YouTubers y el negocio multimillonario

El entretenimiento de hoy en día está en Internet. La televisión, la radio, los medios impresos y hasta la cinematografía han caído ante la omnipotencia de la red, obligadas a sobrevivir adaptándose a sus condiciones y abrirse espacio en un sitio web que hace apenas 23 años era utilizado únicamente en el ámbito académico en México y Latinoamérica.

La red marca la forma en que trabaja y se comunica el mundo, la manera en que se informa y los contenidos que consumes diariamente. Hoy en día los programas de televisión enfrentan una crisis ante las posibilidades de expresión que Internet ofrece a cualquiera, siempre y cuando tengas una conexión a la red y un dispositivo para navegar en ella.

Entre todos los fenómenos que se viralizan sin explicación, existe uno capaz de mover a millones de jóvenes sin la publicidad de los medios tradicionales, generar opinión y llenar de referentes culturales a los millennials en su eterna búsqueda por encontrar una identidad propia. Se trata de los YouTubers, hombres y mujeres menores de 30 años que mantienen una cuenta en la página más popular de vídeos y no sólo la utilizan para expresar sus inquietudes, opiniones, chistes y habilidades a la cámara, también para subsistir y en algunos casos, generar ganancias multimillonarias.

Los YouTubers nacieron en 2011, cuando Google puso en marcha una estrategia comercial llamada “YouTube Partner”. A través de YouTube, todos los aficionados creadores de contenido original que participaban de forma activa en la comunidad, tuvieron la oportunidad de monetizar su canal y con ello percibir parte de los ingresos que gana Google por su concepto de publicidad.

A partir de entonces, la aventura de compartir cualquier cosa frente a la cámara y subir el video a YouTube se transformó en una actividad altamente lucrativa, que ofrecía tantas posibilidades de negocio como anunciantes en la web. De inmediato, cientos de jóvenes comenzaron a cumplir con las reglas que Google condiciona para monetizar un video.

Desde entonces, la fama de distintos YouTubers creció como la espuma ante un público por encontrar algún rasgo de pertenencia o identidad. El formato de los videos originales era aceptable por toda clase de público, especialmente los millennials; mirar a la cámara contando situaciones de la vida cotidiana con un toque de humor o bien, demostrando habilidades como destreza en la cocina, consejos de belleza personal o sketches de humor ha sido una práctica común.

Independientemente de la calidad del contenido y los temas que tocan, el éxito en números de estos videobloggers es incuestionable. Millones de reproducciones diarias que no sólo se convierten en ingresos, también generan nuevas oportunidades de negocios y de paso, les brindan la posibilidad de entrar de lleno al mundo de los líderes de opinión.

El salto a la fama vía YouTube abre un mundo de posibilidades que aparecen para una personalidad reconocida entre un sector activo de la población. Los libros, campañas de publicidad y negocios ajenos aumentan aún más la popularidad de estas estrellas que no nacieron en televisión, ni en el cine; sino como resultado de la atracción de un gran público de los canales típicos de entretenimiento y el proyecto publicitario de Google para YouTube.