente, ni por los goles decisivos. Marzo es una transición tediosa, un mes dormitorio entre el verdadero invierno y la verdadera primavera, un ni fu ni fa de manual. Como principal mérito de este mes de marzo de 2014 que ya se nos escapa otra vez como si fuera Diego Costa, resalta la confirmación de una duda convertida en ilusión: esta liga es una liga de tres. La polaridad del fútbol en España ha quedado reducida a escombros por un equipo que ha hecho del sabor a sangre un leitmotiv para seguir creyendo en un imposible. Y mientras, el Barça despierta tambaleándose con la confusión de Rosell, Martino, Neymar y Messi como lastres; y el Madrid tropieza víctima de su propia certidumbre y autocomplacencia. La vida, y no el Sevilla, ni siquiera Undiano; puso al Real Madrid en una situación en la que no pensaba volver a verse en muchos meses. Ante su orgullosa faz, el destino irguió una montaña con olor a Feria y a manzanilla que fueron incapaces de mover. En la trinchera, ante un enemigo con los ojos inyectados en sangre que iba a apuñalarles en cuanto aprovechasen para respirar, los de Ancelotti no supieron qué hacer. Maniatados por su propia inoperancia, frustrados ante el error y la fogosidad del rival, acabaron prefiriendo la muerte, que es más cómoda que la redención. Mientras tanto, el Barça ganaba al Celta y perdía a Valdés para siempre. Ante una versión reducida de sí mismo, el equipo de Martino no pudo más que disfrutar de saberse mejor, el original. Sin embargo, ya ha quedado demostrado en alguna ocasión que, cuando tiñen las campanas y el enemigo se esconde en la esquina con un punzón, no es el altivo campeón de campeones, el invencible golem de piedra que antaño adivinaba quién había más allá de cualquier saliente. Y la muerte acecha en cada esquina. Así pues, parece claro que en el fútbol, como en la guerra, gana el que mejor mata en el cuerpo a cuerpo. El que enseñó a los demás que la victoria es una consecuencia, que el esfuerzo y el trabajo no se negocian y que la crueldad es una virtud cuando llega la hora de las navajas. El Atleti es líder en solitario. Y ya estamos en abril.


Originally published at albertoespinosalopez.blogspot.com.es.