Mas polvo enamorado

Alejandra Eme Vázquez
Nov 1 · 6 min read

Pues es que al principio yo no supe ver que había un problema. Sí, David me avisó cuando se publicó, estaba muy emocionado, y ¿qué le dices? Lo que se les dice a los nietos, ¿no?, que qué brillante, qué orgullo, esas cosas. Me dio el libro, le puso una dedicatoria de toda la página, muy cariñosa, hasta lo hubiera pegado en el refri si se hubiera podido, porque eso es lo que yo hago. Y seguí en lo mío, en esos días me estaba recuperando de la operación de cataratas y no podía ni ver la tele, cuantimenos leer, entonces cuando me preguntaba en qué parte iba yo le decía que “apenas lo estaba empezando”.

Hasta que me habló Georgina, enojadísima. Que si había leído el libro de David y yo que por supuesto. Que si no estaba indignada y yo que no, para nada, ¿por qué? Y que se suelta, como cuarenta minutos. Ofendida es poco: jurando que el personaje de Regina estaba basado en ella y era insultante. In, sul, tan, te, así dijo. Y bueno, ahora que lo pienso… Re-gina, Geor-gina, ay, ese David como que no le pensó mucho, ¿verdad?, como que lo suyo no es la discreción. Ya luego leí y pues sí, el personaje se va a otra ciudad, como Georgina; nunca visita a su mamá, como Georgina; y nada más le llama para contarle chismes y quejarse. Como Georgina es bien necia, le prometí que iba a resolver eso. Y ahí me tienen. Primero le dije a Rebeca para que me ayudara a decirle a David, de perdida a Maricarmen, ¿pues creerán que no quiso? Ay, no, mamá, yo no le voy a seguir el juego a la loca de tu hija, y se encerró en su cuarto. Y luego con Maricarmen, muy tranquila yo, le hablé por teléfono y le empecé a platicar, como de ocurrencia: qué crees que me dijo tu hermana y ¡no, para qué quieren! Fúrica, se puso, casi me cita el artículo de la Constitución donde dice que David puede escribir de lo que sea, que tiene libertad de expresión y que no nos metamos. Ahí está que me dejaron de hablar tres hijas en lugar de una.

David al principio tenía esta cosa de que no me invitaba a sus presentaciones del libro, me platicó Rebeca que porque necesitaba tiempo para acostumbrarse a que yo estuviera, y la verdad me parecía bien, yo qué voy a andar haciendo en esos eventos. Pero fue cosa de que me invitara a la primera para que de pronto me convirtiera en un tema. Fue horrible, yo ni escuchaba bien por el ruido pero me daba cuenta de que David estaba hablando de mí porque me volteaba a ver mucho, y les juro que sentía todas las miradas encima. Al final se quedó ahí firmando libros y yo estaba sacando unas halls de mi bolsa, o mis lentes, no me acuerdo, y entonces volteo y de pies a boca: un muchacho. Todo lloroso. Señora, le quiero dar un abrazo. ¡Achis! Siento como que yo también soy su nieto. ¡Nooo, espérame tantito! Y le quiero regalar esto. Una flor de origami que hizo con el papelito que les dieron para escribir sus comentarios del libro. Pues sí le di el abrazo, pero primero un kleenex porque traía mi blusa que me dio Rebeca, la de brillitos, no me la fuera a llenar de mocos. ¿Pues no creerán que ya tenía formados como a siete escuincles que me querían abrazar también? Unos hasta traían el libro para que se los firmara yo. Les sonreí bien mona y les dije: ay, muchachos, qué pena, estoy muy cansada. Pero no deshacían la fila, al contrario, se iban formando más. Pero yo qué les voy a poner, si el libro es de mi nieto. Ya eran como quince. Bueno, pues les pongo mi firma, no les voy a hacer la grosería. Y me vieron como si fuera la mismísima virgen de Guadalupe bajando a hacerles un milagro.

Me acuerdo que regresando de ahí fue que dije: a ver, pues de qué se trata esto, y empecé a leerlo. Demasiado tarde. Como una semana después llegaron a merendar Maricarmen, David y Jazmín, y de repente que me dicen: préndele a la tele en el veintidós. Estaba el noticiero, todos bien atentos y yo no me animaba a preguntar exactamente qué estábamos viendo, hasta que media hora después apareció mi nieto en la pantalla, hablando del mentado libro. Y de su abuela, su gran amor en la vida. Así dijo. Primera noticia que tengo, o sea, sí sé que me quiere mucho pero tampoco ha sido el nieto más cercano, ni el más cariñoso. De Jazmín lo creería más, ella hasta vivió conmigo, pero su hermano siempre había guardado más distancia. Sí es cierto que de todos es al que más le gusta que le platique, pero no sabía que era para escribirlo, porque sí cuenta todo: de cuando las monjitas me enseñaron a leer, de cuando su abuelo y yo nos conocimos, ¡hasta de mi novio anterior! Y ya ven que no se le da eso de ocultar bien las identidades, con eso de Regina-Georgina, pues de pronto siento que es lavar la ropa sucia fuera de casa: es como dejar que cualquiera abra mi clóset y se entere hasta de lo que hay en mi cajón de los papeles, así se siente. Y bueno, de perdida si iba a escribir un libro de mí me hubiera preguntado si me sentía cómoda con el título, porque eso de Polvo serán como que está medio depresivo, ¿no?

La otra vez estábamos allá en la casa y les digo: el sábado quiero hacer un molito. Así, se me antojó, y se voltearon a ver todos con cara de mensos. Ah, porque en el capítulo tres, en la página cuarenta y ocho, segundo párrafo, Rosalinda, que se supone que soy yo (Rosario-Rosalinda, no, bueno, este muchacho necesita más mundo), bueno, ella dice todo un discurso sobre el mole, puras cosas que les he dicho yo, unas ni me acuerdo de dónde me las saqué. Yo he hecho mole toda la vida pero ahora es un asunto del libro, y así todo. Me chocan.

El colmo fue hoy en la mañana, que vamos Rebeca y yo al Sanborns y de pronto me grita: ¡mamá! Y era porque ya estaba el libro ahí vendiéndose, dios mío de mi vida, ¿a dónde vamos a parar? Mi mole, mis partos, mi Abelardo, mi cajón de los papeles. Me dice Rebeca: ay, imagínate cuando lo traduzcan, ¡Whaaaat! Polvo serán mis nervios si sigue de escritor revelación este muchachito. Nada más no le voy a decir nada porque no sabe lo que hace, de verdad. Él no va a tener nietos… Ya hijos no tuvo, yo creo su hermana tampoco, así que ni tío abuelo va a ser. Está bien difícil que se ponga en mi lugar, que sepa que una ya no está en edad de lidiar con tamañas visiones. Ay, es que el sentimiento encontrado. A veces también me da mucha ternura que desde que salió el libro hasta me visita más, me procura más, como si hubiera una cámara grabándolo día y noche para que demuestre que me quiere mucho. Que soy “el amor de su vida”, ya ven que dice, háganme el favor.

¿Y si se hace muy famoso, me va a llevar a vivir con él o qué?

Pues será el sereno, pero yo ya me compré mi libretita y llevo escritas cuatro páginas y media. ¿Cómo se le hará para que me publiquen en Sanborns, alguien tiene el número? Porque al paso que voy esta novela la termino en un mes. Está buenísima, no sé ni cómo se me ocurrió: se va a tratar trata de un chamaquito, todo menso el pobre, que vomita en todos lados y le tiene miedo a los tenis. Voy a contar todo, desde que nace hasta que es grande, de cuando a los ocho años se estrelló con una puerta de vidrio por correr a abrazar a su mamá en una plaza, de que trabajó dos meses como botarga del Doctor Simi y de la vez que confundió su vaso con el de la dentadura de su tía Lucía. Digo, Lucrecia. Lo que más me gusta es el título: Mas polvo enamorado, sí dan ganas de leer con ese título, ¿no? Y el protagonista es bien bruto, brutísimo, pero al final sí es buena gente. Se llama Da…niel.