La matanza de San Valentín: historias de la Cosa Nostra


En la Chicago de 1924, Dion O’Banion, el conocido irlandés propietario de la floristería del 738 de North State Street, mantenía una serie de disputas con los hermanos Genna, seis sicilianos que se habían hecho a sí mismos en Little Italy ejerciendo como matones de algunos políticos. John Torrio, un gángster con trazas de empresario que había abierto una sala de billar de muy joven para llevar a cabo usuras y apuestas, quiso mediar en el conflicto ofreciéndole a O’Banion comprarle la cervecería que mantenía, siempre y cuando el irlandés se marchara de la ciudad. Este aceptó de buen grado, pues sabía que, apenas unos días después, la policía iba a llevar a cabo una redada en el local. Aquel negocio seguro se convirtió en un grave problema para Torrio gracias a la jugarreta de O’Banion.

El irlandés se había reído en su cara, pero la afrenta a Torrio no iba a durar mucho tiempo. Una terrible venganza se estaba fraguando, mayor si cabe después de que el italoamericano se enterase de la muerte de Mike Merlo, su hombre de confianza, a manos de los secuaces de O’Banion. Torrio, en simposio con su nueva mano derecha, su pupilo y hasta entonces desconocido Al Capone, decidió que era hora de matar al irlandés.

En noviembre de 1924, los pistoleros Giovanni Scalise, Alberto Anselmi, Mike Genna y probablemente Frankie Uale descerrajaron seis balas en el cuerpo de Dion O’Banion, que murió en el acto. En su funeral, veintiséis furgonetas portaron flores por valor de 50.000 dólares.

Aquella venganza conllevó un aumento de las hostilidades entre las dos familias. Así, el sustituto de O’Banion, Bugs Moran, intentó sin éxito en varias ocasiones acabar con la vida de Al Capone, que había asumido el control de la banda después de que John Torrio decidiera que tenía que alejarse de Chicago si no quería acabar como su enemigo irlandés.

Cinco años y varios intentos de asesinato después, Al Capone se dio cuenta de que su vida no dejaría de correr peligro hasta que descabezase a la familia rival, así que comenzó a planear el asesinato de Bugs Moran.

La mañana del 14 de febrero de 1929, estando James Clark, cuñado de Moran; Adam Meyer, John May, Al Weinshank, los hermanos Gusenburg, Frank y Pete; y el doctor Reinhardt Schwimmer esperando un cargamento de alcohol; una patrulla policial y un coche que no identificaron se detuvieron frente al almacén del 2122 de la calle North Clark. Algo iba mal, pues Bugs Moran había sobornado al cuerpo de policía para que les dejaran trabajar libremente aquel día.

De ambos coches se bajaron cinco hombres, que haciendo gala de sus placas y sus armas, obligaron a los gángsteres a ponerse contra la pared para efectuar una orden de cacheo. Moran, que se había retrasado por parar a comprar tabaco, llegó a la calle y, viendo que frente al almacén había un coche de la policía, continuó hasta una cafetería a esperar los acontecimientos.

Dos minutos después, a las 10:30h, una ráfaga de metralleta sobresaltó a los vecinos de la calle North Clark. Inmovilizados y desarmados, los gángsteres de Bugs Moran que pensaban estar siendo detenidos por la policía fueron cruelmente asesinados por cinco hombres ataviados con trajes de policía que, en realidad, eran hombres de Al Capone. Uno de ellos era, sin ir más lejos, el legendario pistolero de la Mafia, Jack ‘Machine Gun’ McGurn. Días más tarde, inquirido por la policía, declaró que esa mañana estaba con su novia. Al Capone se defendió afirmando que estaba en Miami. Paradójicamente, aquella matanza, que acto seguido se convirtió en un importante evento mediático, significó el fin de la carrera de Al Capone, pues por vez primera dejó a un lado su apariencia carismática para dar paso a su perfil más vil y cruel. A pesar de que nunca lo pudieron culpar de nada y de que se apoderó del mercado del alcohol en plena Ley Seca, su carrera cayó en picado. En 1931 fue acusado de evasión de impuestos y condenado a once años de prisión. Por su parte, Bugs Moran nunca se recuperó del golpe. La pérdida de sus hombres de confianza lastró su organización, que nunca pudo volver a hacer frente a la de Al Capone. Murió en 1957, víctima de un cáncer.


Originally published at albertoespinosalopez.blogspot.com.es.