“11224"

2 DE JULIO DE 1942

¿Vale la pena vivir sin tener una vida? ¡Qué suerte la mía! Hace apenas un mes que salió a la luz la noticia de que otro nuevo campo de concentración había abierto, aquí, en Sobibor. Hace apenas un mes que, junto con mi familia (la cual tengo el mismo tiempo sin ver) miles de personas decidimos encontrar en cada detalle una esperanza, un motivo para sobrevivir. Y hoy, al escribir al lado de la reja de este campo de concentración, dicha esperanza se desvanece.

Guilad, según mi acta de nacimiento u 11224 según mi destino, un número sin esperanza.

3 DE JULIO

No sé cómo es esto de escribir un diario pero decidí empezar a hacerlo para dar,e cuenta que no estoy loco, de que mi realidad es esta y para hacer constar que hoy, estando junto a otros judíos (mayormente judíos soviéticos capturados en el Frente del Este), prisioneros de guerra y gitanos, hay alguien que puede entender lo que es estar muerto en vida.

Nunca olvidaré esa noche, la primera noche en el campo, la cual convirtió mi vida en una larga noche, siete veces maldecida y siete veces sellada. Nunca olvidaré aquel humo. Nunca olvidaré las caras pequeñas de los niños, cuyos cuerpos vi convertirse en espiral de humo bajo un silencioso cielo azul. Nunca olvidaré estas llamas que consumieron para siempre mi fe. Nunca olvidaré ese silencio nocturno el cual me privó, para toda la eternidad, del deseo de vivir. Nunca olvidaré aquellos momentos en los cuales asesinaron a mi Dios y mi alma y convirtieron mis sueños en polvo. Nunca olvidaré estas cosas, aunque esté condenado a vivir tanto como Dios mismo.

Durante el tiempo que llevo dentro, he podido sacar algunos datos que espero algún día me ayuden. Sobibor fue el segundo campo de exterminio dentro del marco de la Operación Reinhard, un plan implementado por el Jefe de las SS y de la Policía de Lublin para asesinar a los judíos del Gobierno General. Después de recorrer el campo por la reja pude percatarme que está construido al costado de la línea ferroviaria de Chelm-Wlodawa, en una región arbolada, pantanosa y poco poblada, lo cual les sirve de estrategia por si alguno de nosotros intentara escapar, en cuyo caso moriríamos de hambre (si es que no lo hacemos antes aquí)

5 DE JULIO

Franz Stangl. No tenía palabras para describir lo retorcida que alguien puede tener la mente hasta que este nombre apareció en mi día a día. “Comandante” es como le llaman muchos de los soldados que se encargan de verificar que trabajemos como lo debe de hacer un judío o raza impura como ellos nos llaman; “cobarde” es como lo llamo yo. Porque ¿de qué otra manera se le puede llamar a un “ser humano” cuyo trabajo es matar a otras personas?

Hoy me nombraron miembro del Sonderkommando o destacamento especial (grupos de prisioneros seleccionados que eran mantenidos con vida como mano de obra forzada) Mi primera labor de este día y la que constantemente realizaré por el resto de mi estancia en este infierno, será en el área de matanza retirando los cuerpos de las cámaras de gas y enterrando a las víctimas (o amigos como yo les llamo) en fosas comunes.

Fuera de lo anterior, mi día ha sido de lo más normal dentro de lo ahora posible.

10 DE AGOSTO

Mi nivel de cordura va en descenso. Hace 3 semanas han descubierto que algunos días escribía lo que vivía aquí y me han castigado diciendo que soy un peligro para la humanidad. ¿Quién es el verdadero peligro?

11 DE AGOSTO

Mis piernas empiezan a resentir los estragos de un mes de no dormir más de 30 minutos y si es que bien me iba. Llega un momento en que te cansas de despertar cada día para darte cuenta de que no estás viviendo, estás sobreviviendo. Muchas veces he estado a punto de darme por vencido pero en ese momento, mi mente es invadida por los recuerdos de mi hermosa familia; recuerdos que me hacen sentir motivado porque tengo que salir adelante por ellos, pero que por otro lado, hacen de mi mente un revoltijo de preguntas. ¿Están vivos? ¿Están bien? ¿Sabrán que sigo vivo? ¿Dónde están? ¿Qué es lo que sienten? ¿Viven en mejores condiciones que yo?

12 DE AGOSTO

Hoy me di cuenta de que hay destinos más crueles que otros, y que afortunadamente para mí y desafortunadamente para esos otros, el mío dentro de todo lo malo, no es el peor. 1005 es un número que desde hace un mes me ha sacudido la cabeza. Hoy sabré el nombre de la persona que se oculta detrás de ese número.

Aproximadamente a las 2 de la tarde, cuando el Sol está en todo su apogeo, mi cuerpo me pedía descanso y agua pero en el interior yo sabía que si seguía mis instintos corporales posiblemente no pasara la semana. Pude observar que 1005 se percató de mi cansancio. Seguí con mi trabajo, cargando cuerpos de seres humanos en cuyos rostros se podía notar dos cosas totalmente distintas:

1. Su cansancio, hambre, sufrimiento y desesperanza.

2. Paz, puesto que al fin podían descansar.

El soldado (O “Narkis”: narciso como son conocidos por todos nosotros) se sintió cansado de estar parado fumando y gritoneándonos, porque supongo que es una labor cansada, y se fue. En este momento mi compañero se acercó y de la manera más sutil empezó a hablar conmigo. Hablamos acerca de las labores que podemos tener en este lugar y de la que nos tocó desarrollar. Ambos coincidimos en que la manera en que nos organizaban era muy estratégica pero al mismo tiempo muy ilógica, puesto que otros prisioneros eran seleccionados para permanecer con vida por un tiempo y trabajaban en el área de administración y recepción, ayudando a las víctimas que llegaban a bajar del tren y quitarse sus ropas; sin embargo, de esta manera les daban la posibilidad de fortalecerse y después de estudiar durante un tiempo el sistema, si quisieran podrían revelarse. Pero el miedo es mayor.

La conversación se extendió por algunas horas, lo que ayudó a hacer mi día un poco mejor. La tranquilidad que este hombre poseía era tan irreal que no supe cómo reaccionar.

24 DE AGOSTO

Había olvidado casi por completo que hace unos días algunos fragmentos de mis días los empecé a plasmar en estas hojas. Dejé de hacerlo porque me di cuenta que en vez de lamentarme por lo que ahora me toca vivir, puedo ver algún lado positivo de las cosas.

1005 y yo hemos compartido momentos de pesar, de cansancio, de tristeza… pero aunque suene un poco raro también hemos compartido momentos de risa y alegría. Es esto algo positivo, encontrar dentro de la tormenta un rayo de luz que nos recuerde que todo cambia.

Al escribir a esta hora (1:34am) y en este día, puedo darme cuenta que mi actitud ha cambiado, lo cual mantiene mi esperanza firme en que también mi destino lo hará. Quisiera escribir todo lo que ha pasado a detalle pero considero que lo puedo resumir en pocas palabras: TENGO UN AMIGO.

17 DE OCTUBRE

Feliz cumpleaños para mí.

1943

1 DE FEBRERO

Después de algunos meses, mis días se han pasado de una manera menos pesada, pues en aquellos momentos en que el Narkis que nos cuida se va, 1005 y yo tratamos de olvidarnos un rato de que nuestra situación es que nos encontramos reclusos en un campo de concentración. Me doy cuenta que tenemos más de eso en común, pues ambos tenemos familia y a pesar de la diferencia de edades (calculo que tendrá unos 60 años y yo 37), nos entendemos a la perfección. He encontrado en él un apoyo, un amigo y un consejero.

24 DE MARZO

“Si no sabes por qué causa estás dispuesto a morir, entonces no saber para qué estás viviendo” me dijo 1005. Estallé en llanto.

18 DE ABRIL

Mi salud empeora, pues mi cuerpo y mi mente han dado el 101%. Casi ya no puedo escribir, los mejores momentos de la vida (y también los peores) están hechos para vivirlos.

15 DE OCTUBRE

No he dormido nada. Mis brazos duelen, mis piernas duelen, mi pecho duele. Los trabajos se han duplicado y he visto morir alrededor de 100 personas de hambre y cansancio en un solo día. Fuga del día de ayer: algunos prisioneros, organizados por Leon Feldhendler y por el capitán Alexander Pechersky (prisionero de guerra soviético apodado Sasha), planearon la fuga mediante la llamada Organización de la Resistencia.

16 DE OCTUBRE

Hace apenas unos minutos (3:19am), 1005 me despertó exaltado, su mirada penetrante me inquietó. En mis manos puso una carta y acto seguido me dijo: “yo ya sé por qué causa estoy dispuesto a morir”. Enseguida entraron 3 Narkis: uno me sujetó a mí y los otros dos se llevaron a 1005. ¡No sé qué está pasando!

Quien me tenía sujetado me soltó y se fue. Me dispuse a leer la carta.

En ella, 1005 me explicaba que había escuchado órdenes de acabar con todo lo que este campo de concentración tenía, objetos vivos y no vivos. Todo esto debido a la fuga de hace dos días. También describía la manera perfecta de huir a tiempo para poder rehacer mi vida. Me pedía perdón por no poder acompañarme, pero él sabía que lo habían visto y no iban a dejar cabos sueltos. Cabe mencionar que en este momento lloré como un niño pequeño. En esta carta, 1005 me pedía que algunos párrafos señalados los leyera una vez que estuviera fuera de este infierno.

Empecé a ejecutar el plan plasmado en la carta. Y… ¡LO LOGRÉ!

Tal como 1005 me lo había pedido, una vez fuera busqué un lugar para esconderme y mientras observaba cómo era destruido Sobibor, leí lo que algunas líneas señalaban:

“Nunca te dije mi nombre, pues me di cuenta de que una vez dentro de ese campo de concentración, eso resulta irrelevante. Mi nombre es Kariv, pero 1005 es como me voy a ir de este mundo y fue gracias a ese número que lo conocí a usted, Guilad. Y hoy mi causa por la que estoy dispuesto a morir tiene que ver con usted, conmigo, con nosotros. Pues el mayor regalo de la vida es la amistad y yo he recibido ese regalo estando a su lado”.