Sueños de una noche sin pachecos.

Yo vi justo cuando la niña cayó desde un sexto piso. La empujó otra, no tengo idea del por qué, ni quién era, creo que a lo mucho recuerdo poco su cara. No vi exactamente como cayó al suelo, pero escuché perfectamente el crujido del cráneo splashear contra el suelo y el escandaloso sonido de las ambulancias.

Al llegar al hospital, pregunté por la niña. No sabía cómo se llamaba pero la enfermera supo llevarme perfectamente al lugar donde estaba. Y al entrar no era una niña, era mi madre que estaba herida en un cama. Después de un rato de intentar saber qué había pasado, platicamos por horas pero un nuevo problema se estaba aproximando.

Apareció por una puerta, un juguete tipo perro de plástico, tenía llantas, era verde y parecía un carrito inofensivo hasta que comenzó a corretear a todos los que estábamos ahí. Y una vez que te alcanzaba, te atacaba y comenzaba a comerte de una forma terrible entre cómico por ser un juguete y horroroso porque los gritos no podían calmarse. De cierta forma era impactante verlo y un círculo visual en mi cabeza que no podía dejar de ver. En loop infinito comiendo y armándose como legos entrelazados para crear otra forma viviente, entre zombi, humano y gritos. Era el fin de tu forma humana y yo supongo que eso ha de doler. Al pasar el caos te convertías en una versión plus de este ser, haciendo que tu parte pudiera modificar su forma y ahora era tu esencia la que intentaba manejar el animal plastificado y raro. Al parecer era insaciable estar ahí dentro de esta estructura de animal de plástico, porque cada que reaccionaba y pasaba el momento de entender que ahora eras juguete raro y sin comer, una vez sabiéndolo parecía que un hambre insaciable los llenaba de la llantas a la cabeza y comenzaba de nueva cuenta a perseguir a los presentes para buscar su próxima víctima.

7 personas pasaron, personas que yo quería y amaba. Mi madre ya no estaba, seguro la comieron mucho antes de que pudiera contar. Y el último en ser parte juguete hambriento raro era un conocido, al que convencí en dejar de comer y ser mascota de una chica muy alcohólica donde seguro podía beber y pasar bien el resto de sus vidas, sin necesidad de irse en un impulso de hambre, como los otros.

A lo que me dijo el ente: tienes razón, ella pistea mucho.

Y ya eso fue lo que soñé.

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