Train bound for infinity (I)

No sé dónde ni cuándo será la próxima parada de este tren. Tampoco me importa, puesto que todas y cada una de ellas son nuevas y, sobre todo, sorprendentes. Creo recordar las últimas: la primera colonia estable en el espacio; el antiguo Egipto, cuando las pirámides no eran más que proyectos; la grandiosa ciudad de Mohenjo-Daro, antes de que las arenas del tiempo se la llevaran; Braavos y sus mil islas, hogar del Titán.
Creo acordarme de visitar también Ankh-Morpork, e incluso es posible que Cair Paravel haya recibido una visita del Tren al Infinito.

He viajado por innumerables mundos, pero aun así no he encontrado lo que busco, la respuesta última a la Primera Pregunta. Unos hablan de dioses, de leones gigantes. Otros, de huevos que eclosionan, de niños mágicos de los bosques. Mi preferida es una leyenda que habla de una Música Primigenia, cantada por un tal Eru y sus Ainur.

También he visto islas de seis lados en mundos con seis dioses, mis ojos han visto ciudades muy adelantadas a mi tiempo: he visto ciudades de ordenadores, urbes de robots, metal y cristal, cúpulas gigantes y mundos vacíos, asolados por el sol.

He visto el inicio de todo, y veré el final de todo, y lo que hay más allá.

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