La ineficiencia del Sistema Penitenciario mexicano
Celdas de una cárcel

Las cárceles en México no sirven así como el sistema de justicia mexicano. Las fallas son el resultado del corrupto sistema de procuración de justicia, ya que por un lado se violan los derechos humanos de la gente inocente que no puede salir, y del otro, existe el gran negocio entre reos con poder y privilegios de protección, donde la venta de droga y la prostitución sobresalen.

La crisis ya es un hecho y es alarmante.

De acuerdo con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) y su informe “Diagnóstico Nacional de Supervisión Penitenciaria del 2016”, de los 66 centros que se visitaron, no existieron inspecciones en los ingresos de visitas personales, no hubo seguridad, y una de las consecuencias es que la entrada de los teléfonos celulares aumentó, que en varios casos eran utilizados para llamadas de extorsión.

Los números en la calificación de los más de 130 penales estatales son terribles, ya que en el diagnóstico de la CNDH en una escala del 1 al 10, su calificación total fue de 6.27, apenas superó la de 2015 con 6.21. La realidad es que las prisiones son vulnerables, que se quiebran con facilidad. En las cárceles, existen deficiencias higiénicas y una mala calidad de alimentación; además, hay sobre-población, ya que los reos ocupan una celda con 30 personas cuando son aptas para cuatro.

¿Dónde quedó el control? No lo sabemos. Hoy en día estamos seguros que adentro de las prisiones opera el lado oscuro de la sociedad, que arrastra la ineptitud con toda su elegancia, donde no existe el interés en readaptar a la gente, sólo unos cuantos lograrán salir de ese infierno. A los reos, se les dan unos años de castigo y luego son libres, extasiados y ansiosos para volver a cometer crímenes.

De acuerdo con la Constitución, el objetivo del Sistema Penitenciario es que los enjuiciados recapaciten y no vuelvan a cometer actos delictivos; no obstante, se contradice a los derechos humanos, ya que las personas inocentes que no son liberadas no tienen con qué ayudarse, porque no cuentan con los “recursos” necesarios para ser libres, mientras que a los presos no se les recapacita y cuentan con una sentencia pequeña. ¿Se cumple con el sistema penitenciario?, no.

La incapacidad del gobierno para tener una autoridad en las prisiones demuestra la crisis del poder, de la clase política, que no saben hacer un sistema favorable que readapte las cárceles en México, por el bien de la sociedad. En lugar de eso, el sistema penitenciario del país solo corrompe a la autoridad; los criminales ya no le temen a la ley.

Un ejemplo de la gente élite de las cárceles, es “El Chapo”, que durante mucho tiempo desnudó la corrupción de las prisiones mexicanas, y aunque se supo, las autoridades no hicieron nada por cambiarlo. Se necesitan acciones inmediatas para modificar el Estado de Derecho, para trabajar en una Ley Penal eficiente, que sí tenga la readaptación social y el enjuiciamiento justo hacia los criminales.