Puntos de inflexión

Este texto es, casi obligadamente o por derecho de piso, un gracias a todas esas personas que han estado conmigo estos últimos meses y en particular, las semanas pasadas desde mi último texto, hace 20 días.

Ha sido difícil. Creo que de todas las pruebas que he pasado por la vida, la conjunción de los factores que me llevaron tocar piso esta vez y su resultado es la única cosa que nunca preví, ni pensé que pasaría, luego de tanto. Pero así nos van pasando las cosas que nos cambian. De sorpresa y sin agarrarnos confesados dice mi abuelita. Nos toman por detrás y nos recuerdan que la vida es un constante cambio, aunque estemos felices o cómodos en un lugar que pensamos como nuestro destino. Llega un momento en el que toda persona sabe que no puede seguir siendo quien cree ser y toma valor suficiente para crecer y cambiar, en consecuencia, su realidad y su destino.

A estas partes de la vida, que me recuerdan como siempre una frase extraordinaria:

Hay tres cosas que nadie puede olvidar: pasar hambre, no tener dinero en la bolsa y un corazón roto.

me gusta llamarles puntos de inflexión.

Los matemáticos saben que “un punto de inflexión, en una función, es un punto donde los valores de una función continua x pasan de un tipo de concavidad a otra”. De manera simple, es ese momento sobre una linea en que ésta cambia sentido. Si lo aplicamos a la vida, son esos momentos en que nuestro rumbo y caminar toma una dirección diferente.

La cosa va así: hay que suponer que la vida es como una gráfica. Si estuviéramos ocupando una función para representarla, podríamos cambiar cualquier variable y entonces la gráfica cambiaría. De hecho, esa lección nos dice que incluso colocar un punto, un signo o simplemente un número más puede cambiar la imagen por completo. Por lo general, utilizamos gráficas que siguen un sentido que nos gusta o nos hace sentirnos cómodos. De pronto, algo cambia. Hay un elemento que está fuera de nuestro control. Y la gráfica se mueve hacia un cuadrante que ni siquiera pensamos tocar antes. Pero ahí estamos. Estos cambios pueden ser graduales o momentáneos y existen como la única constante que podremos tener en todo el viaje. Siguiendo la analogía, podemos corregir la función de nuevo y volver hacia la forma original que teníamos para la gráfica pero ésta nunca volverá a ser como la pensamos. Ahora es diferente y tiene ahí un punto de inflexión que no elegimos pero que le dio esa cualidad de no ser perfecta. Al final, la decisión de recalar o no sobre ese punto es personal y es, según cada individuo, importante o no para tomar la siguiente decisión.

Yo sé, yo sé. ¿Qué clase de explicación es esta? Pues bien, en estos meses y en especial estos últimos días llenos de cambios, entendí que no todas las personas tienen la bendición de tener puntos de inflexión que den sentido a sus vidas. Ese es el secreto. Vivimos rodeados de un mundo que condena el ser diferentes por tener estos puntos, porque la gran mayoría nunca los ha tenido. O, por el contrario, los tiene y decide que es mejor dejarse llevar por ellos que alzar la mano y darle sentido a lo que quiere. De esta forma, las personas con una visión diferente de la vida son muchas veces relegadas. Y yo digo que es momento de detener esto.

Es momento de empezar a ser conscientes de estos momentos y su importancia. Es momento de ver que los puntos de inflexión en una vida son bendiciones que nos enseñan y nos prueban de qué somos capaces. Son momentos de construcción, de dolor y de esperanza. Son escenarios de perdón que nos hacen sabernos humanos y que nos hacen tomar decisiones sobre nuestras convicciones. Son momentos que nos vuelven fuertes. Yo lo sé. Aún ahora, luego de tanto, sigo creyendo que vale la pena tender la mano a quien lo necesita y nunca me cansaré de hacerlo. Porque, querido lector, hay puntos de inflexión que nunca se olvidan. Y eso es increíble. Porque esos puntos, al igual que nuestro origen, no definen nuestro camino. Están ahí para enseñarnos el camino, aunque duelan. Y quiero recordarte que el dolor es una cosa maravillosa que nos recuerda que estamos vivos y que podemos sentir. Sentir como todo se conecta y como todo lo que aprendimos nos es útil mucho tiempo después.

La vida recompensa a los valientes de maneras muy curiosas. Con eso me quedo.

Gracias, pues, a mi familia y amigos. Esta va por ustedes. Por tanto.

@inspirandoando

La vida es cambio. Fotografía tomada por Saida G. Navarro en Mty.